05 septiembre, 2013

Leibniz contra Irving Fisher.


Toda empresa es una mónada.
         Toda empresa es una mónada o funciona como una mónada del siglo XVII. La actividad empresarial se estructura como lo hace una mónada filosófica leibniziana. El empresario es un capitalista inmerso no ya en el mundo de la producción, sino en el mundo de la financiación.
         El capitalista ya no es equivalente al industrial. Puede ser más, es más. Depende de su actividad empresarial y de su capacidad emprendedora para iniciar proyectos económicos de todo tipo. Y todo proyecto debe ser financiado.
         La mónada crea conceptos como la empresa crea proyectos empresariales. Ambas deben remitirse a un espacio infinitesimal de fenómenos que inciden perceptivamente en la mónada-empresa. Ese espacio fenoménico a percibir es como un conjunto (polvo) de Cantor. El espacio es infinitesimalmente subdivisible y granizable hasta el infinito. Es un espacio que constantemente se diferencializa respecto a sí mismo. Es el espacio del dinero-deuda que se representa como un conjunto de infinitesimales subdivisibles en elementos sub-múltiples. ¿Cómo sucede esto? Pensemos en el espacio constituido por el mecanismo generador de financiación en un escalado de subfinanciaciones sucesivas y submultiplicadas. El dinero no se define según la masa monetaria y sus M1, M2, M3… El dinero-deuda es una matrioska de emes (M) con infinitos subíndices.
         Pensemos en la emisión originaria del Banco Central de dinero-deuda, a través del mecanismo inorgánico de creación de dinero. El dinero-deuda comienza a fluir y comienza a vibrar, al mismo tiempo que subdividiéndose se multiplica. gran paradoja, subdividiéndose la línea en puntos se multiplica su infinitud. Bien. El banco central crea dinero-deuda de la nada y lo pone en vibración al mercado, a través de los Estados. Por otro lado, los bancos comerciales toman dinero-deuda del banco central y a su vez lo prestan a organismos varios, particulares y empresas. Pero toman y prestan en base a un proceso de subdivisión múltiple que multiplica a su vez el dinero. Debido al minúsculo coeficiente de reserva fraccionaria. La condición existencial de una reserva fraccionaria provoca y saca a la luz la figura de un “multiplicador monetario” por el cual el banco puede volver a crear submúltiplos del espacio-financiero-intinitesimal. Se crea otra vez, ex-nihilo, pero infinitesimalmente, lo que conduce al aumento de la masa monetaria.
         Pero ¿se puede entonces, seguir llamando masa monetaria a ese espacio infinitesimal de creación ex-nihilo o cantoriana de dinero-deuda? Respondo ahora: no. No se puede seguir llamando a eso, “masa” monetaria sino que debería ser más apropiado y ajuste con su naturaleza fenoménica, denominarlo como ¡moles monetaria!.
         El dinero-deuda es dinero termodinámico, no mecánica newtoniana. Es un flujo en régimen turbulento y gran velocidad de paso. No es un flujo en régimen laminar. El coeficiente de Reynolds de la Economía nos lo dice: la ecuación de Fisher como ejemplo, nos introduce en este nuevo régimen de altas velocidades de la “moles” monetaria que genera mercados o espacios en condiciones de turbulencia. La economía pensada por la Escuela de Chicago junto a Lord Keynes y contrapuesta a la escuela austríaca, es la que da más explicaciones teóricas a este fenómeno de la velocidad alta de circulación del dinero.
         Pero ellos, los de Chicago, se remontan a J.S Mill (1806-1873). Quien ya enunció desde una visión monetarista, que hay una relación directa entre los precios de las mercancías en los mercados de producción y  la cantidad junto a la velocidad de circulación del dinero. Concretamente la fórmula que relacionaba precios de mercancías y precios del dinero, es la ecuación de Irving Fisher (1867-1947), que representa una equivalencia entre la masa monetaria por la velocidad de circulación y los precios de las mercancías por las cantidades vendidas.
