04 diciembre, 2013

Espectros de Marx y el Hamlet de Derrida (II)

Hamlet y el Capital II
Derrida definirá a esa “cosa” que ocupa el lugar del rey, o a ese espectro, mediante tres caracteres o atributos: el duelo, el nombre que ocupa ese lugar y el espíritu del trabajo. Ahora hablaremos de los dos primeros para dejar el tercero (el trabajo) en suspenso. Sobre el tercer aspecto, Derrida se pregunta: “Pero ¿qué es el trabajo?, ¿qué es su concepto, si supone el espíritu del espíritu?[i].                                         
Derrida cuando habla del estado de duelo se refiere a un intento de “ontologizar los restos”, con el que trata de descubrir quién es el muerto y donde está enterrado. Hay pues primero, que tomar conciencia del deceso de esa razón dialéctica. Duelo de Hamlet por el rey o de Derrida por la dialéctica marxista: “Hamlet… exige saber a quién pertenece esa tumba. Nada sería peor, para el trabajo del duelo, que la confusión o la duda: es preciso saber quién está enterrado y dónde…”[ii].
Derrida habla de “repetición” como el estado ontológico de un acontecimiento, que es propio de lo fantasmal o más específicamente de lo espectral. El espacio de la repetición  es “la cuestión del acontecimiento como cuestión del fantasma: ¿qué es un fantasma?”. 

