01 julio, 2013

Austriacos y Keynesianos. El gusano libando la flor.(1º parte)


La tradición austriaca falla estrepitosamente, pese a disponer la herramienta conceptual idónea (la utilidad marginal) para entender qué es la tasa de interés. Me refiero a que cae en un grave error, cuando siguiendo la teoría de Bohm-Bawerk sobre la naturaleza de la tasa de interés, explica ésta a través de la preferencia temporal relativa al consumo de bienes en el presente o en el futuro.


Primero de todo, parece que confunden "consumo" con "inversión". Por supuesto que estos teóricos de la Economía, saben distinguirlos conceptualmente, supongo. Pero cuando intentamos comprender, de su manita, qué es la tasa-de-interés y de dónde surge, no podemos aceptar de ningún modo su referencia nuclear al "consumo" en perjuicio del concepto de "inversión". Pues estamos hablando de "tasa de interés".

Porque la esencia del "interés del capital financiero" no viene dada por la relación del capital con los bienes más o menos líquidos de consumo (mercancías con valor de cambio). Ni tan siquiera, tampoco viene dada por la relación  de éste con los otros bienes más elementales, o de orden más básico (en terminología mengeriana) como puedan ser los bienes-de-producción.

Ya que la naturaleza de la tasa-de-interés proviene de su intimidad esencial del capital (y del dinero) consigo mismo. Hay en cierto modo, un narcisismo del capital en su modo de ser-financiero. O si lo prefieren, en terminología de Luhmann, el capital financiero a través de la tasa de interés nos muestra su naturaleza autopoyética. Es un sistema autopoiético, no poético pero sí auto-referencial, como la postmodernidad que diría Baumann entre otros.

Que la naturaleza del capital financiero sea la autopoiésis sistémica, quiere decir que él se basta a sí mismo, sin la necesidad de la mediación de la producción. Sin la mediación consecuentemente de ningún concepto relativo ni a los productos de la producción ni a las mercancías de consumo. Es en este sentido, un capital cuyo logos es antihegeliano. No funciona por un encontronazo dialéctico entre oposiciones del tipo marxista (salario/plusvalía o trabajo/sobretrabajo), por eso Marx lo designó como un "capital ficticio", como algo monstruoso para un dialéctico (aunque materialista), discípulo de su maestro Hegel.

La tasa-de-interés debería de poder ser explicada únicamente, en función de la naturaleza a-productiva del capital financiero, cuyo nexum es el "diferencial". Un nexum que funciona como diferencial entre dos flujos de capital con distinta naturaleza: el capital financiador y el capital financiado. Pero a la vez, como diferencia dentro de un mismo concepto (el de Capital) sin la necesidad de pensarlo dialécticamente: flujo de capital prestado y flujo de capital devuelto.

Este "diferencial" es la tasa-de-interés que relaciona o pone en contacto debiendo su naturaleza, no a una diferencia entre actos intertemporales de consumición de mercancías, sino entre actos intertemporales de utilidad marginal del capital monetario (dinero). Por lo tanto, la preferencia temporal sobre el consumo de mercancías, no entra en el tablero de juego del capital financiero y su tasa-de-interés.

Dicho de otro modo, la tasa-de-interés no es un premio ni una bonificación, ni gratificación que se recibe por el hecho de no-consumir. Si vamos a nuestra entidad bancaria y decimos muy solemnemente: "NO DESEO CONSUMIR", o anunciamos a todos los empleados bancarios de la oficina: "NO ESTOY ANSIOSO POR CONSUMIR, ...PUEDO ESPERAR...". Seguramente, el director nos mirará pasmado y estupefacto, luego nos dirá: "Pues muy bien, ¿y?...".

No se trata pues de si nos reprimimos en el consumo o por el contrario, nos desinhibimos por completo para consumir sin medida, derrochando dinero sin parar, como si fuéramos esclavos de un síntoma obsesivo compulsivo. ¡No! el capital financiero no padece de neurosis obsesivas, ni de síntomas compulsivos. A la tasa-de-interés le trae sin cuidado, la neurosis obsesiva que pueda afectar al asalariado consumidor.

