11 julio, 2013

Austriacos y Keynesianos. El gusano libando la flor. Sobre la Utilidad marginal. (3ª parte).

1- Crédito, liquidez y ahorro: el guión de la "moneda-crédito".
Si preguntásemos a un economista neoclásico (contemporáneo o no) sobre si sabe pensar o puede pensar una estructura económica construida alrededor de la deuda-sin-ahorro, éste nos contestaría que "es una Economía donde el crédito no está respaldado por el ahorro".

Pero nosotros, preguntaremos ¿tiene sentido pensar en una deuda, en tanto operación contable, que esté respaldada por ahorro? ¿No es toda deuda por definición una ausencia de ahorro? El economista neoclásico responderá: "No, nosotros los economistas neoclásicos pensamos el pasivo de la deuda como un ahorro-futuro". Es decir, ellos definirán la deuda como "ahorro futuro" o "deuda no cubierta por el ahorro-del-presente". Ellos, esos neoclásicos, me dijeron: "el descalce de plazos es deuda sin ahorro".

Ellos no saben entonces, definir la idea de deuda sin recurrir a la idea de ahorro o sin recurrir al famoso "descalce de plazos". Tienen un grave problema teórico.

Cuando le realicé tales preguntas a un economista neoclásico de prestigio (el profesor JR Rallo), me remitió a uno de sus apuntes de clase (publicado en su blog) que suele repartir en el Máster de la Teoría del Ciclo económico. El lector lo podrá encontrar en este enlace: Lección 8 – El ciclo económico como una degradación generalizada de la liquidez.

El que escribe, que es un poco osado y a veces hasta impertinente (disculpe Sr Rallo y gracias por poder aportar comentarios, en su impagable y valioso blog), le comentó que tal vez deberían de pensar en dejar de realizar el Máster de la Teoría del Ciclo económico, porque podía mostrar graves deficiencias teóricas en el planteamiento general, que proponen todos los neoclásicos (sean austriacos o keynnesianos) a la teoría del Capital (financiero) y en concreto al planteamiento cíclico que proponen los neoclásicos austriacos.

Esta escuela de pensadores toma como referencia a Hayek (1929) y su obra "La teoría monetaria y el ciclo económico". Su principio teórico, con el que se diferencian de sus compañeros especulativos los keynesianos, propone distinguir dos tipos de crédito o dos tipos de deuda o dos tipos de moneda, en función no de la cantidad sino de su calidad. Y en esto, no podría estar más de acuerdo con ellos.

Distinguen entonces, cualitativamente, dos tipos de crédito: el crédito-regular y el crédito-irregular. Así como dos tipos de moneda-crédito:
A) Moneda: como volumen y calidad de "medio de pago" (inflación, si degenera como valor)
B) Crédito: como condición de previsión de crédito.

Fíjénse Uds, en la importancia escritural de los austriacos a la hora de describir el dinero o la moneda. Me refiero al "guión" que une moneda a crédito. Este "guión" es el núcleo de discusión teórica, puesto que el dinero puede funcionar como "medio de pago" o/y como "crédito". De acuerdo a este guión, que distingue  qué es el dinero en función de su cualidad, los austriacos comentan: "No son per-se los aumentos de cantidad de los medios de pago los que deterioran el poder adquisitivo, sino el deterioro de la calidad de esos medios de pago derivado de monetizar créditos-no-líquidos".

Aparece en esta explicación cualitativa, un nuevo enunciado: "monetizar créditos-no-líquidos". Es decir, que el crédito se monetiza, sin ser líquido. Existen pues créditos-no-líquidos y créditos-líquidos. O en otras palabras, dentro de la terminología austriaca, existen créditos-regulares y créditos-irregulares. El crédito-líquido por definición (austriaca) es aquel crédito que es un derecho sobre una mercancía.


2- El fenómeno de la "emancipación".
Hayek en 1929, ya pensó en la separación de los dos fenómenos: "el paso más importante en la Teoría del Ciclo económico (...) es la emancipación de la teoría del dinero, de las restricciones que limitan su análisis al valor del dinero". Observen que interesante es el término que usa Hayek. Separación de dos fenónemos, separación de dos formas del dinero y/o de dos formas del Capital. Pero además Hayek  usa el término "emancipación" de una teoría del dinero respecto a otra teoría del dinero. Emancipación de una teoría del Capital respecto a otra teoría del Capital. Esto conduce a la emancipación de una Teoría del Capital basada en la moneda-como-medio de pago, respecto a otra Teoría del Capital basada en la moneda-como-medio de financiación. Emancipación del crédito-líquido respecto a su hermano, el crédito ilíquido. Emancipación de una Teoría del Capital levantada a partir del crédito-regular y del dinero-moneda, respecto a otra Teoría del Capital (por levantar), a partir del crédito-irregular y del dinero-deuda. Eso nos conduce a las preguntas del comienzo de este escrito: emancipación de un "crédito no respaldado por el ahorro" respecto a otro "crédito sí respaldado por el ahorro".

