27 diciembre, 2013

El Cisne negro y la Elefante blanca de la manada.


Estoy ojeando el libro de Nassim Taleb, matemático- filósofo levantino nacido en Líbano, seguramente  en su infancia paseara junto a alguna laguna de Ammón. Pero ahora, él pasea en su libro entre las calles de Manhattan. Taleb tiene una mente americana de Occidente, pero en su alma habita todo el inconsciente colectivo del Oriente medio. 

Yo he leído antes a Mandelbrot, que a Taleb. Y he construido la arquitectura de una Teoría del Valor que se configura en base a dos pilares: la columna A del capital sólido (A1+A2) y el capital líquido(A3+A4) y un segundo pilar B, del capital gaseoso (B1+B2) y del capital plasma (B3+B4). Cuando leo de soslayo este libro-novela de Taleb (El Cisne Negro) compruebo que él también divide la Conciencia en dos columnas: Mediocristán y Extremistán. Mediocristán es la columna A sobre la que cuelgan las rosas latinas del valor de uso y del valor de cambio. Pero el Capital en Extremistán edifica la columna B sobre la que se sostienen las granadas púnicas, del valor marginal de utilidad financiera (préstamo a interés o financiación) y el valor-de-cambio-riesgo (financiarización de la deuda en títulos intercambiables). 

Taleb se pregunta cómo sobrevivir en Extremistán, esa es sin duda, la obsesión de su vida y la reflexión de su libro. Y esta obsesión matemática, se entremezcla con su sentimiento personal de religiosidad. 

"Cierto día,......me di cuenta de lo que sigue. El respeto que por los mayores se tiene en muchas sociedades pudiera ser un tipo de compensación por nuestra memoria a corto plazo. (...) Los mayores son depositarios de un complicado aprendizaje inductivo que incluye información sobre los sucesos raros. Los mayores nos pueden amedrentar con historias y ahí reside la razón de que nos angustiemos, cuando pensamos en un determinado Cisne Negro". (1)

Taleb está mixando componentes antropológicos y también religiosos, con las hipótesis matemáticas. Por ejemplo, cómo algunas sociedades veneran el anciano de barba venerable que representa el poder (Moisés), o al Dios que simboliza el temor (Jehová). Taleb está leyendo en clave cultural de Oriente, de aquel levante del Líbano natal.

Y cuando Taleb vincula este presupuesto antropológico (el padre de Taleb era antropólogo) a la hipótesis (el hijo, Taleb, es matemático) matemático-ontológica de la existencia de acontecimientos de Extremistán, denominados “cisnes negros”, está mezclando churras con merinas. ¿O, tal vez no?

Hay otra curiosidad en este fragmento que yo he escogido, al azar o no, de su libro. Taleb habla de ello a partir de un recuerdo propio, que a su vez refleja el reflejo de su propia identidad: él se ve reflejado en el espejo y su rostro le muestra una barba anciana: “Cierto día al mirarme la barba gris,…me di cuenta de lo que sigue”. Y lo que sigue es el fragmento anteriormente citado.

Todo es un bucle en este libro de Taleb. Especialmente en este fragmento: auto-identidad, reflexión en el espejo, barba de anciano, padre antropólogo, hijo matemático, Jehová, Moisés, el Líbano, y el cisne negro de Extremistán. Falta aún otro elemento psicológico o neurológico, en este mix matemático-antropológico: la memoria a corto plazo. Toda esta escena o paisaje de la Conciencia,  “pudiera ser un tipo de compensación por nuestra memoria a corto plazo”. (2)

Imaginemos ahora, que yo tratase de explicar el carácter o el humor cholérico del Dios Jehová y el temor de sus hijos creyentes, bajo el amparo de la Teoría del Cisne Negro cuyo autor es este matemático prestigioso: Taleb. ¿Estaría delirando?, seguramente sí.

