20 septiembre, 2013

La mano invisible y la mano con párkinson.


El mercado está guiado por una “mano invisible” según Adam Smith[i]. Es la mano de la autorregulación o de un resultado de la tensión de fuerzas: la oferta y la demanda. La tijera produce puntos de corte, que son los puntos de equilibrio del mercado.  Es la mano de Eros, daemoón  semidivino, que media entre lo humano y lo divino la que guía invisiblemente, a los hombres, a través de sus deseos, como de sus intereses personales y de la satisfacción individual de las necesidades.
Por el contrario según el pensamiento comunista, el mercado debe regularse o reglarse por una mano estatal, bajo la mano de un pantocrátor que juzga el valor de cada bien e impone las leyes del intercambio, a través de la planificación desde las alturas. Es la mente divina, de un estadista, sea éste un dictador o un partido, planificador de la producción, que asigne los recursos disponibles y la distribución de los bienes producidos.
Si los liberales ven en el daimónico Eros a esa mano invisible del mercado,  los comunistas verán en Zeus, al dios que todo lo ordena o todo lo planifica desde el cielo y que no duda, en lanzar su rayo sobre aquellos  individuos poseídos por la hybris, que intentan desafiar a los mismos dioses que se sientan en las tronas del Olimpo-gobierno. Este dios que gobierna el Olimpo, no permitirá que ningún hombre pueda ser más feliz que los dioses mismos.
Esos hombres liberales, o llenos de hybris, serán castigados y quemados con el rayo que Zeus porta en su mano. Y para explicar tal condición existencial, los griegos inventaron el relato trágico a modo de enseñanza, para aquel o aquellos individuos humanos que se sientan tan poderosos, como para desafiar al gobierno del Olimpo o a la jefatura del Estado.
Por norma, el agregado de individuos se deberá  a los intereses del conjunto de la sociedad. O por normalización, la suma de individuos productores se deberá inclinarse ante las necesidades planificadas por el Estado, no sólo en el arte de la tragedia de Sófocles y Esquilo, sino también en la filosofía política de la república-estado de Platón. Eros por el contrario, simbolizará la coordinación espontánea fruto de la tensión de fuerzas entre el encuentro y el desencuentro erótico entre ciudadanos, en la plaza del mercado.
Estas dos orientaciones son señaladas por A. Tocqueville, cuando afirma: “Del siglo dieciocho y de la revolución, como una fuente común, surgieron dos corrientes: la primera condujo a los hombres a las instituciones libres, en tanto que la segunda los acercó al poder absoluto”[ii].
No es lo mismo tratar al individuo por igual, que tratar de igualar a los individuos. Esta es la máxima liberal que a partir de Tocqueville, trata de separarse de una colectivización impuesta. Respecto a la tradición liberal, es el propio Hayek quien se reconocerá heredero de un individualismo afín a la teoría subjetiva del valor de Menger,  que agrupa a pensadores como: Locke, Mandeville, Hume, Adam Smith, Burke y el propio Tocqueville. Distanciándose de otro individualismo más salvaje, que correspondería según Hayek, a la escuela de Rousseau.[iii]
Para esta tradición liberal fundada sobre el individualismo de Adam Smith, tal como afirma el propio Hayek: “no hay otra forma para llegar a una comprensión de los fenómenos sociales si no es a través de nuestro entendimiento de las acciones individuales dirigidas hacia otras personas y guiadas por un comportamiento esperado[iv]. Este individualismo se apoya en el principio de la “colaboración espontánea” de hombres libres, capaz de generar más bienestar económico “que lo que sus mentes en forma individual pueden llegar a abarcar por completo”.[v] No solamente esta posición pretende distanciarse de la tradición colectivista, sino que también lo separa intelectualmente del individualismo roussoniano, que según Hayek, está influenciado por el racionalismo de Descartes.  Por supuesto, en contra de Hayek, yo no veo que en Rousseau hayan influencias decisivas del racionalismo cartesiano, pero esto es otro debate. 
Hayek incide en la distancia que le separa de un pensamiento pseudo-individualista,  tildado de falso individualismo y de origen racionalista- mecanicista cartesiano, que piensa al hombre y a los animales como máquinas o mecanismos más propios de la física de los sólidos, que de una psicología humana.  Más bien, Hayek señala la necesidad de reconocer las limitaciones de una mente y de una razón moderna mecanicista y/o racionalista en el sentido de la físis mecanicista. Él considera que la Modernidad y su razón, llamada ilustrada, ha sido un error epistemológico y cultural. De ahí que titule uno de sus libros como “la fatal arrogancia” (The Fatal Conceit: The Errors of Socialism).[vi] El individualismo de Hayek afirma que la sociedad (el todo) es más grande que el individuo (la parte), siempre y cuando exista libertad individual. Por el contrario si la sociedad está controlada, dirigida y coartada de libertad, los individuos quedan subordinados a la razón de Estado. Vemos como Hayek, identifica la razón-de-Estado con el estado-de-la Razón.
Es por ello que Hayek se encuentra a gusto, en la siguiente definición: “El planteamiento antirracionalista, que no considera al hombre como un ser inteligente y racional sino como un ser irracional y falible, cuyos errores individuales son corregidos sólo en el curso de un proceso social, y que aspira a sacar la máxima utilidad de un material muy imperfecto, es probablemente la peculiaridad más característica del individualismo inglés.”
