29 noviembre, 2013

Espectros de Marx y el Hamlet de Derrida (I)

Hamlet y el Capital I
(Pónganse serios, nos las hemos de ver con Derrida).
Retorno sobre “La sonrisa del espectro”[i] , volviendo a aquel lugar desde el que Negri comenta a Derrida (“Espectros de Marx”[ii]).  Negri reconoce, _ parece que todo el mundo lo haya pasado por alto_ que “la ley de valor se ha visto sacada de quicio habida cuenta de que el tiempo ya no es un operador de medida del valor, ni el valor de uso es su referente real[iii]. No podemos pasar por alto, esta advertencia de Negri: el tiempo ya no es medida del valor, ni la referencia del valor es el uso.
Por eso, se hace obligado que cualquier intento de presentación alternativa teórica sobre qué es hoy en día el Capital,  haya de “re-comenzar” con  una nueva Teoría del Valor. Una nueva teoría que explique qué es el valor, sin la ayuda ni el auxilio del valor-de-uso y el valor-de-cambio. El valor como ley económica suprema, está ya fuera de quicio. Habida cuenta, como señala Negri, que han sucedido dos hechos: primero) que el tiempo no es ya operador de medida de valor; segundo) que el valor de uso no es tampoco su referente real.
Que el tiempo ya no se medida operativa del valor de las cosas, quiere decir en su forma más radical: que ¡el tiempo de la producción ha muerto! Esto hace insostenible cualquier teoría del capital apoyada sobre la producción y la explotación. Ya que el tiempo como medida del valor, es tradicionalmente (clásicos y neoclásicos) el tiempo de la producción y del intercambio. El tiempo de la explotación es la explotación del tiempo de trabajo. Y el tiempo del trabajo es el ciclo temporal sobre el que se sustenta todo el ciclo de la renta. Es el tiempo, “circularizado” en un ciclo de liquidez que ha venido llamándose ciclo (natural) de la renta. Ciclo circular presente al inicio de todos los libros de texto, de Macroeconomía: el flujo circular del gasto y la renta. Pura analogía con la circularidad estacional de la físis. Eterno retorno de la primavera y de la renta. Si los neoclásicos positivistas la llaman “flujo circular de la renta”, Marx lo llamará bajo su postulado ideológico “metamorfosis de la mercancía”. Frente a esta teoría del eterno retorno circular y erótico del capital, sea desde el marxismo científico-histórico o desde la economía neoclásica positiva a-histórica (positiva, en el sentido de matemático-algebraica-matricial), se alza como espectro en su fantasmal figura una nueva teoría del Capital, que no entra en el tiempo circular de la renta, ni en el tiempo de producción que es el tiempo-del-trabajo, como fundamento del valor.
Pasemos al segundo hecho: “que el valor de uso no es tampoco su referente real”, dice Negri. Tanto es así, que el valor-de-uso cede su lugar en una nueva e hipotética teoría (teoría del capital gaseoso) al valor-de-usura. Ya no es el uso o la utilidad, sea ésta sustancial o accidental, esencial o marginal, ya pensada desde un tradición objetivista del valor o desde una tradición subjetivista del valor. Nos da igual, el valor como objetividad de los clásicos o el valor como subjetividad de los modernos. Nos debe dar igual, ya. El valor de uso no es referencia de nada. Y con ello, el valor de cambio se desploma. Ahora el valor tiene como referencia la “usurariedad” y no el uso. La “usurariedad” es la forma primitiva del dinero-deuda o del capital-financiación (del capital gaseoso). En todo caso, hay ahora usuarios y usurarios, pues el espacio del valor no es otro que el espacio-de-la-financiación. El espacio-del-uso ha quedado sustituido en la nueva teoría sobre el valor, por el espacio-de-la usura, cuando toda necesidad, toda demanda, es no de mercancías ni de objetos-útiles, sino de financiación. El valor nace, brota, se engendra ahora en el espacio-de-financiación, en el espacio-de-la deuda. Toda necesidad, es de deuda, de financiación. Toda demanda es por lo tanto demanda de dinero-deuda. Toda demanda es monetaria, bajo este nuevo horizonte teórico del valor. Ya no es el valor-de-uso el referente real del valor, sino el valor-de-usura el ¿referente? Espectral del valor. Hemos saltado de lógica, del capital de producción al capital de financiación. Hemos saltado de esquema fenomenológico temporal de la conciencia económica: del capital sólido al capital gaseoso.