Yo esta emancipación hayekiana del Capitalismo financiero-de-la-iliquidez, respecto al Capitalismo Productivo-de-la-liquidez, lo enuncio y lo comparto bajo otra terminología : como la emancipación de un Logos (A) del Capital líquido respecto a otro Logos (B) del Capital que no es líquido: el Capital Gaseoso. Marx no lo teorizó, como sí hizo Hayek, pero sí que lo enunció: el Capital ficticio es el capital-no-mediado por la producción. Que es como decir: el Capital financiero, en tanto moneda/dinero-crédito/deuda no está respaldado por la producción de la mercancía o por la mercancía de la producción. Es decir, aparece el Capital sin su mediación dialéctica con su opuesto, la producción (Trabajo). En eso consiste la profundidad emancipatoria de la que habla Hayek. En no pensar un Capital, como lo hizo el propio Marx. Es decir, en pensar un logos del Capital sin el instrumento lógico de la dialéctica. Pero eso es una monstruosidad teórica para Marx ( y los marxistas)...y hasta para el propio Hayek (y los liberales) ¿Se dan cuenta de la importancia que supone comprender esto? Marx y Hayek, trataron de fagocitar esa "emancipación" dentro de sus teoría dialécticas. Mientras Marx anula esa "emancipación" a través de su teoría de la metamorfosis del capital (mercancía-dinero-mercancía-dinero...), Hayek anula esa "emancipación" a través de su teoría del ciclo del capital líquido. Hayek quiere "calzar" un zapato que no entra: los austriacos tratarán de calzar un descalzamiento de tiempo de deuda-ilíquida, para calzarlo en el tiempo de ciclo de su teoría líquida.

Usan ambos, la misma estrategia teórica con distintas herramientas conceptuales. Lo importante, en las dos teorías, es el núcleo de todo este problema teórico: conservar a toda costa, la naturaleza líquida del capital. Bien mediante el recurso marxista de la "metamorfosis del capital", o bien mediante el recurso neoclásico liberal del "ciclo económico de la producción" de proceder al encajamiento o re-encalzamiento de plazos, de ese  "descalce de plazos" que aparece en  el fenómeno de la deuda sin ahorro. El propio profesor JR Rallo, afirma rotundamente: "La deuda sin ahorro es la base de la teoría del ciclo económico”. Pero en realidad, debería decirse algo sustancialmente distinto: "La deuda sin ahorro, es sometida al Ciclo de la producción para que así sea comprensible el Capital, bajo la Teoría neoclásica austriaca". Marx hubiese dicho: "El Capital Ficticio (verdadero fetiche y monstruoso sinsentido del capital) aunque intente emanciparse de la producción, deberá someterse al círculo de la metamorfosis del dinero-en-mercancía y de la mercancía en dinero". ¿Se fijan en que los dos, Hayek y Marx, necesitan el círculo del tiempo? Los dos necesitan pensar el tiempo como circular, para así someter a ese monstruo lógico pleno de sinsentido que es el crédito-ilíquido o deuda-sin-ahorro presente. Y aquí viene la gran contradicción: el círculo del tiempo de la producción no admite que exista, metafísicamente hablando (que "sea"), un ahorro desde el futuro. Ambos, Hayek y Marx, vieron que había un fenómeno emancipatorio del Capital no-líquido respecto al Capital-líquido, pero ambos trataron de someterlo a su teoría respectiva, que es en ambos casos: la teoría del Capital-líquido.

3- La "distribución" de Palyi.
Palyi (1936) adelanta un paso respecto a Hayek, en "Liquidity" señaló: "El sistema bancario no solo crea medios de pago, también los distribuye". Según el propio JR Rayo, el planteamiento cuantitativo (de la escuela keynesiana, supongo) no se preocuparía de esta segunda función distribuidora.