Este planteamiento de Hayek, tiene como referencia el pensamiento que Bernard Mandeville mostró bajo la forma de fábula, en “The Fable of the Bees” (1728). Se trata de una teoría antirracionalista de los fenómenos sociales. Por lo tanto, vemos en Mandeville y en Adam Smith, las dos fuentes comunes a la tradición liberal, que parte de un pensamiento cuya forma toma el carácter de un individualismo asociativo y espontáneo.
El otro gran apoyo sobre el que se sustenta el individualismo liberal de Hayek, es el de Adam Smith. Expuesto en “La Riqueza de las Naciones”. Un mundo en el que la sociedad, espontáneamente, creará riqueza y bienestar con independencia de si sus actores son sabios, necios, buenos o malos. El resultado de la interacción libre o de las relaciones sociales entre individuos libres, será siempre más positivo que si algún sabio o algún consejo de sabios buenos, lo planificara.
Hayek y el liberalismo contemporáneo, concibe el mercado como un espacio de regulación, pues sí aceptan la exigencia de normas o regulaciones que sirvan de guía a los individuos. No dejando espacio alguno, para conductas anarquistas. Todos son libres pero con las mismas reglas de juego del mercado, que suelen cristalizarse  en los mercados competitivos perfectos. El mercado competitivo deberá crecer desde un principio fundamental de derecho: la propiedad privada. De modo que el sistema liberal se basa en dos postulados: el Estado de Derecho (a la propiedad privada) y el Mercado de Hecho (la competencia libre).
Se reconoce así, que la sociedad es el resultado de un sistema de relaciones de producción y de intercambio, un sistema complejo no reducible a una estructura mecanicista, en el que “los efectos de la acción de cualquiera van más allá de su posible rango de visión, el individuo tiene la necesidad de someterse a las fuerzas anónimas y aparentemente irracionales de esa sociedad.”[vii]
         De tal modo que al individuo solo le quedan dos situaciones existenciales, económicamente: someterse a las reglas del mercado y su razón, no siempre inteligible; o someterse a la voluntad del Estado y su razón planificadora racional y mecánicamente.
         Hayek advierte que el individuo teórico, especulativo, puede rebelarse  frente a la economía del libre mercado, pretendiendo alcanzar un estado ilusorio dado por un sistema determinista de planificación, como el de la economía socialista y comunista. El Estadista hecho economista, puede pensar en teorizar sobre planificaciones a largo plazo de la economía. Y concluye dirá: “Mientras conozca sólo la dura disciplina del mercado, bien puede encontrar preferible ser dirigido por algún otro cerebro humano inteligente; pero, cuando lo intenta, pronto descubre que lo anterior le dejaba por lo menos una opción, mientras que la última no le deja ninguna, y que es mejor tener una opción entre varias alternativas desagradables que ser obligado a elegir una”.[viii]
         El problema radica en saber qué entienden los liberales como Hayek y la escuela austriaca, por la idea de orden “espontáneo”. En este sentido el propio Hayek reflexiona sobre el concepto de “equilibrio”:
“The concept of order, which I prefer to that of equilibrium, at least in discussions of economic policy, has the advantage of allowing us to speak meaningfully about the fact that order can be realized to a greater or lesser degree, and that order can also be preserved as things change. Whereas an equilibrium never really exists, one can nonetheless justifiably claim that the kind of order of which the “equilibrium” of theory represents a sort of ideal type is realized to a great extent.”[ix]
         Prefiere hablar de “orden espontáneo” que de “equilibrio”. Pues, dice, que el “equilibrio” equivale a un ideal teórico a alcanzar como una meta, que no debe confundirse con un equilibrio dinámico por procesos de retroalimentación y ajuste que dan cuenta del carácter espontáneo. Esta idea de Hayek recuerda a la de Joan RobinsonHayek hace referencia a una cita de G. Hardim[x]: “Indeed, as even well-informed biologists are now aware long before Claude Bernard, Clark Maxwell, Walter B. Cannon or Norbert Wiener developed cybernetics, Adam Smith perceived the idea just as clearly in his Wealth of Nations. The “invisible hand” that regulates prices appears to express this idea. Smith says in essence that in a free market, prices are determined by negative feedback.”
Es crucial esta cita que usa Hayek para mostrar como los liberales piensan este ajustamiento mutuo entre individuos… This mutual adjustment of individual plans is brought about by a process that we have learned to call negative feedback ever since the natural sciences have also begun to concern themselves with spontaneous orders or “self-organizing systems.”[xi]
Hayek cita a Adam Smith junto a científicos como Maxwell (el del demonio termodinámico), Norbert Wiener (el fundador de la cibernética, pero también el Norbert Wiener que teoriza el proceso estocástico continuo). Esto es muy significativo, si se pone en contacto con el concepto más adelante citado de “sistema auto-organizados” o sistemas autopoyéticos de Talcott Parsons o de Varela y Maturana. Se dan cuenta, está hablando de complejidad de sistemas  al mismo tiempo que habla de procesos aleatorios estocásticos más o menos determinables, como el proceso de Wienner sobre el movimiento browniano. Es pura teoría de sistemas termodinámicos… ¡eso es el mercado! del capital gaseoso. Pero no el del capital líquido.
