06 julio, 2012

Aristófanes, Las Nubes y el Capital


A partir del contraste entre el “Éranos” platónico y el daneíon financiero (en anteriores capítulos), nos disponemos ahora a analizar la “ophíelei” en Aristófanes.

La ophíelei, tuvo como predecesora a la hebrea “nashah”[1], dando a significar todo acontecimiento relacionado con el capital a préstamo-por interés. Ese interés financiero vimos, en el anterior capítulo, como se contraponía al desinterés amistoso del Éranos.

Pero, mientras que el “daneíon” hacía referencia a la deuda dineraria, la “ophíelei” toma un cariz más etéreo por cuanto hace referencia a asuntos más amplios, que los puramente económicos. La ophíelei abarca un concepto donde la deuda se extiende semánticamente, para alcanzar asuntos morales. Por ejemplo, la deuda entendida como obligación moral, o deber que obliga la honra, o el deber conyugal, o el deber para con los padres y mayores, etc. Incluso podría abarcar el sentido del deber religioso o al menos el deber de ser piadoso[2]. No solo Aristófanes, se referirá a este deber moral, sino también el propio Platón[3].

Otro matiz a destacar, entre el daneíon y la ophíelei, aparece cuando algunos textos distinguen entre la visión del acreedor (como daneistés) y la visión del deudor (como opheiletés)[4]. Aunque tengo mis dudas, sobre ello, ya que como veremos, “ophéllo”es también: aumentar, acumular, acrecentar, hinchar[5]…Señalo aquí la idea de una acumulación-de-aire….acumulación etérea. Pero lo relevante, de nuestro análisis, es que la deuda designada como “ophíelei” reclama un sentido que excede lo financiero: la necesidad de la Ley, el deber moral del ciudadano para con las leyes de su polis y para las normas sociales de respeto y obediencia a los mayores. Deuda moral debajo de la que subyace una “culpa” o “falta”.[6]

Esto es lo que encontramos en “Las nubes” de Aristófanes, bajo el doble juego del lenguaje y la técnica astuta de la comedia. Pues el comedista griego, en su obra “Las Nubes”[7], plantea el doble problema de la filosofía y los sofistas, en relación a la de la economía y los deudores.
Aristófanes arranca el relato en torno a esta polémica: “Ahora que por causa de mi dinero te traigo para que seas testigo de la citación, y, aparte de eso, resultaré odioso para un varón de mi mismo demo. Pero nunca avergonzaré a mi patria mientras viva, sino que cito a juicio a Estrepsíades…”.

            En contra de lo que  se señala aquí[8], el acreedor de Estrepsíades, sí es un “profesional-del-préstamo” aunque eso no quita, que sea amigo y conocido. Pues convive dentro del propio “demos”[9] del deudor. Por eso, el acreedor reconoce que “resultará odioso para un varón de mí misma demo”. Reconociendo así cierto sentimiento de vergüenza, al reclamar la devolución del dinero ante los tribunales. Pero en el caso de Aristófanes, la deuda entre conciudadanos se ha de devolver. Si no, el juez o demarco actúa de oficio. En Aristófanes,  no estamos presenciando un acto de “éranos”, pero tampoco de “daneíon”. Es una acción intermedia, entre uno y otro. Pues la phylia de la polis platónica, no es la amistad en el demos de Aristófanes. El arconte del Demos, “demarco”[10], será el juez que decida la resolución del impago.

El primer detalle, para comenzar el análisis de Las Nubes, es el nombre de “Pasias”. Dice el relato: “doce minas debe a Pasias”.[11] ¡Quién es Pasias!, creo que coincide con el que la historia nos ilustra bajo la denominación de “Pasión de Atenas”: un “trapethoi”[12] (banquero) privado de Atenas.

Aristófanes, parece comediar su relato, en una situación de desplazamiento del acto de financiación: de los antiguos templos religiosos, junto a oráculos como el de Delfos, se desplaza ahora el crédito hasta los trapecios de los banqueros privados. Parece como si el contexto de Las Nubes, sea el de una secularización de las actividades crediticias.