         Pero esta ecuación de intercambio o de equivalencia que plantea Fisher, concibe el problema en términos newtonianos: masa por velocidad. Sin embargo dijimos que la emisión inorgánica de dinero era el generador de un espacio infinitesimal y multiplicador en submúltiplos de dinero-deuda, de créditos financieros. Esta naturaleza creadora del dinero-deuda se ajusta a la naturaleza de “moles monetaria”, ya no de “masa monetaria”. Y la mole monetaria implica una fenomenología física de comportamientos termodinámicos del dinero. El dinero-deuda es el capital gaseoso, no el capital líquido. Se ha repetido muchas veces. De aquí, que no sea sustancial la fórmula de Fisher para nuestra naturaleza del espacio-de-financiación matemáticamente infinitesimal y físicamente termodinámico. La formulación de la masa por la velocidad, no nos sirve ahora. En todo caso, podría ser moles por velocidad al cuadrado, que es lo mismo que decir: moles monetaria por aceleración. El problema es cómo se acelera la expansión monetaria del dinero-deuda en el capitalismo gaseoso. Y no: a qué velocidad circula el dinero-líquido en el capitalismo líquido.
         Irving Fisher parece que plantea el problema en estos términos: si mi ecuación teórica es cierta, entonces la realidad económica debe doblegarse ante mi teoría. Él parece, aquí, mantener una pose típicamente hegeliana: lo racional es lo real. Esta intención de Fisher se revela en el hecho teórico de que la realidad no se adapta a su formulación teórica, por ejemplo observándose el fenómeno descrito como “efecto Fisher”. Sucedía lo mismo, con el ideal de la escuela austriaca: no puede degradarse la liquidez de los bienes y descordinarse el encalce de plazos subsumido en un círculo de la liquidez que era el flujo circular de la renta.
        Entonces el creador de la razón teórica, propone una solución consistente en que la realidad debe ser cambiada para adaptarse a la ecuación de equivalencia. Fisher propone entonces, que los depósitos de cuentas corrientes estén respaldados según un coeficiente de caja del 100%. Esto es, como querer suprimir el multiplicador bancario monetario. Que es como querer eliminar la naturaleza fenomenológica del dinero-deuda (gaseosa del capital), o eliminar la realidad ante nuestros ojos.
         Leibniz en su teoría sobre las mónadas y el universo, identifica la llamada “materia primera” con el término latino “moles” y no con el término de tradición cartesiana “massa”. Leibniz cartea mucho, y en esas cartas siempre hay las cosas más interesantes. Por ejemplo qué piensa de esta materia-mol opuesta a la materia-masa: “Quid enim aliud Aristoteli materia prima est, quam iners moles sine motu, et per consequens, si omnia plena sunt, sine figura? Motus materiae ab intelligentia est; id est, Deo; figura a complexione motuum orta, ipsam partium dispositionem complectitur, quam nihil prohibet intimam primamque corporis formam appellare. Haec forma educitur e potentia materiae. Phrasis enim haec, dura vulgo visa, positis his principiis facile explicatur. Formam enim educi ex potentia materiae, nihil aliud est, quam ex hoc materiae motu, ex hoc partium situ hanc totius figuram oriri”[i]
Mi latín es deficiente pero se entiende bien qué quiere decir Leibniz, cuando se refiere a una materia, de tradición aristotélica, que se piensa en términos de masa inerte, cantidad que es movida por otro exterior a ella. Leibniz está hablando de la “masa” de Newton y sus fuerzas inerciales. La inercia de aquella masa conlleva un mecanismo de fuerzas inerciales alrededor de la gravedad. La masa y la gravedad, hacen el peso. Pero Leibniz no quiere usar ese concepto de masa, gravedad y peso. Sino el de una “mole” molecularizada como si fuera una masa de gas.
       Por mi parte tampoco quiero usar la “masa monetaria” de Fisher, de los monetaristas newtonianos con su formulaciones keynesianas que parten de Stuart Mill. Ni con los chicos guapos de la escuela de Chicago, ni con los chicos listos de la tradición austriaca. La masa monetaria es una “mole monetaria” molecular, termodinámica y diferencialmente infinitesimal.  Es aquella “molecularidad de masa” en la que la mónada leibniziana ha de crear y crearse un proyecto empresarial de vida. Es la misma moles monetaria, en la que toda empresa ha de crear sus conceptos, sus creaciones, sus proyectos de inversión, siempre parciales pero que expresan el mundo entero.
       Por eso, los intelectuales de la economía (economistas de aula y de teoría) nunca se convertirán en mónadas, pues ellos ven el mundo a través de la “masa monetaria”. Son los empresarios y emprendedores los que perciben el espacio de financiación, como "mol gaseosa" y como "polvo de Cantor", a través de su mónada empresarial.

Otro día, prometo contar porqué esta mónada-empresa del siglo XXI, paradójicamente, no tiene ventanas.

[i] Leibniz:  Carta III enviada a Jakob Thomasius, el 26 de Septiembre de 1668.

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