Palyi remata el planteamiento del problema con un tiro certero: "La elección que realizan los bancos acerca de sus activos es un factor determinante de la distribución del capital entre sus usos a corto y a largo plazo". Aquí se escogen nuevos términos, que se corresponden con nuevos conceptos. Palyi habla de "la distribución del capital entre sus usos". Esto da a entender, que para pensar en la naturaleza de ese fenómeno de "emancipación" del que hablaba Hayek, hay que pensar el problema desde la "distribución del uso". Es decir, habrá que pensar el uso-del-dinero en tanto valor de utilidad desde una forma distributiva. Bajo mi entender, teórico, habrá que ser valiente y pensar la "utilidad" como fenómeno de distribución aleatorio y en concreto la utilidad marginal del dinero como espacio de distribución aleatoria de probabilidades según dos series divergentes (la tabla de amortización de todo préstamo que expliqué sucintamente en las partes I y II) y bajo otra forma temporal de distribución aleatoria entre dos series convergentes, cuyo límite determinará una relación o correlación entre dos distribuciones: la de la tasa de interés del préstamo y la de la tasa de rentabilidad del proyecto invertido.

De modo que siguiendo a Palyi, para explicar qué es la tasa de interés es menester en mi teoría recurrir, no al concepto de utilidad marginal subjetivo (mengeriano), sino al concepto de utilidad marginal objetiva. Una idea revolucionaria sobre el concepto de Utilidad, que reconociendo su mérito por cuanto de "marginalidad" posee en Menger, desmerece su aspecto de "subjetividad". De modo que la idea de Utilidad debe entenderse bajo la marginalidad del Cálculo Infinitesimal, y no de la preferencia subjetiva. Estando constituida esta idea por dos ecuaciones:

(B1) El espacio-de-distribución aleatoria crea dinero-deuda que lo distribuye según dos series divergentes (capital devuelto y capital pendiente),  Se correspondería con la idea de Paliy de "crear dinero" (de la Nada, añado yo). Un ejemplo es la emisión inorgánica de dinero o la creación de dinero-deuda de los bancos sin coeficiente de reserva de caja....etc. Sería la consideración keynesiana del dinero-deuda desde lo cuantitativo, pero bajo el análisis de lo infinitesimal y variable.

(B2) El tiempo-de-distribución aleatoria del dinero-deuda en tanto distribución convergente de dos series: el interés del préstamo como fuente de financiación y la rentabilidad financiera de la inversión financiada como destino de la financiación. Se correspondería con la expresión de Paliy cuando habla de "selección".

Pero esta forma de expresar de Paliy, no parece ser del todo consciente. Aunque nos sirve perfectamente para explicar aquello que falta al enfoque austriaco para poder pensar la idea de Utilidad como fenómeno distributivo objetivable y fuera del marco subjetivo de lo preferencial. Se revela en estas palabras de Paliy el fenómeno del préstamo y de la tasa-de-interés bajo la naturaleza de un acontecimiento de distribución de la Utilidad marginal del dinero, a través del cálculo infinitesimal y la distribución probabilista de series/funciones. La probabilidad y lo infinitesimal, quedan al servicio de la idea de Utilidad marginal objetiva.

Esto conduce a pensar en formular una nueva Teoría del Capital (financiero) específica para este modo o función del dinero-deuda, tal como anunciaba Hayek: la emancipación del moneda-crédito respecto a la moneda-medio de pago. Tal emancipación requiere también la emancipación teórica del Capital. Una emancipación que considerará que la moneda-crédito como crédito-no regular que se autorregula distributivamente y caosmoticamente gracias a instrumentos de cálculo.  Teoría del Capital específica para el capital ilíquido, el dinero-deuda no regular y la mercancía-como-bien no-líquido. Pues aquella irregularidad que sale fuera o al margen de lo regular, no es otra cosa que la probabilidad estadística cuando hablamos en términos de análisis matemático, pero a la vez se confunde con la irregularidad de los bienes-no-líquidos como el propio dinero-deuda. Un dinero-deuda o crédito-irregular, que por definición, no esta regulado. Esto quiere decir, que no está sometido o domesticado a la regla, a la Ley. ¿Qué Ley es esa? La ley Normal. La Ley estadística de probabilidades llamada distribución  Normal. Todo aquella cantidad de crédito-irregular se sale, de la campana central de Gauss. Es un crédito-de-las colas de la distribución.