 El propio Hayek reconoce en su escrito “Economía y Conocimiento” de 1948, que: Un problema realmente central de la economía (…) es cómo la interacción espontánea de un número de personas, cada una poseyendo solamente partes de conocimiento dan como resultado un estado… que podría ser obtenido por acción deliberada solamente por alguien que poseyera el conocimiento combinado de todos estos individuos”.[xii]
Por un lado Hayek apela al concepto moderno de “invisible hand” de Adam Smith y por otro, se vincula a la postmoderna visión de los sistemas complejos, que podemos encontrar en el concepto de “self-organizing systems” o de “cybernetics systems”. Esta idea general de sistema complejo auto-organizado la podemos encontrar en la teoría de sistema de Talcott Parsons y los sistemas auto-poiéticos o en la teoría de biólogos como Bertalanffy, Varela y Maturana. Tal idea de lo que pueda ser un mercado, mantiene vínculos con el planteamiento conceptual de  Ulrico Beck sobre la teoría de una modernidad reflexiva, si entendemos ésta como un análisis social de la teoría más general de sistemas que se auto-observan o de los sistemas que tratan de reducir su complejidad a través de la observación de segundo orden…observando al observador.
Todas estas ideas de Hayek, en1945,  inducían a romper con la idea clásica de sistema, entendido como dualidad diferenciada entre sistema aislado y su entorno. Del mismo modo, que permitían pensar el mercado o el sistema económico como un sistema auto-poiético que se auto-observa en una observación de segundo orden, y en el que no se distingue ya nítidamente de su entorno por su exceso de complejidad relacional. Hemos hablado del problema del mercado, bajo la cuestión termodinámica de los movimientos aleatorios moleculares, que se comportan como un gas no ideal. Pero también podemos hablar del mercado como ordenador o computadora.
El “ars computandi”, es el problema desde lo cibernético, que tratará tanto de probabilidades, como de complejidad. Cómo el sistema, a través de un feed-back o un proceso de intercambio y comunicación de señales con su entorno, puede reducir el ruido de fondo. Hayek está pensando en términos de sistema cibernético, que funciona por un proceso de retroalimentación negativa. Es negativo porque se basa en la retroalimentación de las frustraciones (disappointment of expectations) de los agentes. Parece que el mercado y el funcionamento de la mente, se debiera ahora pensar como una “caja negra” que recibe y emite señales en relación a un entorno. Pero a esta idea, acude una primera dificultad: si es una caja negra cerrada, no puede al mismo tiempo afirmarse que la frontera entre entorno y sistema está diluida debido a un proceso de indiferenciación del medio o entorno respecto a un sistema. Lo que sí tiene más sentido, es creer que ese sistema clásico cerrado, se convierte ahora en un sistema abierto que solo puede ser pensado como un sistema-red de conexiones, y no como una caja negra cibernética. Pero esto sería parte de un análisis más complejo, que aquí no nos podemos permitir.
Lo cierto es que Hayek piensa en el mercado como un sistema de orden espontáneo, en el que no hay fines ni objetivos dados a priori. Entonces podemos pensar, en que esta idea de mercado elimina el sentido teleológico del proceso económico-social. En un análisis más general, podemos pensar en que para Hayek, la Historia (económica) no tiene un fin u objetivo predeterminado y que dicho tiempo historicista de tradición ilustrada, en la que la Historia era la linealidad de un progreso científico-técnico, pierde sentido. Ese tiempo lineal de la Historia, diría que hegeliano, es sustituido por un tiempo-sin-linealidad en la sociedad-de-mercado, gobernado por una “mano invisible” que hace de lo espontáneo su motor temporal.
Un Eros liberal, introduce el tiempo circular de la physis, en la linealidad hegeliana de un plan preconcebido por el Estado comunista. ¿Por qué es cíclico?, porqué la teoría liberal habla de ciclos senoidales, pero al mismo tiempo porque el proceso económico es un ciclo circular de rotaciones, del capital líquido. Pero ese Eros cíclico, no sirve ya para expresar el amor o cohesión molecular en un mercado de capital gaseoso. La sinuidosidad de los ciclos en el capitalismo líquido, se vuelven rugosidades singulares en la curva de valor, del capitalismo gaseoso. La naturaleza es irregular como las funciones matemáticas lo son. No hay curvas lisas en la naturaleza, como tampoco en los mercados de capital gaseoso.
Hayek pretende alejarse del concepto de “equilibrio” sistémico que lo acercaría demasiado a un sistema teleológico y mecanicista propio de la razón  clásica nacida con la Ilustración, pero también para alejarse de la razón neoclásica nacida en la idea de un mercado  pensado por la microeconomía de los mercados y definido por un espacio cartesiano que dibuja las dos funciones y fuerzas: oferta y demanda. Donde el punto de corte es un punto de ese equilibrio ideal e idealizado por los neoclásicos. La matemática algebraica de las matrices Insumo-Producto y el modelo de input-output de Leontieff (1973) son las herramientas del álgebra matricial usadas en el análisis de ese ideal equilibrio, de las que cabe alejarse según esta perspectiva hayekiana del mercado. Pues el mercado es un equilibrista inestable que no sabe cuál es el final del trayecto, o no conoce donde le conduce la misma cuerda. Es lógico que Hayek critique también las visiones sobre el mercado tanto de los fisiócratas, como del mismo Quesnay (Tableau Économique) como del propio Marx, o de Leon Walras, en los que Leontief se inspiró. También podemos incluir en esa teoría del equilibrio puro o ideal a teóricos tan dispares como Sraffa (neomarxista) o como Marshall (neomarginalista).