Cuando queremos comprender la tasa-de-interés, hija del capital financiero, no podemos acudir ni tan siquiera al abrazo protector de unas "reservas líquidas" en forma de ahorro (demanda de dinero), para que nos auxilie. Porque en el universo de la lógica del capitalismo de financiación, no existe el concepto de "reserva". O como diría Marx, en el horizonte lógico del capital-ficticio, el dinero no puede estar dormido u ocioso.  No sería lógico afirmar, como afirman los austriacos ( e incluso todo hijo de vecino) que: "Para que exista inversión, ha de existir previamente ahorro".

Pero esa afirmación plena de sentido común, fue cierta en el viejo mundo de la Economía Clásica, donde existieron conceptos que ahora son vestigios-del-pasado: un coeficiente de caja o de reservas del 100% sobre el capital-de-financiación disponible en mano de los bancos prestamistas, un patrón metálico de soporte a la emisión estatal de moneda (oferta cuantitativa a través de la creación "orgánica" de moneda),  una masa monetaria que tan solo incluía dinero sólido (reservas de metales preciosos como valor refugio) y dinero-más o menos-líquido (EMP y el valor añadido de la producción a precio de mercado). Incluso podría haber encerrado en sus límites cuantitativos, todo el crédito comercial (lubrificante de las transacciones comerciales y acelerador de la circulación monetaria). 

Pero...Señores teóricos austriacos y Señores teóricos keynessianos... la masa monetaria, ahora se ha convertido en una "moles monetaria"...capital-gas, moléculas a alta velocidad de circulación monetaria conducen a un nuevo régimen turbulento del capital fluido lleno de fenómenos moleculares brownianos.... la lógica del nuevo mundo, de la Economía sin valor-trabajo es aquel fetiche monstruoso del Capital ficticio, que Marx anticipó. Y este nuevo logos no dialéctico, no tendrá en cuenta ninguno de esos viejos conceptos que bailaban al son de un valor-de-cambio apoyado sobre el valor-de-uso. 

La tasa-de-interés, excluye todo pensamiento económico sustentado por la idea de "ahorro" y de "reserva". Pues la tasa-de-interés aparece solo y cuando desparecen los viejos conceptos de  "reserva" y de "ahorro". 
Para entrar en el campo de juego de la tasa-de-interés, para acceder a las reglas de su "diferencial financiero" cabe desprenderse de toda idea de umbrales de reserva y de ahorro, porque el dinero el capital se ha convertido de líquido a gaseoso. Y el dinero ya ha dejado de ser  moneda-patrón y moneda-crédito-regular...ha dejado de ser un sustancia con grados de liquidez (como dijo Menger). Puesto que el dinero ahora es moneda-crédito-irregular o dinero-deuda que ya no nace desde el Ahorro o desde la Reserva, sino que nace de la Nada. Es comprensible que la misma "Reserva Federal" no tenga nada-de-reservas, en sus sótanos de Fort Knox. Debería de llamarse la "Nada Federal". Nace de la Nada en la emisión inorgánica de dinero por el Banco Central, y nace de la nada por el multiplicador bancario (y su ridículo coeficiente de caja). Incluso nace de la Nada, cuando a nivel microeconómico, el ahorrador convierte sus ahorros líquidos en inversiones remuneradas a interés financiero. En ese momento, en ese instante, el ahorro-líquido desaparece para convertirse en inversión-en-deuda de naturaleza gaseosa.