4- La irregularidad no es líquida.
Los austriacos no saben o no quieren o no pueden explicar la naturaleza de ese crédito-irregular, por las herramientas objetivas de la distribución de probabilidades, que es como no saber explicar la "utilidad marginal" por las reglas elementales del cálculo diferencial. A mí, que expliquen el crédito-regular por su chapucera teoría de la preferencia subjetiva y de la satisfacción y/o praxiologia humana, no me afecta demasiado, salvo porque es una inocentada. Lo no-regular está más cercano y próximo a lo aleatorio e infinitesimal, que a las "neuras" del consumidor y/o ahorrador. También puede entenderse a la inversa, la distribución de probabilidades no-normal, es la distribución del crédito-irregular que coincidirá a la larga con las inversiones realizadas por neuróticos obsesivos o por histéricos. Pero eso es otro cantar, para el que ahora no tengo tiempo. La locura en las distribuciones no-normales guarda resonancia con la locura de las inversiones descabelladas por agentes económicos alocados.

Los austriacos jamás comprenderán esto, porque manejan el concepto de utilidad marginal subjetiva de Don Menger (1936, "El origen del dinero").  Don Karl Menger, al que pese a todo guardo admiración y que Dios lo tenga en el cielo. O por ejemplo, ellos también usan las artimañas de Böhm-Bawerk para explicar la tasa-de-interés en función de esa saciabilidad humana en la especulación sobre la preferencia temporal a consumir o no. Pero lo cierto es que al ser tan peculiar el dinero, está tan separado también de los otros bienes líquidos, que el en tanto dinero-deuda cobra el estado de fase gaseosa. Si la Utilidad líquida es la idea de utilidad marginal subjetiva de Menger, la Utilidad gaseosa es esta que les presento y presenté anteriormente.

Los austriacos aceptan y denuncian esa irregularidad del crédito-irregular, pero pretenden explicar o dar cuenta de ella desde el lado de la regularidad. Es decir a partir de la naturaleza fenoménica de "lo regular" que representa a todo "crédito-regular". Pretenden señalar al concepto marginal del crédito-irregular, por medio de una idea de marginalidad propia de los bienes líquidos y de sus correlativos créditos-regulares o normales. Pretenden decir que lo no-líquido, lo irregular, lo no-normal, lo alocado debe ser explicado a través de precisamente la Ley de lo líquido, la ley de lo regular, la ley Normal....

Paliy, fue el único de esta escuela, que no lo vio del todo claro: "el concepto de liquidez, carece aquí de sentido". Fíjense lo que dice Paily (!si lo oyera Menger!). Donde la liquidez carece de sentido, es en esa economía de lo-irregular, de lo financiero, de lo no-normal, de lo no-líquido. Como dice Paily, los bancos no necesitan ninguna idea de liquidez para funcionar, ni siquiera el Banco Central. En realidad ni tan siquiera los consumidores funcionan con valores lo suficientemente altos de liquidez para ser considerados por una Idea de utilidad marginal que es infinitesimal: la del capital financiero y la tasa-de-interés. Tampoco las empresas funcionan con niveles de liquidez sustantivos. Todos nos servimos, no solo los bancos, con un coeficiente de reserva (para consumir o para prestar) ridículo. Ridículo, es el adjetivo que usa Paliy y me parece correctísimo siempre que "lo rídículo" se tome desde el análisis de lo infinitesimal. Desde el análisis infinitesimal de la Utilidad objetiva, y en general desde una Teoría del Capital financiero específica, esa "ridiculez de liquidez" no es nada frente a la gran masa gaseosa de crédito-irregular o no-líquido.

Por eso, los austriacos recurren al ciclo económico de la producción. Que es el ciclo de utilidad marginal de los bienes líquidos y de los créditos regulares. Pero ese ciclo no sirve para explicar el crédito irregular desde un enfoque objetivo-distributivo-no normal de la Utilidad marginal. Sin embargo, la maduración cíclica de las estaciones del año (Verano-Otoño-Invierno y Primavera) sí dará cuenta de la explicación, según los pensadores austriacos. La prima vera es la primera vez que se repite el ciclo, su período. Trescientos sesenta y cinco días repartidos en cuadrantes, nos da 90 días. Que es el período de maduración que Adam Smith ya anunció para ese ciclo del capital-líquido. Por eso, no es casualidad que los neoclásicos austriacos se sientan tan reconfortados cuando recuperan la Doctrina de las Letras Reales del mismo Adam Smith.