Hayek considera que el análisis del mercado deberá realizarse de abajo-a-arriba y no de arriba-a-abajo. Eso implica descartar cualquier causa final dada a priori, como causa eficiente del equilibrio. La mano del mercado no es una mano-de-pantocrátor cristiano, ni una mano-de-espíritu absoluto hegeliana, sino que se trata de una mano-smithiana que no conduce a la linealidad histórica, sino a un proceso espontáneo de auto-regulación. La mano-de-Smith es la mano-de-la evolución competitiva entre agentes individuales. Es como un proceso de selección natural económico, cuya evolución contradice la visión creacionista de un plan previo.
Hayek define con un poco más de precisión, otra vez a partir de la mano-invisible de Adam Smith, en qué consiste esa espontaneidad: “As Adam Smith realized, the situation is somewhat like agreeing to play a game based partly on skill and partly on luck. The rules of the game ensure that at the price such that each individual’s share is left more or less to chance, the real equivalent of each individual’s share, depending partly on chance, becomes as large as possible. In modern terminology we can say that we are playing a non-zero-sum game whose rules have the objective of increasing the payoff but leave the share of the individuals partly to chance.[xiii] Ahora esa mano-invisible se asocia a la idea de juego-de-suma-distinto de cero, cuyas reglas están entre la habilidad del jugador y la suerte del juego. Si bien se entrevé la noción de azar, Hayek se guarda muy mucho, de afirmar que todo el sentido del mercado es debido a un juego de azar. Hayek aporta otra idea más, cuando afirma que la información completa no es posible: “A mind endowed with full information could of course choose every point on the n-dimensional surface that appeared desirable to him and then distribute as he saw fit the product of the combination he chose”.
En esta misma línea de pensamiento, se debe entender la idea que aporta Michael Shermen en su obra “The Mind of the Market”: “Mas esas instituciones sociales surgen sin necesidad de que nadie las cree desde arriba: son complejos fenómenos emergentes de abajo arriba. Como decía el filósofo escocés Adam Ferguson, la sociedad es el producto de la acción –o interacción– humana, pero no del diseño humano.”[xiv]
Con ello, Hayek evita la idealidad teórica de los mercados perfectamente competitivos, en los que la información plena es la condición a priori de un mercado perfectamente eficiente. Con esta última idea de Hayek, parece que la mano-invisible de Adam Smith comienza a sufrir calambres. Y el eros liberal deja la ciclidad de la físis, para abandonarse en la rugosidad de la naturaleza.
La catalaxia se puede convertir en catalepsia. El mercado espontáneo que se auto-equilibra dinámicamente sin información completa de sus reglas por parte de los jugadores, se denomina “katallaxia”. Término griego para definir el “intercambio” o la “sociedad de mercado” que los griegos usaron para señalar también a esos mercados en las colonias repartidas por el Mediterráneo. Quizás los katallesios de Emporion y Rhodes, en el golfo de Roses, sean propiamente los catalanes/phoecios/phoenicios/púnicos del comercio[xv]. Pero esto es otro asunto.
Lo cierto es que Hayek la recoge de Misses, que en su obra “Human Action” se refiere a este término. Quien a su vez la recoge de una obra de Richard Whately (1838), en la que asocia la “catalacctics” como ciencia de los cambios que obedecen a la idea de “mano invisible” de Adam Smith.
Pero la Katalaxia, de los Katallein, se convierte en catalepsia que es también un término griego “katálipsis”. Traducible como “lo que tiende a la quietud”,  "lo que suspende" o “lo que elimina”. Desde la psicología y la psiquiatría, la catalepsia fue  asociada a episodios de histeria y esquizofrenia. Por eso la catalepsia del mercado, es fabulosa para mostrar tanto la histeria de los mercados como la esquizofrenia del capital. Pero cuando hablamos de mercados, ahora debemos ceñirnos a mercados de capital financiero. Al capital gaseoso (en el caso de la histeria de las tasas de interés y las primas de riesgo) le corresponde el estado de histeria y al capital plasma (en el caso de las acciones bursátiles  y de las opciones) el de esquizofrenia.
La catalepsia también puede deberse  al diabólico “mal de Parkinson” que es una forma vecina del grave trastorno conocido como “epilepsia”.  La katalepsia nos ha conducido a una estructura más profunda, en tanto ésta es un efecto sintomático de la epilepsia reconocida ya por Hipócrates como la enfermedad de los pastores de Libia.