Hemos de detenernos ahora, en la visión de un asesinato. El de la dialéctica. Quizá deberíamos de haber comenzado por Derrida. Él ha asesinado, junto a otros pensadores, al método dialéctico y con él, al materialismo dialéctico que planteó Marx.
Derrida, cita dos veces (creo) a Hamlet en su condición de hijo, al que se le muere el padre Rey de Dinamarca. Si Marx fuese el padre-rey, ¿quién sería el hijo? Se preguntarán Derrida y posteriormente Negri. Derrida comienza su texto con esta cita de Hamlet:”The time is joint[iv]. No fue pues Negri, quien por casualidad escribiera esa misma frase. Es Derrida, el que la saca a la luz, como prefacio del texto. Un texto, “Espectros de Marx”, que trata sobre quién es el heredero del padre Marx.
Derrida se pregunta acerca de ¡Hamlet-Marx!, ¿quién es Hamlet en esta obra de Derrida?, ¿Tanto importa? No es mejor, o más interesante pensar en que el tío de Hamlet, hermano del padre, pueda ser el propio Derrida.  Hamlet, sería como el heredero marxista que aún piensa dialécticamente en un mundo que ya no es dialéctico.
Este espectro del que habla Derrida, no se trata del que aparece en el Manifiesto Comunista de Marx, “Un espectro asedia Europa: el espectro del comunismo”. Sino más bien se refiere al fetiche del capital, que teorizó Marx. Pero ni siquiera es el fetiche de primer orden, como lo fue la mercancía en la sociedad de libre mercado y de plusvalías. Sino que el término “espectro” corresponde al  fetiche de tercer orden, del capital: corresponde al capital ficticio o gaseoso. El espectro-del-capital es el capital ficticio. Del mismo modo, que el espectro-de la dialéctica (marxista) es la “differance”.[v]  La differance es el espectro de la difference. Esta es la clave de interpretación.
Negri también lo reconoce. No es la mercancía el espectro, sino el capital ficticio (el capital-deuda o capital-gaseoso). Recordemos, no es el tiempo de producción/trabajo ni el valor-de-uso el referente del capital y del valor. Negri afirma: “lo que ha cambiado no es tanto la realidad espectral del mundo producido por el capital, ¡al contrario, la masa espectral se ha agigantado!”.[vi]
La differ(a)nce, la podemos vincular a una teoría del capital basada en la esencia espectral del capital-como-ficticio. Mientras que la differ(e)nce (el principio de la identidad y de la negación del otro para afirmar lo propio como idéntico a sí mismo) es la herramienta metafísica y dialéctica de la teoría marxista del capital fundada en el trabajo.
Volvamos a Hamlet. ¿Cuál es el espectro, el espíritu, que se aparece? El del rey-padre, todos Uds. habrán contestado. Pero no interesa ese fantasma al uso, tradicional, sin sustancia, con toda una tradición metafísica detrás apoyándolo. No, ciertamente no es el espectro en el que yo estaba pensando. Es un fantasma, de acuerdo. Pero no un ¡auténtico espectro! Creo que el fantasma es más afín a estar ligado a un cuerpo perdido pero aún encadenado en cierto modo. Mientras que lo espectral es podríamos decir: completamente anorgánico (como las emisiones de la Reserva Federal y de los Bancos centrales). ¿Comprende mi intuición?