El ahorro ha muerto así como contemplamos la defunción del estado líquido de los bienes económicos, a la hora de analizar qué es eso de la tasa-de-interés y cómo funciona el Capital Ficticio no mediado por la dialéctica del capital/trabajo, que es también la dialéctica del ahorro/consumo. Ya que como hemos dicho, el ahorro sufre la metamorfosis de la inversión en títulos-de-deuda. A nadie conozco yo, que le hayan remunerado una renta financiera a una tasa-de-interés por tener en la caja de caudales un fajo de billetes o unos lingotes de oro. Como tampoco habrá entrado a jugar en el juego del interés financiero, aquel agente económico que deposite una cantidad líquida (de dinero) en un depósito a la vista o en una cuenta de ahorro.

Para que pueda hablarse y comprenderse el fenómeno económico de la tasa-de-interés, ha de explicarse esa metamorfosis del capital y del dinero. Debe explicarse este momento en que el gusano-del-Ahorro se convierte en  la mariposa-del-dinero deuda. Y la explicación no reside en las preferencias marginales del consumo presente o futuro, sino en la utilidad marginal del capital como "amortización" de un préstamo de dinero. 

La idea genial de la "utilidad marginal" es la herramienta perfecta para explicar la composición de la naturaleza del interés financiero, pero nunca en función de la potencia de ahorro /consumo. La "utilidad marginal" es una idea que no comprende de intercambios justificados por el "umbral de reserva" propios del valor-de-cambio, en tanto equivalencia universal de todos los bienes a través del precio.  La "utilidad marginal" concibe el intercambio como una relación determinada por el valor-de dos elementos de cada serie ordinal , fundamentales: el valor-del-segundo y el valor-del-penúltimo (n-1).  Puro espacio de la repetición desnuda, no disfrazada por el principio de la equivalencia generalizada de los bienes valorados según un valor-de-cambio. Cuando estos teóricos (austriacos) aplican la lógica de la equivalencia y del valor de cambio en el mercado o en el proceso por etapas de producción, están dando la razón a Marx, sin saberlo. La "utilidad marginal" pensada desde la producción y desde la mercancía, acaba desinflándose en favor del valor-de-cambio (de Marx), que es a fin de cuentas: el valor de uso socializado a través de la relación comercial y la explotación cuya equivalencia general son los precios monetarios.

El valor-de-cambio conforma un espacio de intercambio bajo la forma de un intervalo cerrado de valor limitado por el primero y el último precio de la serie de mercancías. Por el contrario, el valor-marginal-de-utilidad inaugura un espacio de intercambio bajo la forma de intervalo abierto constituido por "el segundo" y "el penúltimo".

Este espacio de intercambio, específico de la utilidad marginal, no quiere cerrar nunca su propio acontecimiento. No quiere llegar al límite de su propio devenir, a diferencia de las transacciones comerciales pensadas a través del valor-de-cambio que deben ser cerradas y llevadas a su fin en el momento del intercambio ( como mucho pueden ser retrasadas por el crédito comercial).

La utilidad marginal, solo puede ser pensada fielmente, de acuerdo a un "segundo elemento" y a un "penúltimo" de la serie de bienes disponibles para el intercambio. Ellos marcan el valor medio de todos los elementos de la serie. Tampoco puede ser aplicada cuando hay reservas, porque la reserva implica un origen cierto y claro, un umbral por debajo del cual se puede seguir intercambiando pero a costa de que el valor como precio quede por debajo del coste.

Pensar el intercambio, bajo la lógica de la equivalencia generalizada es concebirlo como espacio creado por una primera vez y una última vez. Mientras que bajo la lógica de la singularidad elemental que componen los elementos de cada serie, solo puede ser pensado como el espacio generado por un diferencial móvil, que arbitra entre "la segunda vez" y la "penúltima vez".