 La inyección de dinero en los mercados financieros, es como una droga que produce catalepsias en el cuerpo epiléptico y en el alma de un capital esquizofrénico. El alma del mercado, ya no será kataléptica al modo hayekiano, sino que se habrá convertido en epiléptica. El mercado epiléptico hace del cuerpo económico, un ser esquizofrénico. ¿Cuáles son esos mercado catalépticos? Los mercados de bienes financieros. Bienes en el sentido global de pasivos y activos. Entidades económicas del capital financiero (pasivos en la estructura de capital) y del capital financiario (activos financieros o inversión en bienes financieros). Capitales gaseosos o pasivos financieros y capitales plasma o activos de inversión financiera. Mercados de deuda guiados por la tasa-de-interés (diferencial financiero) y mercados financiarios guiados por la volatilidad de los títulos que son la expresión más cercana a la catalepsia esquizofrénica.
Hayek no comprendió nunca que los “ciclos” y las rotaciones de liquidez, no son atributos de estos nuevos mercados. Aun reconociendo que los mercados no son perfectamente eficientes, pero sí eficaces a la hora de reducir complejidad  y aun asumiendo que los mercados no son perfectamente eficientes por la imposibilidad de recoger y comprender toda la información disponible.
Al igual que Hayek, tampoco lo comprenden ahora los liberales de la escuela austriaca. Hay otros mercados, que no son cataléxicos, sino epilépticos. Hay mercados que funcionan sin liquidez y por tanto están siempre “descalzados”. No saben de tiempos cíclicos eróticos, sino de arrugas fractales en el continuo.
Por eso se entiende que  afirme, que la Estadística no puede revelar nada de esa mano-invisible smithiana o de ese proceso autopoiético de equilibrio espontáneo. Dice Hayek: “It is an outcome of the market mechanism that someone is induced to fill the gap that arises when someone else does not fulfill the expectations on the basis of which a third party has made plans. In this sense all the collective supply and demand curves that we use so happily are not really data, but rather outcomes of the constantly ongoing process of competition. Thus, statistical information can never disclose to us what price or income changes will be needed to bring about the necessary adjustment to an unavoidable change of the data.[xvi]
Hayek se muestra sincero cuando comenta que le parece increíble que se pueda sostener que alguien pueda determinar la estructura futura del mercado, es decir de los precios futuros en un mercado con catalexia:
it seems incredible to me to hold that we can determine in advance the future structure of a society in which the major problem is still to find out what
kinds of material and human productive forces are present,..Imagínense si Mandelbrot o Taleb, le dijeran ahora a Hayek (renacido) que no solo puede determinarse el futuro de los mercados cataléxicos, sino que también es posible entender los futuros de los mercados catalépticos.
         Dos cosas se pueden decir del posicionamiento de la escuela austriaca entorno a la alma-del-mercado. Por un lado, que si los austriacos piensan así el mecanismo de mercado, esta visión es casi idéntica a la que tienen los neokeynesianos. Éstos junto a los austriacos parecen darse la mano a través de Minsky (considerado neokeynesiano) por ejemplo. ¿Cómo de cómodos o incómodos se sienten entonces los austriacos? Con este acercamiento amoroso hacia sus oponentes más rechazados. El mismo J.R. Rallo habla de él en estos términos: “Hyman Minsky, economista postkeynesiano con grandes intuiciones aunque sin un suficiente armazón teórico…”[xvii] Aunque no sabemos específicamente, a qué “grandes intuiciones” de Minsky, quiere referirse el pensador de la escuela austriaca. Lo cierto que es el pensador de la escuela austriaca, reconoce que el concepto “ponzi” de Minsky es válido para explicar el mercado-de-la-banca que es el mercado-de-capital financiero (capital a préstamo y tasa de interés), cuando afirma que: “Es decir, de entrada la banca constituye el paradigma de deudor especulativo. (…) Sucede, sin embargo, que muchas de las inversiones sufragadas por el alud de crédito artificialmente barato de la banca simplemente se transformarán en inversiones Ponzi que provocarán que, a su vez, los bancos degeneren de estructuras especulativas a estructuras Ponzi.” 
           Minsky (1919-1996) alumno de Schumpeter y de Leontief, es el inventor del concepto “esquema Ponzi”, precisamente creado para elaborar una teoría de los mercados inestables que se construyen a modo de pirámide invertida de deuda y que acaba desembocando en fenómenos muy similares a los de toda “estructura piramidal” en el peor sentido de la palabra.
Por el otro lado, si los austriacos conciben finalmente el mercado como un espacio-tiempo no solo de incertidumbre sino de inestable equilibrio, esto los acercaría  a otras teorías como las de Taleb o incluso como las de Mandelbrot. Teorías que en el caso de Mandelbrot, hacen referencia directa y concreta a la Matemática Estadística y su aplicación econométrica, tan denostada por los mismo austriacos. Cosa que hace que me pregunte si realmente entonces, pueden seguir afirmando o sustentándose, sobre una teoría del valor apoyada en el marginalismo subjetivista de Menger y sus grados de liquidez.
 Podemos creer que los austriacos empezando por el mismo Hayek, confunden o no distinguen claramente las distintas naturalezas del mercado de bienes (o mercancías de producción), del otro mercado de bienes financieros. ¿Por qué no separan estas dos naturalezas del mercado? por qué principalmente consideran que el capital de financiación se puede y se debe pensar como se ha hecho hasta la fecha, según un logos del capital de producción: en términos de liquidez desde la perspectiva austriaca y liberal.