Creo que la aparición de lo espectral se presencializa como una huella dejada por el “trabajo” o por “la producción”. Es un indicio más que una presencia, una presencialización aparecida como un vacío dejado. Pero además de esa ausencia, lo espectral surge como repetición. Tenemos pues las dos condiciones pre-ontológicas sobre las que se da la aparición de lo espectral (y ni siquiera ya de lo fantasmal).
Ausencia y repetición, estas dos son las condiciones ontológicas de toda aparición espectral. En nuestro caso, esa ausencia remite al espacio-de-la financiación en la ontología del capital gaseoso. El espacio del contrato de deuda, se aparece o se comprende como presente cuando entendemos o pre-comprendemos, que ha habido un “trabajo ausente”. La pre-comprensión existenciaria de todo acto de deuda se da posteriormente a la ausencia, o por la huella dejada por el acto de producción. La desaparición del capital-trabajo del valor-trabajo permite pensar la deuda, como aparición espectral del capital. La ausencia del valor-trabajo permite la precomprensión existenciaria de la ontología del capital en tanto deuda, en tanto relación de préstamo a interés. Estoy haciendo una heideggarización derridiana de la espacialidad existenciaria del capital-deuda.
Por otro lado, o en un segundo estadio del capital espectral, es la repetición la que nos envía hasta el espacio-de-la financiarización. Es el espectro del capital en su estado de plasma electromagnético: el valor-como título de deuda en el mercado bursátil.
 Si la  ausencia es la condición de aparición del capital en el mercado financiero, de los tipos de interés; la repetición será la condición de aparición del capital en el mercado de los títulos de deuda. Ambos espacios ontológicos condicionan la doble forma espectral en que aparecerá el capital ficticio (de Marx): capital gaseoso y capital plasma. Financiación y financiarización.
Este capital ficticio tendrá entonces, una doble efectuación como espectro:
a) En la ausencia-del-trabajo, el capital espectral aparece bajo la forma de gas: en los mercados financieros a través de las tasas-de-interés y de sus primas de riesgo grafiadas por una mano temblorosa con párkinson (véase los métodos para calcular el valor de una inversión en términos de proceso browniano controlable o de los métodos estadísticos para prever una futura tasa de interés variable o la evolución de la primas de riesgo).
b) En la repetición o iteración , el capital espectral aparece bajo la forma de plasma: en los mercados financiarios o bolsas que mercadean con títulos y emisiones de deuda, y de productos derivados a través de una mano que llamamos: mano del niño-dios travieso (la que hace del mercado un niño insolente que se comporta mal, véase la teoría de Mandelbrot sobre el valor en los mercados financieros).
¿Cómo interpretar, aquello que dice Derrida, de este acontecimiento espectral? Que es virtual, que es inconsistente, que es como un simulacro, que no hay ya oposición que se sostenga entre la cosa misma y su simulacro.
Pues al desaparecer la conciencia de representación del sujeto que pone valor al objeto, que representa la realidad en tal o cual teoría metafísica, desaparece también la posibilidad de usar la teoría del valor objetivista y también la posibilidad de usar la teoría del valor subjetivista. El valor aparece ahora como probabilidad calculable por un modelo de simulación. Baudrillard, será más preciso que Derrida, ya que nos aportará una teoría del simulacro: habría un simulacro de tercer orden (valor del capital como interés financiero) y otro último de cuarto orden (capital como valor volátil del título de deuda)[iii].
Pero por qué Derrida dice, como otros (Deleuze o Baudrillard), que el acontecimiento está definido por el hecho de componerse de singularidades. Pienso que es precisamente la singularidad lo que define la curva o el acontecimiento del valor. El acontecimiento es un devenir y el devenir es un función en el espacio. La que aquí nos corresponde, es la función de la tasa de interés en el tiempo. O la de cualquier trayectoria expresada en términos de cocientes diferenciales, dándonos toda una teoría de las funciones a partir de sus puntos singulares (máximos, mínimos, puntos de discontinuidad, puntos de inflexión). Aquí en este espacio, no hay lugar para la representación idealista que dé lugar a una teoría objetivista del valor, ni tampoco para la representación materialista que dé lugar a una teoría subjetivista del valor. No hay en este nuevo pensamiento diferencial, ni sustancia del valor en el objeto o en su esencia, ni valor como accidente en la preferencia subjetiva. Hay sólo singularidad del valor, como efecto ciertamente de un proceso diferencial o si lo prefieren marginal. Ni Aristóteles, ni Marx, ni siquiera Menger: tan sólo Leibniz. Leibniz y Mandelbrot. Ni el valor como sustancia ni el valor como accidente, ni el valor objetivo ni el valor subjetivo, sólo el valor infinitesimal, diferencial, marginal, en la curva-función del devenir de la tasa-de-interés y de la fractalidad de los mercados financieros.
¡Pero es que tal teoría de las singularidades, se la debemos a Leibniz! De ahí, mi estudio profundo del cálculo leibniziano. No es optimismo lo de Leibniz, sino análisis de puntos óptimos y singulares a través del cálculo diferencial y del cálculo optimizador a través de probabilidades. Las singularidades son puntos que definen cualquier curva, cualquier devenir, cualquier devenir expresado por una mano temblorosa con párkinson. Un ejemplo, de esta curva ontológica sería la de la tasa-de-interés y su devenir espacio-temporal en los mercados de dinero-deuda. Cuánto vale el dinero, su precio es eso: un devenir compuesto de singularidades. Puntos de crecimiento y decrecimiento que engendran un arrugamiento, diría Lebesgue (el otro gran matemático cómplice de la teoría de Leibniz).  
Estamos ante una curva arrugada y diferencial del valor. Eso es, del capital gaseoso o del valor del capital-sin-la mediación de la producción. La arruga del Capita ficticio es valiosa. El pliegue de la financiación es valor. 