Siguiendo con esta anécdota, podríamos pensar en que el cisne negro de ese dios lleno de cólera, no sería otro que el por-venir del Juicio final. Pero el juicio final estaría por suceder y no habría sucedido ya, por lo que no optaría al premio del cisne negro. Sería más idóneo, pensar en el suceso ocurrido ya, de un gran diluvio. El diluvio de Noé, sería ese suceso de Extremistán, que sería necesario recordar por los ancianos de enormes barbas para compensar la memoria corta de su pueblo.

Si llevamos al final esta suposición, podemos afirmar que la cultura de una sociedad, se previene antropológicamente y teosóficamente, de un posible mundo habitado ontológicamente por cisnes negros. En el caso de vivir en Extremistán, es lógico que toda cultura desarrollada en ella, naciera al abrigo de un mito o relato fundacional, que recordara el diluvio.

Toda teoría matemática estadística, use la técnica estadística que utilice, no deja de ser una ontología del mundo basada o sustentada en una base que podemos denominar mitológica.

Hydria griega de ceràmica sg.IV adC . Representación de Zeus lanzando un rayo contra una divinidad typhónica.(El Zeus de Mediocristán contra las Nubes de Extremistán; o el Sócrates de Platón contra el Sócrates de Aristófanes)

Pero aún queda más…Taleb finaliza todo este párrafo intenso de emociones y suposiciones con una final: él enlaza esta idea con el reino animal, cuando comenta: “Me apasionó descubrir que lo mismo sucede con el reino animal….se demostraba que las matriarcas elefantes desempeñan el papel de superconsejeras sobre los sucesos raros”.(3) Esto me hace pensar en que Taleb cuando nos hablaba de esa autoridad venerable de la barba blanca, para presentar el temor al cisne blanco que siempre es necesario ser recordado, en realidad nos está hablando de una anciana barbuda o mejor, de una anciana cornuda: la elefanta con sus colmillos. Todo esto concuerda con la idea de que para imponer el mito del diluvio, como relato que muestra que el mundo está hecho de cisnes negros, es necesario vincularlo a la autoridad matriarcal de una elefante y no al dios viril del antiguo testamento. Eso sería como imaginar a una diosa Astarté de Baalbek, en el mismo Líbano donde nació Taleb, como la divinidad del mundo donde los cisnes negros habitan a sus anchas.


El mismo duelo mitológico, entre
Zeus y Typhon, acontece en el 
"Enuma Elish" (Marduk contra Tyamat) libro de tablillas en escritura cuneiforme, datado en torno al año 1200 adC. O dicho de otro modo, en el lenguaje talebiano del siglo XXI: Mediocristán contra Extremistán.


Por último, quiero referirme a un tema de teoría económica que recuerdo haber comentado anteriormente, sin saber que Taleb también comentó cosa parecida: “Por sorprendente que parezca, tanto (Hyman) Minsky y su escuela, llamada post-keynesiana, como sus oponentes los economistas libertarios austríacos, hacen el mismo análisis, con la excepción de que el primer grupo recomienda la intervención del Estado, (…), mientras que los segundos cree que no deberíamos confiar en que los funcionarios se ocupen….” (4).

Y lo más evidente, que dice Taleb, “Parece que las dos escuelas de pensamiento, defienden objetivos opuestos; sin embargo ambas subrayan la incertidumbre fundamental y permanecen al margen de los departamentos económicos habituales… No hay duda de que ese énfasis en la incertidumbre fundamental molesta a los platonificadores”.(5)

Han leído bien, se habla de “platon-ificadores” o seguidores de Platón. Yo recuerdo también haber hablado del platonismo de la serie de la Conciencia en el mundo de Mediocristán

Recuerdo haber escrito en algún lugar, que el postKeynesiano Minsky y los "austriacos", se podían poner de acuerdo bajo la mirada de un tal Mandelbrot, que fue un colega de un tal Taleb.


Notas del Libro de Taleb, El Cisne negro, capítulo 6, La falacia narrativa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

rillenri@gmail.com