Pero además, porque hasta el propio Hayek confundió la “mano invisible” de la catalexia, con la “mano con parkinson” de los mercados catalépticos. Creemos que está claro, que los mercados-de-productos mercancía funcionan en razón de una catalexia más o menos espontánea, mientras que los mercados-de-productos financieros funcionan en orden a una catalepsia fractal-caótica, más espasmódica que espontánea. No se puede ser Marshall y Minsky a la vez, y parece que eso es lo que los austriacos quisieran ser. O de forma más radical, no se puede pensar el mercado, como Menger, en términos de liquidez y repicar las campanas de los “esquemas ponzi”, como Minsky. Algo falla en la lógica interna del pensamiento liberal austriaco.
 A mi modo de ver, ellos parecen confundir una incerteza del mercado-de-bienes líquidos con una incertidumbre-del-mercado de bienes gaseosos (no líquidos o mercados financieros y financiarios). No es lo mismo, la incerteza de Marshall por ejemplo, con la incertidumbre de Taleb o de Mandelbrot. Y los liberales parecen englobar en un mismo paquete a distintos logos del mercado. Porque precisamente para ellos, no hay distinción entre mercados de producción y mercados de financiación/financiarización.  
Y un claro ejemplo de ello, es que consideran que “la mano invisible” de Adam Smith no difiere de una “mano con párkinson” que mueve los mercados fractales del capital gaseoso. No comprenden que los mercados-de-liquidez no funcionan como los mercados-de-capital gas.
Por eso, Hayek identifica la “mano invisible” de Adam Smith con la idea cibernética de “caja negra” de Norbert Wiener. Pero también podría haber identificado la espontaneidad de la mano-invisible, con la aleatoriedad del camino de un borracho, que es la distribución aleatoria de un fenómeno browniano molecular, en base al proceso estocástico del mismo Norbert Wiener.
         Y esto es el quid de la cuestión. La normalidad de la distribución de los valores y de los precios, en el mercado de bienes de producción guiados por la mano-invisible de Adam Smith, no es la misma que la anomalía distributiva en las “colas pesadas” de los mercados financieros conducidos por una “mano con párkinson”. Los grandes números de la Estadística, no distribuyen el mercado de la misma forma que los pequeños números diferenciales en los mercados financieros.
         Los grandes números son los números grandes, los de la Estadística fundada en la "media aritmética" y la distribución normalizada según un  proceso gaussiano. Son los números de la Estadística, los valores de la distribución o los precios del mercado se distribuyen según el Teorema de Límite Central. Es la Estadística del Estado vinculada a  una distribución de las medias según un parámetro “normal” o gaussiano apoyado en la media aritmética de todos los precios junto a una desviación standart previsible.
         Esta Ley de los grandes números y del teorema central del límite es la propia de la estadística política, de un Estado que planifica, controla y diseña la distribución en el mercado. Se distribuye desde arriba hacia abajo, desde los bureaus estatales de los ministerios hacia los lugares de trabajo de los productores. Es burocrática, pues esta estadística sirve a un conteo del Estado. La planificación del Estado no se entiende sin la Estadística de los grandes números fundada en la ley de distribución Normal (esto tiene implicaciones sociológicas, que Foucault interpreta por el lado del poder disciplinario, donde todo individuo "normal" es un individuo normalizado por el Estado). Pero sin alejarnos del camino económico, volvemos a afirmar que la Estadística es la ciencia matemático social del Estado, que llevada a su extremo se convierte en el "dominio" sobre lo normal (de la función matemática y de la sociedad o del mercado). Es la Estadística de la planificación y de la asignación de recursos por el Estado, que Huerta de Soto describe en “Socialismo, Cálculo económico y función empresarial”. Es lógico que el denominado “misticismo reverencial por la estadística” tenga su origen en el materialismo de Lenin
           Huerta de Soto, señala que precisamente “la palabra estadística tenga su origen etimológico precisamente en el término utilizado para nombrar a la organización por antonomasia de la coacción institucional”.[xviii]  El doctor Huerta de Soto, afirma que la planificación del Estado es el máximo proyecto del Socialismo de Estado (aunque yo lo llamaría Comunismo, porque Marx no creía del todo en un Estado omnipotente y planificador). La idea final de los liberales,  es que la la Estadística de la Ley de los Grandes Números (en ciencia) se corresponde con el proyecto del Estado omnipotente del proyecto Comunista en su afán de "planificador" de la Economía, no dejando nada libre a la acción del individuo (emprendedor). Todo ha de estar Planificado: planeado de acuerdo a la Estadística. Como dice H. de Soto: toda actividad económica de la sociedad ha de estar planificada y organizada como el servicio público de correos.