El valor de “la cosa” (espectro) es el valor-del-dinero a préstamo, que se expresa como una teoría del pliegue y la arruga, basada en los principios del cálculo infinitesimal, que en Economía se entiende como el valor-infinitesimal o marginal. Lo marginal no es la preferencia subjetiva sino el cociente diferencial de la tasa de interés.
Derrida dirá de esa idea de singularidad espectral: “Repetición y primera vez, pero también repetición y última vez, pues la singularidad de toda primera vez hace de ella también una última vez. Cada vez es el acontecimiento mismo una primera vez y una última vez. Completamente distinta. Puesta en escena para un fin de la historia. Llamemos a esto una fantología[iv] Yo matizaría a Derrida, diciendo que esto se trata de una “espectrología” del valor de “la cosa”, basada en el cálculo infinitesimal. Si el fetiche de Marx era el fantasma de la mercancía y su plusvalía, ahora el espectro es el nuevo fetiche: la tasa de interés en el capital no-necesitado-de-la mediación del trabajo.
Derrida aborda la idea de un acontecimiento que está hecho de singularidades, bajo el prisma de la repetición. Pero hemos tenido que estudiar a Mandelbrot para entender perfectamente qué pueda ser la espectrología como repetición. Más que repetición, es una iteración estructural, plasmada en un devenir fractal como en la anarquía coronada de la Naturaleza o como en los mercados anárquicos de las bolsas.
No creo que Derrida llegara a alcanzar la profundidad de esa repetición espectral, ni siquiera que hubiera leído al propio Mandelbrot. Más bien Derrida pensó en la repetición que acontece en el final de una linealidad, de la Historia. El final de la Historia culminada por el Napoleón subido a su caballo, pensada por Hegel. O el final de la Historia redactado por Fukuyama. Será contra esas historias lineales y dialécticas, a las que se refiera Derrida.
Al final del gran relato de la Historia (pienso en la tesis de Lyotard) nacen pequeñas y parciales historietas. Para Derrida, se abre la posibilidad después del fracaso de la Historia bajo el pensamiento de Hegel, una fenomenología basada en repeticiones. Repeticiones a modo creo, de re-vival o reapariciones del tipo: “vuelven los cuarenta”, “vuelven los veinte”, etc. Como si Derrida pensara en la tesis de aquel filósofo que popularizo su tesis sobre la moda como fenómeno postmoderno. Dice Derrida: “Después del fin de la historia, el espíritu viene como (re)aparecido, figura a la vez como un muerto que regresa y como un fantasma cuyo esperado retorno se repite una y otra vez.” [v] Piensen en el patetismo de “vuelve la moda roja”, imagino camisetas, vaqueros con look estalinista o leninista, logos de la hoz en bolsos, carteras o fundas para móviles de última generación…. Se imaginan.
Por mi parte, interpretaré la esencia o la nuez de la repetición, de esa repetición específica de lo espectral, como fenómeno que se aparece en el on-line del tiempo llamado “real”. Es el “tiempo real” de los mercados financiarios (las bolsas) donde opera el trading, ya no intradía sino intrasegundo. Pura simulación modulante de operaciones con señales, pura cibernética del valor que se expresa en la gráfica como iteración de un argumento fractal. Como sucesión recurrente e iterativa a escala. No hay moldeo del valor en el mercado, sino modulación, porque ya nos estamos en un mercado de mercancías sino de señales.
Eso es, la verdadera repetición de lo espectral, que se contrapone a la otra repetición vulgar: eterno retorno circular de la mercancía. Eterno retorno de la renta, mutación repetitivamente circular del capital-mercancía en Marx, flujo recirculatorio de la renta en los positivistas neoclásicos. Pero el eterno retorno se dice de dos formas: en la Naturaleza como eros primaveral de los griegos dionisíacos, pero también como thanatos fractal de nuestros contemporáneos traders. Así mismo por analogía, la Economía tiene sus dos eternos retornos, sus dos modos de repetición: la del capital de producción/mercancía con su ciclo de liquidez o flujo circular de la renta; y la del capital de finaciarización con su devenir fractal en los mercados de capital-deuda titulizado en estado plasmático. Esta es la pura iteración, la iteración no-vulgar, la repetición del valor como pulsación en los mercados bursátiles. El púlsar, el valor como pulsación de frecuencia, de alta frecuencia, donde teoría del valor de Marx no tiene ni puede, nada decir. Solo balbuceo de románticos dialécticos sometidos a los viejos esquemas de una materialismo mecanicista similar a la mecánica de los sólidos de Newton.
Me fascina la frase de Derrida que dice: “la aparición del espíritu que no responde… (aparece) en los pliegues de esa iteración”. Quizás la futura filosofía espectral tenga que hablar de los “pliegues fractales del ser”. Son los pliegues, las arrugas, los puntos singulares de la curva del valor, los que esconden una estructura iterativa a modo fractal, solo expresable a través del argumento matemático de iteración. ¿No estaría la auténtica repetición, de la Filosofía del diferencial, de aquella ontología existenciaria y de-constructora del ser, escondida en esta matemática financiero-fractal? ¿Acaso se ha pensado alguna vez, una filosofía que hable de la fractalidad del ser? El futuro del pensamiento está en una filosofía que hable del ser-como-fenómeno fractal y del pensamiento-como-razón diferencial ¿se imaginan una Filosofía fundada alrededor del cógito-diferencial?
Pero esta lógica del acontecimiento compuesto por singularidades, hasta ahora nos ha definido una ontología de lo espectral, que según Derrida no puede ser pensada por ningún “scholar”. No se trata de leer  a Marx, como lo haría un profesor de filosofía, por muy leo.nino que fuera. Un scholar sería como un escholástico moderno, como un profesor de metafísica, como un intelectual de manuales, como un transmisor gadameriano de la ortodoxia tradicional, ya sea ésta idealista o materialista, objetivista o subjetivista. Hay que leer con los ojos no de un escolar, sino de un esculapio. A poder ser, hacerse pasar al menos por un seguidor de Asclepio.
Derrida reivindica otra lectura del capital de Marx, otra lectura que lea el marxismo sin la herramienta de la dialéctica y sin el sustento metafísico del principio de identidad. Incluso sin la muleta del materialismo mecanicista y en algunos aspectos determinista del propio Marx. Sólo así se entiende que diga Derrida: “No ha habido nunca un scholar que verdaderamente, y en tanto que tal, haya tenido nada que ver con el fantasma. Un scholar tradicional no cree en los fantasmas -ni en nada de lo que pudiera llamarse el espacio virtual de la espectralidad. No ha habido nunca un scholar que, en tanto que tal, no crea en la distinción tajante entre lo real y lo no-real, lo efectivo y lo no-efectivo, lo vivo y lo no-vivo, el ser y el no-ser”[vi].  
En analogía a lo que dice Derrida sobre los scholars de la metafísica, yo me atrevo a decir que los scholars de la Economía positivista (sea liberal austriaca o progresista keynesiana) nunca podrá hablar de todo aquello que no sea la “liquidez” del capital. Tampoco ningún scholar de la Economía política (ningún marxista ortodoxo), jamás podrá pensar en el espectro de la financiarización y del capital ficticio como fuente del valor. 