El espectro en Hamlet, no es el padre que se aparece como fantasma, sino el doble del padre aparecido como simulacro: el tío.  Análogamente, el espectro no es el Comunismo (del Manuscrito) ni la dialéctica materialista-histórica de la lucha de clases fundada sobre la idea de “explotación”. No. Esos son fantasma al uso, con residuos corpóreos materialistas tradicionalmente metafísicas. No. El espectro de un nuevo materialismo-aleatorio, es el encarnado por el capital ficticio. El capital-deuda que se autoproduce gracias al interés financiero, ¡es el auténtico espectro! El capital ficticio, de Marx, es el espectro de la differance. Despojado de cualquier materialidad metafísica y más o menos determinista. Es un espectro que nace al mundo, con un materialismo aleatorio y espiritoso (o pneumático) debajo del brazo. El tío de Hamlet, se asienta en el reino con la espada de la differance. Y Hamlet, lo presiente: es su tío Claudio. ¿Y por qué Derrida no presiente que el tío Claudio es él? Derrida es el asesino de Marx. ¿No es el cáliz leteico(J) de la tra(d)ición sombría, brebaje de la deconstrucción, el que contiene la “differance”? ¿No es acaso, la differance, el veneno que hace olvidar definitivamente la dialéctica de Marx? La “diferancia”, si quieren, no es la “diferencia”. La “diferancia”, es el principio-del-diferencial: puro cálculo infinitesimal de la razón no dialéctica. La diferancia es lo diferencial, es el cociente diferencial, el cociente entre infinitésimos que hace mover la función derivada, es la razón de la serie de infinitesimales. Eso es la “diferancia”. La razón, en mayúsculas, se ha desprendido de su pesada coraza dialéctica, hegeliana, metafísica, aristotélica…del mismo modo que el valor se ha desprendido del tiempo-de-trabajo y de su referente: el valor-de-cambio.
Negri se preguntaba “¿Dónde están ahora el valor de uso y la subjetividad?” Nostros contestamos, que todo ahora, es interés financiero: valor-de-riesgo y  endeudamiento como forma o dispositivo de subjetivación. No hay ni valor de uso ni subjetividad. La subjetividad era a la propiedad del objeto con valor de uso. Ahora hay subjetivación, que es distinto. Subjetivación al contrato de deuda en el valor-de-usurariedad. El interés financiero (el tókos) es la misma diferancia: la encarnación espectral del valor. El espectro del capital. El contrato aleatorio del préstamo, es el espectro de un materialismo original y metafísico: el atomista, mecánico, newtoniano, dialéctico, hegeliano, determinista, de Demócrito, que saltó por los aires con Althusser. Hemos saltado, epistemológicamente (con Bachelard[vii]), del mundo de los sólidos y líquidos al mundo de los gases y los plasmas electromagnéticos. De los regímenes laminares del capital-tiempo de trabajo a los regímenes turbulentos del capital-tiempo de financiación. Pura termodinámica del capital.
Podrán comprobar como ahora, aquella misma frase que nos revela Shakespeare a través de la voz del fantasma del Rey Hamlet: “La serpiente que mordió a tu padre, hoy ciñe su corona”, sirve también para la filosofía de la differance. Es el pensamiento de la differance, la que hoy ciñe la corona y es la misma serpiente que ha mordido mortalmente al rey de los dialécticos (Marx), en el país del materialismo.  Del  mismo modo que un pensamiento de la difference (la diferencia-explotada como opuesta y exterior a lo idéntico-explotador) se desdobla en la differance: el diferencial del interés dentro de una misma identidad del capital deuda.
El desdoblamiento de la personalidad del Capital: la plusvalía se desdobla en la tasa de interés financiero. Hay una parte de  “El Capital” que se titula justamente así. Es el Tomo III Sección V: “Desdoblamiento de la Ganancia en interés y Ganancia de empresa”. Si la plusvalía de Marx es la diferencia, que permite la oposición entre capital y trabajo; la tasa de interés es el diferidor, el diferendo o el diferencial dentro del mismo capital, que anula cualquier relación dialéctica exterior entre trabajo y capital. Derrida asesina el rey de la diferencia para ocupar el reino, el rey del diferencial. En Teoría económica, la plusvalía ha sido asesinada y toma su lugar, a traición (de Marx), la tasa-de-interés como definitoria de una nueva Teoría del Capital: la Teoría del Capital gaseoso (que se considera la herencia de la noción marxista del capital-ficticio y de la noción de financiarización dada por algunos postmarxistas). Desdoblamiento del capital: en el logos de la liquidez y en el logos de la termodinámica gaseosa. Desdoblamiento de la imagen en el espejo: hacia afuera bajo la forma representacional de la metafísica materialista, o hacia adentro bajo la forma simulacional de la Semiurgia del capital y del materialismo aleatorio. Las sombras de Platón o las maravillas de Alicia.