         Hay una última idea, que sí parece coincidir con los liberales y austriacos. Si aparece la posibilidad teórica de una Economía Política fundada en la planificación-de-la-Providencia del Estado Comunista, existe otra Economía Política (la de Keynes) que conduce no ya a una "planificación de la producción" (desde el marxismo) sino que ahora habla de un Estado que ya no puede "planificar el Orden", sino "estabilizar" el caos. Se sustituye en el lenguaje neoclásico de Keynes y su economía monetarista, el término "planificación" por "estabilización" (toda la teoría keynesiana habla de estabilizar por mecanismos monetarios la inestabilidad del sistema, ya no de producción). La macroeconomía de Keynes es el último intento por dominar el caos financiero, por parte de un Estado que ya no puede planificar la producción, pero sí estabilizar lo inestable (el capital gaseoso en tanto estructura/actividad de financiación), a través de mecanismo monetarios de creación de dinero-deuda nacido de la Nada y de mecanismos-de-control (impuestos en tanto estabilizadores automáticos).
         Pero hemos de considerar otra Estadística, la de los pequeños números, números de las variaciones infinitesimales y de los episodios fractales. La estadística de lo no-normal, lo no normalizado por la teoría central de límite, lo anomal sociológicamente y lo marginal infinitesimalmente. La estadística de los fenómenos que se en las zonas autónomas temporales, en las colas pesadas y largas de la distribución de fenómenos aleatorios. Me refiero a la estadística del caos, la Estadística de los fenómenos aleatorios. Una Estadística que no puede ser ni controlada ni diseñada por el Estado planificador, ni tan siquiera puede ser medida como variaciones del propio mercado en orden a una dinámica en equilibrio guiado por una “mano-invisible”. Una Estadística que no pertenece al lado del espejo que nos incita a reflexionar con buen sentido y con sentido común, sino que se trata de otra Estadística que está al otro lado del espejo, que toma el camino de Alicia en el País de las maravillas. La Estadística pequeña, de un sentido contrario al buen sentido y al sentido común. Si el “buen sentido” es el del Estado socialista/comunista que planifica y controla la asignación de recursos y el precio en el mercado, el “sentido común” es el orden espontáneo del mercado que piensan los liberales y la escuela austriaca.
         Se trata de otro sentido, donde los mercados se rebelan contra la normalidad de los Grandes Números, sean estos del sentido común o del buen sentido, de la Estadística de la economía planificada del Estado o del espontáneo orden de Smith, o del equilibrio dinámico de Marshall. Es otro sentido, que está en el otro lado del espejo: tanto respecto a liberales como a comunistas. Se trata de otra matemática y de otra estadística: la del cálculo diferencial y la de lo aleatorio fractal, que ya no la maneja el Estado como organismo divino de planificación máxima ni la mano-invisible de Adam Smith como sistema evolutivo de reducción de complejidad. No está guiada ni por la providencia divina del Estado, ni por el daimon natural del mercado.
         Es como un caos divino, en el que subyace una armonía (leibniziana) a modo de caosmosis, o de leyes que se esconden en la fractalidad y en el cálculo diferencial, diminutas percepciones diferenciales que tienden a límites portadores de sensación. Son dos tipos de mercado: los mercados-de-lo diferencial y los mercados-de-lo fractal. Los primeros describen la tasa-de-interés bajo las leyes de los pequeños números del cálculo diferencial y la adición marginal en el continuo; con ellos se dibujan monstruos geométricos no diferenciables. Los segundos dibujan bellos fractales en los mercados que asumen la dinámica de los mercados bursátiles.
         Ya no se trata de la Estadística de los estatistas estadísticos de la tradición comunista, ni de la Matemática de los algebraicos matriciales de la tradición neoclasicista más o menos liberal. Tampoco hablamos de los anti-estadísticos austriacos, pues ésta es una Estadística que solo comprenden los centros de cálculo y los algoritmos de ordenador, situados en centros de investigación como el de IBM (Mandelbrot trabajó en uno de ellos) o en empresas de trading, agencias de valoración de riesgos y gestores de carteras de inversión financiera, cuyas plantillas están formadas por matemáticos puros, no por economistas. Estadísticos que manejan la complejidad mediante algoritmos fractales y cálculos diferenciales, para esperar utilidades futuras y evitar riesgos imprevisibles.
         Hay pues dos grandes razones estadísticas, a uno y a otro lado del espejo: la de los mercados de bienes de producción llenos de elasticidad/rigidez  y la de los mercados de bienes de financiación plenos de rugosidad/porosidad. La estadística del orden divino en la que el Estado se personifica en la figura del pantocrátor (que denuncia Huerta de Soto) y la Estadística del desorden divino que subyace en las Bolsas donde miran  los ojos de un dios juguetón: el niño-dios. El niño-dios travieso, que hace que "los mercados se comporten mal" (el subtítulo de Mandelbrot en su libro “Finanzas y Fractales”). Es entonces cuando neokeynesianos y neoaustriacos parecen encontrarse en Minsky[xix], pero aún les falta un largo camino hasta llegar a conocerse en la casa de Mandelbrot. Los mercados se comportan mal, porque hay una mano-con-párkinson, que no tiene nada que ver con la mano-invisible de Adam Smith. Es la mano que tira los dados en los mercados financieros…la misma mano del Dios de Leibniz cuando hace milagros de estadística.