Es Derrida quien dice: “un scholar clásico no es capaz de hablar al fantasma (espectro[vii]). No sabría lo que es la singularidad de una posición, no digamos ya de una posición de clase como se decía en otro tiempo, sino la singularidad de un lugar de habla, de un lugar de experiencia… únicamente desde los cuales, puede uno dirigirse al fantasma”.
Aunque tampoco hay que ponerse tan oscurantista como se pone Derrida, cuando nos dice que  “para hablar la lengua de los reyes o de los muertos”. Simplemente bastará hablar con la lengua de los que inventaron el cálculo infinitesimal como Leibniz y con la de aquellos que pensaron en una geometría proyectiva como Poncelet. Que no es poco.
No sabemos muy bien dónde quiere ir a parar Derrida, pero lo cierto es que esta lectura poco ortodoxa (singular) del marxismo por su parte,  no es obstáculo para que éste reconozca que “ No sin Marx. No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus[viii].
Por eso, Marx resuena en Derrida y en los de su generación, a modo de un déjà vu, como un auténtico eco resonante. En este caso, parece que aquello que resuena en mis oídos, es lo que no ha sido dicho aún, de la obra de Marx. Pues no se han tenido las herramientas necesarias para desarrollar la idea de un capital ficticio, en el sentido de no-dialéctico. Ni tampoco siquiera, se ha podido llevar adelante la teoría de un materialismo no marxista, sino “aleatorio” y en mi caso, un materialismo aleatorio del capital ficticio (gaseoso). La lluvia es el material del capital-deuda. El materialismo de la lluvia, es la constitución del propio contrato financiero del capital-a-préstamo.
Pensar tal teoría del capitalismo basada en el capital ficticio (la teoría del capital gaseoso) en este horizonte, donde el fin del marxismo es el fin del capital de la producción pero no el fin del capital ficticio como acontecimiento compuesto de singularidades que muestran el fenómeno de lo espectral bajo su omnipotencia mundial. No habido fin de Marx, salvo de su teoría-del valor-trabajo. Se ha aparecido el peor de los sueños de Marx: la aparición espectral del Capital ficticio gracias a un desdoblamiento onto-y-lógico del valor. Desdoblamiento que para algunos puede haber sido también, un salto de logos  incluso una operación de deconstrucción.
De la lectura no ortodoxa de Marx que intentará Derrida, basada en la idea de “inyución”, podemos intuir que también aspira a pensar un marxismo-sin-dialéctica, pero por el lado del trabajo. Derrida partirá del proyecto que afirma “una cuasi-yuxtaposición sin dialéctica” y de “la diferencia sin oposición” (la diferencia no dialectizable) que nos conduce hasta la noción de differance (el diferendo o el diferencial o si prefieren la diferancia). No podría saberse muy bien que fuera esa “inyucción”, pero Derrida lo deja más claro cuando la define según sigue: “La inyunción misma ….no puede ser una sino dividiéndose, desgarrándose, difiriendo ella misma,…”[ix] Y hay momentos, en que Derrida parece estar jugando con el lector (escolar y no escolar) a doble juego o en una doble partida: “Lo que se enuncia «desde Marx» ……..la unión, en un habla que difiere, difiriendo no lo que afirma, sino difiriendo … afirmar la venida del acontecimiento, su por-venir mismo”[x].
¿No será el capital que difiriendo de sí mismo sin necesidad de la mediación de la producción, ni de su oposición respecto al trabajo, es el capital ficticio que estaba por-venir?, ¿no será que el capital ficticio en el interior de la obra de Marx, reaparece ahora como espectro de la propia teoría de Marx? ¿No nos ha llegado ya nuestra hora? De atender ese resonar del capital ficticio que emerge del viejo y caduco Marx dialéctico, para explicar nuestros tiempos ajustados a nuevos devenires de crisis financieras. ¿No es desde esa espectralidad del capital, bajo la lógica del capital ficticio, que el tiempo ha salido de su quicio? ……«The capital is out of joint». Quizás como dice Derrida, nuestro tiempo sea una maldición que habrá que, al mismo tiempo, maldecir. ¿Nos ha tocado a nosotros maldecir la propia profecía cumplida de Marx, sobre el capital ficticio? ¿Hay que poner volver a poner las cosas en orden, las cosas de Marx, y de la Historia en orden a partir de una teoría del desorden? ¿Nos ha tocado a nosotros, en nuestro tiempo, darle la razón a Marx quitándosela? ¿No es más importante descubrir cómo funciona el poder omnipotente del capital ficticio y de su tasa de interés, de cómo funciona el valor en los mercados bursátiles, precisamente para deshacer toda razón marxista de la plusvalía y de la producción? Como dice Derrida, ¿no debemos maldecir esta incomprensible tarea, tal como la maldijo el propio Hamlet? “…como si maldijera el derecho mismo que habría hecho de él un enderezador de entuertos[xi]. The time is out of joint.