Ahora observen la Historia al revés. Es Marx, quien se convierte en el predecesor mismo de Derrida: “la división entre la plusvalía y el salario, en que se basa esencialmente la determinación de la cuota de ganancia, actúan de un modo determinante dos elementos completamente distintos: la fuerza de trabajo y el capital, son funciones de dos variables independientes, que recíprocamente se delimitan, y de su diferencia cualitativa surge la división cuantitativa del valor producido. Más adelante veremos que lo mismo ocurre con la división de la plusvalía entre la renta del suelo y la ganancia. Pues bien, no acontece nada de esto con el interés. Aquí, la diferenciación cualitativa surge, por el contrario, como enseguida veremos, de la división puramente cuantitativa del mismo fragmento de plusvalía”[viii]. Fíjense Marx describiendo el espectro. La espectralización del capital acontece cuando “con el interés (financiero) no acontece nada de esto”. ¿Qué es “nada de esto”? Nada de eso, es precisamente lo que sucede en el logos de la Teoría dialéctica marxista del capital como valor-trabajo. No acontece, la metafísica materialista dialéctica de la plusvalía y la explotación del trabajo. No acontece, aquí (en el capital espectral o gaseoso o ficticio) nada de división entre opuestos, sino que acontece todo dentro de la división-del-mismo capital. En este antológico fragmento de “El Capital”, Marx está haciendo de de-constructor de sí mismo. Pero Marx, reconducirá la situación subordinando la cuota de interés a la cuota de ganancia y por tanto subordinando ontológicamente el diferencial-del-interés financiero a la diferencia-de la plusvalía productora: “La cuota de interés depende: 1° de la cuota de ganancia[ix].
Bachelard, otra vez. Es todo un proceso de salto óntico (de fluidos y liquideces, a gases y burbujas) pero también  ontológico, puesto que se produce un desdoblamiento de la razón, de desdoblamiento del pensamiento y desdoblamiento del capital. Hamlet siempre desdoblado, entre un tiempo-dentro de quicio (el tiempo donde reinó su padre el Rey) y entre un tiempo-fuera-de-quicio donde gobierna ahora, el tío Claudio (el hermano de su padre, en Hamleth). Así se encuentra también, aquel hijo del materialismo marxista, que ahora siendo heredero del materialismo dialéctico renuncia a él y se abraza a una tradición sombría que se llama materialismo aleatorio.  Mi tesis está clara: si la plusvalía es al materialismo marxista y determinista, la tasa de interés será al materialismo aleatorio. Pura fenomenología de la conciencia, sobre aquello que debe ser la materia y por supuesto sobre aquello que debe ser el capital.
Sigo leyendo de primera mano, esta vez a Derrida. Negri ha quedado al margen. Por ahora. Derrida, es la fuente: “Y ahora los espectros de Marx. (Pero ahora sin coyuntura. Un ahora desquiciado, disyunto o desajustado, out of joint, un ahora dislocado que corre en todo momento el riesgo de no mantener nada unido en la conjunción asegurada de algún contexto cuyos bordes todavía serían determinables).” [x]  Aquí Derrida, es Derrida. Todo Derrida en dos líneas. El “ahora” como adverbio de tiempo que señala un presente desquicidado, disyunto, desajustado, “out of joint. Es al “ahora” el tiempo de la differance. El “ahora” es el diferencial. Es el presente  dislocado, “que corre el riesgo de no mantener nada unido en la conjunción asegurada de algún contexto cuyos bordes todavía serían determinables”. Ya no y todavía no: así es el presente de todo cociente diferencial. Toda derivada es derivación de este presente que se desintegra en razones infinitesimales. Muchas cosas que decir sobre este fragmento con el que comienza Derrida. Demasiado profundo para comenzar un texto.