[i] Adam Smith: “Al orientar esa actividad de modo que produzca un valor máximo, él busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en su propósitos”. La teoría de los sentimientos morales (1759).

[ii] Hayek cita Tocqueville, en “Individualismo: verdadero y falso” Friedrich A. Hayek, 1946 , Dublín.

[iii] Friedrich A. Hayek. “Individualismo: El verdadero y el falso”. Finaly Lecture, University College de Dublín, diciembre de 1945.

[iv] Friedrich A. Hayek. “Individualismo: El verdadero y el falso”.

[v] Ibíd., p.7

[vi] Hayek, F. A. (1990). “The Fatal Conceit: The Errors of Socialism”. Capítulo V. London: Routledge.

[vii] Ibíd., p.12

[viii] Ibíd

[ix] Friedrich A. Hayek. “Competition as a discovery procedure”. The Quarterly Journal of Austrian Economics. Volume 5, nº3. Fall 2002: 9-23.

[x] G. Hardin, Nature and Man’s Fate (New York and London, 1959). Mentor Edition,
1961, p.54.

[xi] Friedrich A. Hayek. “Competition as a discovery procedure”. The Quarterly Journal of Austrian Economics. Volume 5, nº3. Fall 2002: 9-23.

[xii]  Hayek 1948 [1937]: 50-51. Revista Libertas XII: 43 (Octubre 2005) .Instituto Universitario ESEADE
www.eseade.edu.ar . Cuestiones del Conocimiento: Hayekk, Keynes y más allá. William N. Butos.

[xiii] Ibíd., p.16

[xiv] Ver artículo de http://juanramonrallo.com/2013/08/donde-esta-la-mente-del-mercado/ y el libro de Michael Shermen. “The Mind of the Market: How Biology and Psychology Shape Our Economic Lives”. Time Books, 2008.

[xv] En uno de mis libros, “C. Marx. En la era del capitalismo gaseoso” desarrollo más extensamente esta idea.

[xvi] Friedrich A. Hayek. “Competition as a discovery procedure”,p.18.

[xviii] Huerta de Soto. “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”. 2.ª edición. 1992. Unión Editorial, SA.

[xix] Keynes's General Theory for Today: Contemporary Perspectives. Editado por Jesper Jespersen v Mogens Ove Madsen. Ed. Elgar Publlishing, 2012. Ver Capítulo VII: “When Keynes and Minsky meet Mandelbrot…”

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