[i] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995
[ii] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995
[iii] Tesis que sostengo y desarrollo en mi libro “Semiótica del Capitalismo” y que enlaza con el mundo de la Semiurgia, en mi otro libro “De la metalurgia a la Semiurgia”.
[iv] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995
[v] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995
[vi] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995
[vii] Derrida dice aquí fantasma, pero luego distinguirá espectro de fantasma, que son distintos. El paréntesis es mío.
[viii] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995
[ix] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995
[x] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995
[xi] Derrida, Jacques, “Espectros de Marx” . Inyunciones. Editorial Trotta, Madrid. 1995

1 comentario:

  1. Para superar a Kant, antes de que llegue Kant, tenemos a Leibniz. Leibniz se encuentra con el Espectro ontológico por excelencia manifestado en dos modos: lo inifinitesimal y lo infinitésimo.
    Leibiniz es postkantiano, paradójicamente, mejor en formas y en modos que los pobres Heidegger y Derrida:

    «...aunque nosotros seamos seres finitos, bien que podemos saber cosas
    relativas al infinito. Por ejemplo sobre las líneas asintóticas, es decir,
    aquellas que prolongadas al infinito se acercan una a la otra más y más,
    sin llegar nunca a encontrarse. O sobre los espacios de longitud infinita
    que tienen sin embargo una superficie finita o sobre la suma de series
    infinitas. Si no fuera así no podríamos saber nada cierto de Dios...» (de
    Reflexions sur la partie générale des principes de Descartes).

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