El presente como momento del pensar y en el que pensar y desde el que pensar. Del pensar porque el pensamiento va del Presente, del tiempo como lo actual pero ausente. Esa es la paradoja de este presente pensado, como fuera de quicio, como dislocado, como desencajado. Es el presente que remite al origen del des-fundamento o del fundamento-de-lo ausente.  Nosotros, desde nuestra lectura de qué es el capitalismo bajo el principio del diferencial, podemos preguntarnos ¿dónde está el presente-ausente de la plusvalía, del trabajo, de la producción? ¿No ha sido desplazado por el presente de la tasa-de-interés? Un presente de la tasa-de-interés siempre en constante desplazamiento, respecto de sí misma. Diferenciándose de sí, dibujando un función llena de arrugas, llena de puntos singulares de inflexión, que marcan el devenir del precio-del-dinero. Gráfica dibujada, por una mano-con-párkinson. Mano diferencial, de la tasa de interés. De la emisión inorgánica de dinero-fiduciario por parte del Banco Central o la Reserva Federal, de la emisión de deuda-pública por parte del Estado, de la concesión de dinero-crédito con reserva fraccionaria  por parte de cualquier entidad de crédito, del contrato aleatorio de depósitos, de la tarjeta de crédito que te concede dinero-deuda electrónico con una clave de acceso…etc.
Ese presente-del-pensar, dice Derrida es el presente del riesgo y el pensamiento sobre el riesgo. El riesgo del pensar sin quicio, sin dialéctica, pero también el pensar sobre el tema del riesgo. Pensar el riesgo es pensar la sociedad-en-riesgo y la economía-del-riesgo. Riesgo también del pensar, a riesgo mismo de enloquecer, de salir-de-quicio. Pensar el riesgo del presente, como presente de riesgo. Una ontología de la inseguridad y del riesgo. De la inseguridad por la falta de fundamento, por la aparición de la ausencia: se ausentado el trabajo en su relación directa con el capital. Decíamos: ¿dónde ha ido a parar el referente del valor? Y ¿dónde ha ido a parar la plusvalía, desplazada por una tasa-de-interés? Estamos ante una ausencia de fundación, anti-mítica, anti-fundadora de ningún principio. Todo empieza ahora, con un vacío, con una huella: la huella de Derrida, es la huella también dejada por el capital-de-la plusvalía. El trabajo ha dejado su huella, pero para mostrar su ausencia, su desaparición. La huella del trabajo, muestra su huida su disgregación, su desaparición, para insinuar una aparición, una aparición espectral. Otra grafía: la del interés financiero.
Que el valor como extracción del trabajo, de plusvalía de la producción haya desaparecido del presente, significa también que la teoría del valor-trabajo se ausenta de la conciencia del capital. Y al dejar un vacío, diría que ontológico, aparece algo otro. Habría que distinguir otra vez, una vez más, ahora bajo la figura de la presencia dos espacios fenomenológicos. Por un lado, la misma presencia-del-trabajo en la teoría económica de la razón metafísica y dialéctica, por el otro ya no una presencia, ni siquiera ausencia propiamente, sino una aparición: la aparición de la tasa-de-interés como espectro en la nueva teoría económica de la razón diferencial y no-dialéctica del capital. La distinción está entre una razón nacida de la presencia-del-trabajo y una razón nacida de la aparición-de-la tasa de interés. La aparición del capital ficticio (su tasa de interés) desplaza y hace ausentar al trabajo (y su plusvalía). La huella de un trabajo que pisó por allí, pero que está ausente. En la ausencia de esa presencia del trabajo como “valor”, se da la aparición del interés financiero. Una nueva ontología de la aparición, frente a la vieja ontología de la presencia.
En este principio que comienza con una huella, el logos ya no es pero tampoco lo es, el mythos. Un Presente lleno de ausencia, lleno de vacío, vaciado de relato alguno y de razón dialéctica alguna. Vaciado del logos del Ser como fundamento y vaciado de mytho como relato. Out-of- logos y out-of-myhtos. Out-of-work and out-of plusvalía.