Este ciclo de la producción y de su metamorfosis continua de mercancía en dinero y viceversa, está metrizado sin duda por los ciclos de madurez de los intercambios de bienes mediados por el equivalente general del intercambio: el dinero como medio de pago. La moneda-crédito solo juega aquí en este círculo un papel anecdótico, el de catalizador, el de acelerador de la velocidad de los intercambios y metamorfosis. Se trata del descuento-comercial respaldado por bienes liquidables en diferentes grados. El ciclo de la producción es un ciclo de capital-líquido y crédito-regular. Ahora bien, pretender someter al crédito-irregular a ese círculo de la Phúsis, es realmente ridículo. Pretender especulativamente encerrar al loco es una ingenuidad. Al dinero-deuda o al crédito-irregular no se le puede encerrar en el contorno de un sólido pitagórico o dentro de una figura euclidiana, ni que sea ésta el mismísimo círculo del eterno retorno de la Phúsis.

Mientras JR Rallo, ajustándose a la doctrina del Ciclo, comenta que Mises "usa una imprecisa nomenclatura" cuando éste en su obra Teoría del Dinero y del Crédito (1912), piensa el concepto de tasa-de-interés en base a ideas tan líquidas del Capital que necesitan apoyarse sobre el ciclo natural de los bienes, el período de maduración, el período medio de producción, etc... Otro ejemplo de este vocabulario tan confuso, para JR Rallo, es el caso de Wicksell cuando llama "tasa natural de interés".  Si hubieran leído atentamente a Tomás de Mercado, habrían observado que la naturaleza del interés financiero no guarda analogía alguna, con las cosas de la naturaleza. (O sí, pero con aquella otra Natura que se comprende por el cálculo de lo monstruoso-patológico-y-psicopático, no por el álgebra del sentido común).


5- La liquidez y la negociabilidad
Señala JR Rallo, que "la errónea concepción de la liquidez deriva de confundirse con otro concepto cercano con éste: la negociabilidad". A continuación se refiere a Moulton quien dice: "Moulton no tiene más remedio que reconocer que la liquidez, como idea, sólo es válida en tiempos normales".  Justo en la diana. JR Rallo, desde fuera, comenta que "no tiene más remedio que reconocer". Pero la verdad es que es justo lo que aquí intento comentar, sea en espacios-normales de distribución o en tiempos-normales de ciclo productivo. Sin embargo el profesor,  no lo ve así. Justifica esta discordancia con Moulton, porque dice: "la negociabilidad sirve también en momentos de crisis".

Sí por supuesto creo yo, todo sirve en tiempo de crisis pero también nada sirve en tiempos de crisis. Me refiero que lo que Moulton dice es lo que se está repitiendo todo el tiempo en este escrito. Que "lo líquido" no sirve en espacios y tiempos donde el capital financiero dirige y representa todo el peso de la Economía. Y en esta fase del Capital Financiero como dominador del sistema económico, el concepto de "liquidez" de bienes y el concepto de "crédito irregular" bajo el amparo y tutela de la Utilidad Marginal Subjetiva, no sirve.

Por tanto, podemos esperar que los pensadores de la escuela austriaca permanezcan "ad aeternum" en crisis, mientras que la Economía siga siendo como es: eminentemente financiera. La crisis teórica de la escuela austriaca reside en conciliar la naturaleza gaseoso del bien-dinero en tanto dinero-deuda y sustancialmente en tanto crédito-irregular y su obstinado planteamiento basado en la idea de "liquidez". Mientras no reconozcan su error y sean un poco modestos, ellos estarán en perpetua crisis con la Realidad.

Porque ellos (los austriacos) piensan el crédito-irregular en función de la privación (aristotélica) de un ahorro líquido. Ellos definen consecuentemente el crédito irregular como "crédito-no cubierto-por ahorro". Pero por definición y por todo lo hasta aquí explicado, la deuda como acontecimiento ya no económico o contable sino también metafísico, nunca está cubierta sino siempre descubierta. Está emancipada del Ahorro, y de la liquidez, por definición. Como lo está la moneda-crédito de la moneda-medio de pago. Como lo está el Capital financiero del Capital de producción. Como lo está el concepto de Utilidad marginal objetiva del cálculo infinitesimal, del clásico valor de uso o del neoclásico uso marginal subjetivizado (utilidad marginal mengeriana).

No se trata de discutir el concepto de "negociabilidad" respecto al de la "liquidez". No se trata de con qué concepto de los dos anteriores, es mejor explicar el denominado "encaje de plazos". El problema mismo, es la Idea del "encaje de plazos". El problema es el de porqué piensan que la iliquidez es un estado anormal o irregular del capital, propio y excepcional de los tiempos de crisis. Cuando en realidad es su estado más puro, más objetivo, pero a la vez más brutal, más descarnado. La Economía es financiera, y el Capital encuentra en el estado de iliquidez su más alta expresión de perfección. Aunque a los humanos, subjetivos, nos duela. Por eso, debemos conocer su auténtica naturaleza para poder ¿manejarnos? socialmente. Sino conocemos las entrañas del logos del Capital financiero "emancipado" y no observamos microscópicamente su naturaleza gaseosa (ilíquida) basada en la Idea de Utilidad Marginal Objetiva, pereceremos como Civilización en sus nadas infinitesimales.