http://www.monografias.com/ aplicaciones financieras

La utilidad marginal no trata con intercambios determinados por precios de venta fijos (mínimo y máximo) ni por tanto con costes de producción, sino con intercambios diferenciales que ponen en resonancia todos los elementos de la serie intercambiada, en una extraña simetría especular. Como la del capital del préstamo a interés,  que puede ser desglosado en dos series especulares que se relacionan entre sí, mediante un progresión geométrica inversa: la de la parte de capital financiado y la de la parte de los intereses financiadores. Esto es: el devenir temporal del cuadro de amortización, donde mientras una serie crece, la otra comienza a decrecer. Aquí en este peculiar modo de distribuirse el intercambio, sí que funciona la repetición desnuda de los elementos de la serie. Pero se trata de una repetición-diferencial, no de una repetición-vulgar fundada en la equivalencia del precio (expresión de valor-de-cambio) como en el caso del trueque de mercancías, cuando el intercambio marginal obedece a una repetición de bienes "con distintos usos" o "fines subjetivos". Los bienes son percibidos "como subjetivamente idénticos", pero el "como" delata una trampa: ¡No lo son! señores austriacos.

No son idénticos, porque el trueque fundado en esa "utilidad marginal" concibe el valor-de-los bienes  desde la intencionalidad de unos fines subjetivos (praxológia). Y la maniobra encierra la trampa de pensar que "son como idénticos", cuando en realidad el Sujeto impone a cada elemento de la Serie una intención distinta totalmente subjetiva. Esto muestra la trampa de Menger y Bohm-Bawerk: el Sujeto asigna una ordinalidad distinta para esos bienes repetidos e iguales de la Seire. Pero en realidad, en el momento que se les asigna un valor-intensivo de satisfacción, se los está transformado en bienes-con-valor-de-uso específico para cada uno-repetido(subjetivo). De modo que los elementos marginales que constituyen la serie de elementos ordinales, se dicen "idénticos" (la primera hoz, la segunda hoz, la tercera hoz,...) pero en realidad son "distintos", pues cada uno tiene una esencia distinta determinada por el uso-asignado-por el Sujeto. Es una vulgar relación de intercambio basada en el valor-de-uso.

Por ello la interpretación de Bohm-Bawerk o de Menger, que hicieron de la idea de "utilidad marginal" no está bien planteada ni guarda la fidelidad intelectual, que debería haber respetado respecto a la auténtica repetición marginal objetiva, de unidades singulares ordinales adicionadas repetidamente, que en su variación marginal van modificando el propio espacio del intercambio.

Es aquí en esta forma de interpretar el intercambio cuando aparece la verdadera repetición de elementos idénticos "ordinalidad de los elementos idénticamente repetidos" (singulares y al mismo tiempo idénticos). La verdadera Utilidad marginal es objetiva, depende de la cantidad de elementos de la serie, no del Sujeto. Y además, la variación de valor de sus elementos, depende fundamentalmente de la propia Serie, no del Sujeto.

¿Es que alguien, ha visto un gusano libando el néctar de una flor?

Pues la imagen  del gusano libando la flor, es la del Ahorro libando de la tasa-de-interés. Surrealista imagen que afirman haber contemplado todos los teóricos de la Teoría Económica moderna, ya sean éstos los de la escuela keynessiana o los de la escuela austriaca.

1 comentario:

  1. Por fin alguien toca este TEMA, ver: Contra el nuevo inflacionismo de la MMT – Universidad de Verano del IJM 2014.

    http://juanramonrallo.com/2014/07/contra-el-nuevo-inflacionismo-de-la-mmt/#comment-55754

    en los comentarios al artículo del profesor Rallo, hay un tal "gallop" que dice algo similar a lo que yo expuse aquí ....lo que pasa es que Gallop parece enfrentarse a la posición de los econmistas de la Teoría MMT.

    yo sin embargo, precisamente advertía que lo que dice la MMT es justo la representación teçorica mças fiel de qué es el dinero gaseoso y cómo han cambiado las reglas y la naturaleza del dinero bajo el logos del Capital Gaseoso. Y es en este sentido, que los austriacos ven la Economía desde el otro lado: el mismo lado de Marx (desde la lógica del Capital líquido)!!.

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rillenri@gmail.com