Si todo el viejo mundo de la producción, de la metafísica, del materialismo, está sin fundamento, también todo comienzo está suelto, desligado, sin re-ligión alguna. No estamos entonces en una coyuntura de comienzo que todo lo une o de lo que todo parta, como cuando la primera filosofía ya fuera de jónicos o de eleátas, nos remontaba al principio de todo: el arché.
¡No! aquí todo comienza sin comienzo, y todo nace suelto como un verso. Esto es la condición de toda ontología del riesgo de la razón y de la razón del riesgo. Riesgo, incertidumbre, des-fundamento, ausencia, nada unido y todo suelto. Todo suelto. Lo uno ya no supera ontológicamente a lo múltiple.  Lo múltiple ya no se simplifica y reduce a una agregación de las partes para reverenciar a lo Uno del todo. No hay pues conjunción asegurada, que asegure nada, ni parte alguna. Todo se desmigaja, todo se cae por el camino, y se nos pierde. El Ser parece ser una vasija agujereada que no sólo nunca se llena sino que lo pierde todo por el camino. Todo es inseguro y singular. No hay, por último, “contexto cuyos bordes todavía serían determinables”. No hay “determinabilidad” cierta, ni determinación identificadora. Ni materialismo mecánico, ni metafísica animista.
Antes, en el viejo mundo de la plusvalía, todo contexto requería una identidad, un conjunto, una conjunción de signos que girasen alrededor de un núcleo: el metal precioso en las sociedades del capital sólido y la explotación del trabajo ajeno en las sociedades del capitalismo líquido. Capitalismo del sólido metal como referente del valor, atesoramiento, tesoro, thesaurus, como en el modelo primitivo del átomo. Pero ahora, en este nuevo logos del capital, el presente ya no actúa de núcleo centrípeto de los significados de la producción. Ya no gira en torno a la explotación (tasa de plusvalía) sino que flota en una atmósfera gaseosa ingrávida del gas financiero y su tasa de interés.
Pero además, el “contexto” si lo hubiere también habría perdido esos bordes determinables. No hay pues determinación posible, de lo que es idéntico y de lo que es diferente. Todo es capital, en el interés. Solo hay capitalización financiada. La producción, el trabajo, ha sido desplazado. El capitalismo actual es solo “tokós” que se basta a sí mismo en su interior, para diferirse, para diferenciarse-de-sí. La prima de riesgo o la tasa de interés, son las espectrales formas de la differance. El principio de identidad capitalista o el de la diferencia obrera, están también fuera de quicio. Pura de-construcción de la metafísica, en este primer fragmento del texto-conferencia, de Derrida.
Cuando Derrida relee el Manifiesto Comunista, al cabo de muchos años, se da cuenta de que lo escribe Marx, no es “fantasma” sino “espectro”. Pero Marx se refiere a: “Un espectro asedia Europa: el espectro del comunismo”. Y es ahí, donde Derrida se siente como Hamlet.  Hamlet, en el acto I, escena V, también todo comienza con la aparición de un espectro. Derrida, siente la reaparición del padre, bajo la forma de espíritu: Marx también aparece así ante los ojos de Derrida. Como aparecen todos los metafísicos de antaño, que para Derrida-Hamlet, son calaveras, son cráneos (incluso el de Leibiniz; Derrida cita entre ellos el de Leibniz): “Y este otro cráneo es el de Leibniz, que soñó con la paz universal. Y aquél fue Kant qui genuit Hegel qui genuit Marx qui genuit... Hamlet no sabe muy bien qué hacer con estos cráneos”.[xi]