6- El peligro es un riesgo.
Tomás de Mercado en 1571 avisó a los banqueros que los problemas (los grandes problemas) comenzarían cuando "se metieran en actividades no respaldadas por la liquidez y en negocios peligrosos". Es cita de JR Rallo. Esos negocios peligrosos son inversiones financieras o inversiones en activos de deuda. Y el horizonte de esas inversiones es de riesgo, no de peligro. El peligro es a la liquidez de los bienes de producción, como el riesgo es propio del capital no-líquido de los bienes activos financieros. Esto significa que las inversiones financieras están en otro horizonte temporal al de las inversiones líquidas en activos/bienes de producción.

Es esta nueva dimensión actual del peligro como riesgo, y del riesgo como incertidumbre que esquiva por la tangente de la circunferencia del ciclo de la producción o bien cae en una movimiento espiralizado. Si Tomás de Mercado representa a los mercados de bienes y de liquidez, Paliy parecía anteriormente estar simbolizando a ese peligro que presagiaba T.de Mercado: los mercados de activos financieros y de créditos-no líquidos.

Hayek recogerá este aviso de peligro que señaló Tomás de Mercado y establecerá una ingénua regla para cubrirse de esos peligros inciertos. Pero mientras que Tomás de Mercado creía y conocía la verdadera naturaleza "emancipada" del capital financiero, Hayek no la tomó en serio. Hayek confía en poder domesticar la irregularidad diferencial de la tasa-de-interés y de los créditos-irregulares, mediante no una integral de Lebesque sino mediante una Regla de Oro de la banca.

Esta regla de oro, es una regulación para encerrar al capital ilíquido en el círculo de la producción, una vez más. Es como cazar moscas a cañonazos. O como distribuir series de probabilidad mediante una escala de preferencias del ahorrador o del consumidor. La regla en tanto norma que desea, que todo-sea-Normal, normalmente distribuido, es ésta: "debe establecerse una conexión orgánica entre las transacciones acreedoras y las transacciones deudoras". Es una medida saludable y bienintencionada desde la posibilidad, pero irreal desde la probabilidad.

La "conexión orgánica" no obedece a equilibrios de mercado con bienes líquidos sino a desviaciones y variaciones infinitesimales en un mercado donde los bienes ya no son líquidos. Así también, el tiempo en el que actúa el crédito-irregular no es un tiempo-de-plazos sino un continuo de tiempo donde el presente llega al tiempo online y desconoce lo que es el cronos. No valen ni históricos, ni ciclos naturales de maduración. Tampoco es un problema de descalce de plazos, para poder re-encalzarlos en el ciclo de la producción. Su misma naturaleza anormal es el estar siempre a destiempo de cronos. El refinanciamiento y la recapitalizacion son la norma irregular en el que existe este crédito-irrregular. No es un problema de vencimientos entre dos fechas, sino de límites en tanto integrales de cálculo y distribuciones logo-normales. No es la diferencia de plazos sino el límite como logaritmo el que diferencializa las dos series de crédito/inversión.

7. El tejido de la teoría.
Hayek intenta tejer su teoría, en "Teoría del dinero y del crédito" (1912) para explicar cómo afecta o distorsiona esa naturaleza irregular, no-normal e ilíquida del capital, encabezada por el dinero-deuda de la moneda-crédito, a la estructura de la producción hermanada al ciclo de la Economía líquida.

Pero es tejer teórico hayekiano, es una hiladura sobre el espacio clásico del Capital: el tejido productivo. Es un tejer hermanado con el hilar marxista, pues ambos tejen desde lo líquido, a modo de trama o urdimbre. El bastidor de su telar tiene un eje horizontal que representa la cantidad de bienes producidos y en el otro eje, el vertical, se levanta el concepto de precio-de-la mercancía. Marx teje con costes de producción en lugar de precios de mercancías, pero su tejido sigue el mismo entramado a modo de urdimbre cartesiana. Es un espacio de producción cuadriculado sobre la Idea de la liquidez. Oferta de productores y Demanda de los consumidores. El patronaje de esa pieza textil es la liquidez de los bienes. Por eso Menger ordena el valor de los bienes en tanto consumibles en orden a su grado de liquidez, y por otro  lado ordena los bienes en tanto producibles en orden a su grado de solidez. De lo sólido a lo líquido, en una escala de grados de menor o mayor liquidez.