Hemos de hacer caso a Derrida, cuando distingue dos figuras distintas: el fantasma y el espectro. Derrida, quiere asegurar que el espíritu encarnado no es el espectro aparecido. Hegel no teoriza en su Lógica de espectros sino de espíritus y fantasmas. Creo que Platón, cuando dice sombras, habla de fantasmas pero nunca de espectros. Los espectros están al otro lado del espejo de la representación, al otro lado del espejo de la conciencia como reflexión, como metafísica del concepto. Si el fantasma es a Hegel, el espectro es a la deconstrucción. El espectro es Derrida y también Baudrillard. Lo de Baudrillard es el espectro bajo la semiótica, lo de Derrida es el espectro bajo la ontología. Derrida habla como solo lo hace él: “El espectro se convierte más bien en cierta «cosa» difícil de nombrar: ni alma ni cuerpo, y una y otro. Pues son la carne y la fenomenalidad las que dan al espíritu su aparición espectral, aunque desaparecen inmediatamente en la aparición, en la venida misma del (re)aparecido o en el retorno del espectro”.[xii] Yo pienso, que el espectro tiene pneuma, mientras que el fantasma tiene ánimus. Las curas de uno y otro requieren médicos distintos. Pero dejemos aquí, a Derrida, en esta complicada psikegnesia. El nuevo premio nobel  (Robert Shiller) de Economía dijo recientemente: que las burbujas del capital financiero son enfermedades mentales de esta nueva sociedad. Creo que a las burbujas financieras (del capital gaseoso) podemos llamarlas enfermedades del pneuma-financiero. Si la sobreproducción fue una enfermedad del animus capitalista de la explotación, el sobreendeudamiento es la enfermedad mental del pneuma capitalista de la financiarización.
Es difícil hablar de algo como el espectro. Es difícil no solo para la filosofía…Es ciertamente un innombrable. Es la Cosa. Si es difícil para la ontología de Derrida, cuán difícil puede ser para la Economía ontológica. Así que diremos de entrada que: el espectro es el capital-deuda, el capital-financiación o el capital-gaseoso, con su tasa-de-interés que es su razón diferencial o differance. La differance es la que mueve, y es movida por una mano-con-párkinson en los mercados de deuda. Ya lo hemos dicho. La Cosa o el Espectro de Marx es aquello que ha tomado el lugar del rey, que lo ha desplazado o asesinado para usurpar su lugar: el capital financiero y la tasa de interés en Economía y la deconstrucción y su differance en Ontología. Es el tío Gilito o el capital financiero. Pero en términos hamletianos, es el tío Claudio. El Rey Hamlet fue el capital industrial, el materialismo dialéctico, la razón metafísica basada en el principio de identidad, su negación y su tercer momento de superación. El padre rey fue el trabajo, la producción y su reino la teoría del valor-trabajo y el concepto de plusvalía. Todo ese mundo u ontología de la producción ha sido asesinada, como el rey en Hamleth. El fantasma del rey se presenta pero como Marx, de modo metafísico. Cuando la verdadera aparición es la espectral, la del capital gaseoso y la economía de la deuda. Marx fantasma cuya reaparición solo quiere advertirnos de la venida del espectro: el Capital Ficticio.
Derrida dirá del espectro como lo innombrable: “He aquí -o he ahí, allí- algo innombrable o casi innombrable: algo, entre alguna cosa y alguien, quienquiera o cualquiera,… esta cosa que nos mira viene a desafiar tanto a la semántica como a la ontología, tanto al psicoanálisis como a la filosofía”[xiii]. ¿Por qué es desafiante? Porque el espectro, es el diferenciante,  la razón-diferencial, que no es analizable bajo la lógica de la dialéctica, ni  de la tradición metafísica de milenios de historia. Es desafiante a la razón, por eso mismo. El extraño descubrimiento del cálculo infinitesimal también desafió a la Razón Ilustrada.  Leibniz desafía a Hegel. Produce una “espectral disimetría” que desincroniza, y que nos remite a la anacronía. Para Derrida, “llamaremos a esto el efecto visera: no vemos a quien nos mira”.