Pero el patronaje de la prenda textil fabricada con la Idea de liquidez no sirve para dibujar cómo funciona el capital salvaje, el capital financiero, el capital anormal, el capital ilíquido. El tejido del crédito-irregular es una fibra o conjuntos de fibras, es fieltro en lugar de urdimbre. No tiene coordenadas cartesianas, es pura licra. Una licra demasiado elástica, para entrar en parámetros de elasticidad-rigidez del mercado de bienes líquidos. Es tan elástica tan fuera de la Normal, que su medida no es la elasticidad sino la porosidad del mercado. Es un gas, pero también una piel porosa, una alfombra de Sierpinski.

El crédito-irregular, y en general la naturaleza del dinero-deuda, no es tejible con las agujas de la producción que son el telar de la liquidez. No es pensable bajo una teoría como la de Hayek basada en el ciclo de la producción que es el tiempo circular de la liquidez austriaca y de la metamorfosis marxista. Está viciado de origen, cuando todo comienza a elaborarse desde la idea de Utilidad Marginal Subjetiva. Desde ese momento, la solución de los austriacos (salvo ciertas ideas como la de Paliy) está ya predeterminada a tomar esta solución del ciclo y los encalces-de-plazos. Están predestinados a quedar encerrados en el círculo de la liquidez.

Por ello este nuevo tejido del capital financiero, usa otras agujas, otras herramientas de cálculo, de probabilidad y otro concepto de Utilidad marginal. Otras configuraciones para dibujar tejidos hiperelásticos que no obedecen a punto de equilibrio sobre el eje de coordenadas de la producción. Como tampoco son encerrables en círculo alguno de la liquidez. No es en términos de elasticidad-rigidez que debemos analizar este tejido financiero, sino en término de densidad-porosa o bien de pañuelo-arrugado. No se intercambia sino que se distribuye, no busca el punto de equilibrio en una trama de producción sino que se autodesequilibra en plena variación continua en el fieltro poroso de la financiación. No se reparte nada a modo de pastel, porque no hay nada que repartir sino todo para distribuir. No hay que fraccionar un todo cerrado, sino que hay que fractalizar una infinitud abierta.

8- La inorganicidad del Capital financiero.
Hayek decía que había que establecer "una conexión orgánica" entre acreedores y deudores. Pero el capital se ha hecho inorgánico. Por eso sus emisiones son inorgánicas. JR Rallo señala y acusa de esta monetización fraudulenta de los bancos, Centrales y privados. Se indigna porque denuncia sus trampas de iliquidez. Porque, dice él, éstos se han saltado aquella regla de oro, de Hayek.

Pero es que en su propia naturaleza está la trampa. El capital financiero es inorgánico, irregular y tramposo respecto a las reglas, normas y regularidades de la Economía como liquidez. Pero el Capital financiero nunca fue orgánico y siempre estuvo emancipado. Lo que sucede es que ahora pensamos que nunca fue así, que esto es una a-normalidad. Que su estado normal, el del Capital, es el tejer producción. Y esto es una gran ingenuidad. El capital financiero y el dinero-deuda nunca respeto ninguna regla de oro, salvo la de la espiral del número phi. Gracias a ella, se puede desviar hacia los interiores del círculo, La otra desviación es la tangente que toma para escapar gracias a la derivación. Esos son sus clinámenes.

La Economía, nunca fue organicista. Fue una reducción fácil para teorizar, para especular en la normalidad. Pero la normalidad no es la condición de ningún fenómeno, ni la del propio pensamiento. Tampoco iba a escapar de ello, la Economía. El capital nunca fue un organismo de producción, sino una máquina probabilística de distribución. La liquidez es una reducción de algo más complejo: el estado ilíquido del capital. La Economía financiera no es orgánica ni líquida, sino inorgánica y gaseosa.

Hayek ante la irregularidad generalizada del capital, en "Precios y producción" (1931), solo ve dos soluciones:
a) aumentar la cantidad de dinero-ahorro, en proporción a la cantidad de dinero-sin-ahorro, para así aumentar la demanda de bienes en el tejido productivo de la liquidez.
b) aumentar la proporción del crédito destinado al tejido productivo, respecto al crédito destinado a la inversión financiera en títulos o activos de deuda de toda clase.