Asociar este espectro ontológico de Derrida, con algo semejante o en relación a la Economía política y al Capital, les puede parecer chocante. Pero es que así lo afirma el mismo Derrida: “lo que distingue al espectro o al (re)aparecido del espíritu, incluso del espíritu en el sentido de fantasma en general, es una fenomenalidad sobrenatural y paradójica, sin duda, la visibilidad furtiva e inaprensible de lo invisible o una invisibilidad de un algo visible, esa sensibilidad insensible de la que habla El Capital -nos ocuparemos de ello- a propósito de un cierto valor de cambio: es también, sin duda, la intangibilidad tangible de un cuerpo propio sin carne pero siempre de alguno como algún otro”. La teoría del capitalismo gaseoso, no pretende sino dar muestra de esta fantasmática ontología del capital ficticio, que es como la fenomenología espectral en Derrida en una era semiúrgica de los simulacros según Baudrillard.




[i] Negri, Antonio. “La sonrisa del espectro” . En: Michael Sprinker (ed.), “Demarcaciones espectrales. En torno a Espectros de Marx, de Jacques Derrida”. Akal, Madrid, 2002.
[ii] Derrida, Jacques, Espectros de Marx, El Estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva Internacional, Editorial Trotta, Madrid. 1995.
[iii] Negri, Antonio. “La sonrisa del espectro” . En: Michael Sprinker (ed.), “Demarcaciones espectrales. En torno a Espectros de Marx, de Jacques Derrida”. Akal, Madrid, 2002.
[iv] Shakespeare. “Hamlet”, final del Acto I, escena.V.
[v] Derrida, De la Gramatología, ver “Lingüística y gramatología”, págs..71-ss. En Of Grammatology
[vi]Negri, Antonio. “La sonrisa del espectro” . En: Michael Sprinker (ed.), “Demarcaciones espectrales. En torno a Espectros de Marx, de Jacques Derrida”. Akal, Madrid, 2002.
[viii] Marx, K. El Capital, Tomo III sección V, CAPITULO XXII. DIVISION DE LA GANANCIA. TIPO DE INTERES. CUOTA “NATURAL” DEL INTERES
[ix] Marx, K. El Capital, Tomo III sección V, CAPITULO XXII. DIVISION DE LA GANANCIA. TIPO DE INTERES. CUOTA “NATURAL” DEL INTERES
[x] Derrida, Jacques, Espectros de Marx, El Estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva Internacional, Editorial Trotta, Madrid. 1995.
[xi] Derrida, Jacques, Espectros de Marx.
[xii] Derrida, Jacques, Espectros de Marx.
[xiii] Derrida, Jacques, Espectros de Marx.

3 comentarios:

  1. La teoría marxista del capital, me recuerda en demasía a la Teología Cristiana.

    El triángulo de FE, ESPERANZA y CARIDAD que es el logos del cristianismo,
    se traduce en un MARXISMO que tiene FE en el TRABAJO o PRODUCCIÓN,
    tiene ESPERANZA en el SALARIO y CARIDAD en las MERCANCÍAS.

    ResponderEliminar
  2. Decía el mismo cristiano, el Maestro Pedro Sánchez Racionero de la Santa Iglesia de Toledo, en el año 1589:

    "Es el virtuoso trabajo, el empleo y mercadería de esta tierra, cuya paga se libra para el banco del cielo..."

    ResponderEliminar
  3. Dice el Maestre de Toledo:
    "Mas ay de aquellos hombres holgazanes, que habiendo nacido para trabajar, como dice Job, {Iob. 5} se dan a la ociosidad (madre de todos los vicios, y enemiga de todas las virtudes) y en lugar de trabajar en santos y loables [vii v] ejercicios, buscan el falso descanso, con el cual se hacen infructuosos, y desaprovechados, como la tierra que no se labra, ni anda encima de ella la reja, ni el azadón, la cual, no lleva otra mejor cosecha, que cardos, y espinas, que es la maldición que echó Dios a la tierra, por el pecado del primer hombre, avisándole, que si no la labrase, y trabajase en ella, no llevaría sino este fruto".


    Y se olvida de aquel peral que da frutos sin ser regado, sin ser trabajado, que se reproduce a sí mismo, como aquel "tokos" griego, como aquel ente paraphysico de Aristóteles, como el mismísimo Capital Ocioso de Marx que se sale del círculo de la physis y se convierte en Capital Ficitico.

    ResponderEliminar

rillenri@gmail.com