Según el profesor JR Rallo, la primera receta es "realizable y sostenible en el tiempo". Y ahora le pregunto al lector, ¿en qué tiempo es sostenible?, en un tiempo encerrado en el ciclo de la producción y la metamorfosis (marxista) de la liquidez (neoclásica). En ese tiempo pensado como rotación natural guiada por tiempos de maduración, del capital líquido y de las cosechas. Pero ya no quedan cosechas ni de la tierra, ni de la producción. Todo se realiza a otro nivel, distinto del valor del capital en relación a su grado de liquidez.

La ironía de la Historia del Pensamiento económico, es que tanto marxistas como liberales, neoclásicos, clásicos, keynesianos y austriacos...todos ellos están encerrados en la solución del ciclo natural. Sean partidarios de la utilidad clásica (valor de uso objetivizado en la esencia o oussía del ente o del bien económico o del fetiche-mercancía), ya sean partidarios de la utilidad marginal subjetiva, ya sean partidarios del valor como diferencia entre plus-trabajo y trabajo. ¿Alguien ha pensado la Idea de Utilidad y de Valor, en otras condiciones de problematización?...A Marx se le escapó en "El Capital", que la naturaleza de la usura y del capital usurario (como primitivo del capital financiero) vivía en los poros de la producción como vivían en los intermundos, los dioses de Epicuro. Tal vez esa frase se escribió sola y fue un daemon que colándose entre las miles de hojas de "El Capital", la pusiera ahí para el porvenir.

Todos ellos, hablan dialectos hijos de un mismo idioma de la liquidez. Los neoclásicos liberales, dirán que el Capital es líquido por naturaleza, que obedece al círculo de la producción que a su vez marca como regla de oro al descalce de plazos del crédito-ilíquido. Que todo ello nace en base a la preferencia del consumidor subjetiva por la liquidez, que a su vez depende de la Idea de la Utilidad marginal como valor subjetivo del bien económico. Los marxistas dirán que la liquidez del capital se plasma en el ciclo de la metamorfosis de la mercancía (D-M-D) que es la esencia del capital comercial. No es la liquidez del precio sino la liquidez previa de la plusvalía la que ofrece junto al dinero-como-medio de pago, la metamorfosis del capital al mercado. Es el descuento comercial o el crédito-comercial el que para Marx, también hace más veloz más fluidas las transacciones mercantiles, en orden siempre a la santa liquidez. Los neoclásicos keynesianos, confunden o no distinguen ni tan siquiera lo líquido de lo ilíquido. Tratan al dinero-crédito como si fuera dinero-líquido. La reina en el tejido de la liquidez, es la oferta de bienes y así tratan también análogamente la oferta de dinero-deuda.

Marx y los neoclásicos de la escuela austriaca, al menos supieron ver que había cierto logos distinto entre el capital de producción y el capital de financiación. Que había distintos funcionamientos entre la naturaleza del dinero-modo de pago, y el dinero-moneda de deuda. O entre el capital de producción y el capital de crédito-irregular o ficticio (así lo llama Marx). Pero ambas concepciones del tejido económico, ocultan, reprimen en lo más profundo la peculiar naturaleza de lo no-normal, de lo irregular, de lo ilíquido. Es este tejido de lo financiero/financiario,  el que conviene pensar bajo la forma de superficie porosa y de papel arrugado, no en base a grados de liquidez ni en términos de elasticidad-rigidez, ni tampoco en términos de intercambio-del-valor, como tampoco en términos neoclásicos de utilidad marginal subjetiva ni tampoco como la clásica utilidad total objetiva.

Tampoco podemos pensar una Teoría del Capital sometida al Ciclo económico de la Liquidez, pues el capital nunca fue líquido y ahora se nos revela de manera brutal. El tiempo de los mercados financieros no es tiempo de la Naturaleza de los animales, de las plantas ni de los organismos en general. Es un tiempo de lo inorgánico. Las burbujas de los activos de deuda, las vibraciones intensivas de los flash-crash o las curvas de Elliot no obedecen al ideal platónico y euclidiano del círculo como forma ideal, sino a la fantasmagórica esponja de Menger o al pañuelo de Lebesque. La esponja de Karl Menger (el hijo de nuestro protagonista) es otra ironía de la Historia del pensamiento.

El capitalismo líquido ha muerto, pero sospecho que tal vez nunca realmente existió salvo en nuestras teorías especulativas. Que Dios nos proteja de la azarosa naturaleza del capital-ilíquido, bajo su forma gaseosa. Un gas que parece estar en perpetua expansión, como el mismísimo universo.


Notas para el libro sobre el Análisis Filosófico de la Utilidad

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