            El relato comienza con el escenario teatral, donde aparecen dos casas: una grande (la de Estrepsíades) y otra más humilde (la de Sócrates). El espacio escenográfico nos marca ya, la dualidad entre el mundo del agricultor (Estrepsíades) y el mundo del filósofo (Sócrates). Tierra y pensamiento, parecen estar muy separados en el mundo ideal. Pero debemos ser conscientes de que ambos, Agricultor y Cultivador del pensamiento, aunque de distinta naturaleza, producen productos. Ambos son productores, respectivamente, de frutos de la tierra y de frutos del pensamiento. Todo gira alrededor de un nombre. Y ese nombre es el de Estrepsíades. Aristófanes lo elige conscientemente. Este nombre del protagonista, sirve a la transformación de un “hombre que cuida cabras”, a un “hombre que acaba como una cabra”. 

           Estrepsíades, se trastorna. Y así el nombre proviene de la raíz griego “strepho”, que significa: aquel que se trastorna, aquel que se le nubla la vista. La visión clara del agricultor sobre el mundo, quedará ofuscada y nublada, por las nubes de la filosofía. Pero además, “Strepsíades” contiene implícitamente el concepto griego del tornado, del torbellino, del “strepto” que significa: dar vueltas[13], girar alrededor de algo,…por ello el relato nos cuenta que el hijo de Estrepsíades: le hace dar vueltas a su padre cual caballo.[14] Estrepsíades no puede conciliar el sueño, y se despierta en medio de la noche, dando vueltas con la intención de resolver su problema de deudas, de cumplir con su obligación (ophíelei). El relato dice que “está mordido por los gastos y las deudas de su hijo”. La mordedura de la serpiente (en este relato es el de una chinche entre las mantas), es el símbolo de las deudas, pero también será la mordedura del “demarcho”, en la reclamación de deudas públicas (más tarde será la mordedura de los impuestos).

            Es entonces, cuando aparece la figura tercera del relato. Su hijo Phidípides. Aquí se representa la ecuación dialéctica entre el Padre agricultor-productor y el Hijo-ocioso-consumidor. Estrepsíades, llevaba vida de agricultor. Un agricultor que vivía de la producción: de leche y carne del rebaño, de la miel de abeja y de la aceituna prensada. Leche, miel y aceite son los productos básicos de la economía griega. Luego se casó con “la sobrina del aristócrata Megacles”. Y nació su vástago, cuyo nombre haría honra, no a la producción sino al consumo y el crédito. El nombre del caballo (ippo)  es el sufijo impuesto por la madre. Y el nombre del abuelo, delante: Phido, que recuerda a las pellizas y a las cabras de sus antecesores paternos. Pero ganó el sufijo sobre el prefijo, pues el hijo se concentró en los caballos, las carrozas y el lujo, que era también el deseo de la madre.

           El insomnio del padre, es como la “peste caballar”, peste que será la enfermedad consumista del hijo por los caballos. Enfermedad hípica que afecta al padre. Fidípides solo tiene como dios, a Poseidón-hípico. Mientras el padre no duerme por deudas, el hijo sueña con caballos y carreras. El padre acabará con sus sueños, pero el tío Megacles seguramente no lo consentirá.

            El padre aconsejará al hijo para que cambie de vida (“por los garbanzos de tu padre)” Que deje los caballos y que tome el camino de la filosofía. Pero la filosofía, es la de Sócrates y Queréfonte (su discípulo). Una filosofía, que no sirve como antes, a conocer, sino a pleitear. Una filosofía para defender tanto las causas justas, como las injustas. Una filosofía convertida en sofística que tiene dos modos de argumentación: la del mejor y la del peor argumento.

            Y ahora ya podemos situar el espacio del relato en función de los tres personajes: el agricultor de la producción, el pensador de la producción y el joven consumidor (amante de los caballos). Entre ellos media el capital-a-préstamo y el interés.

            En esta tríada de personajes, podemos vislumbrar un substrato conceptual que es necesario sacar a la luz ahora. La tríada de personajes (Estrepsíades-Sócrates-Fidípides) configura el núcleo del relato, que se desarrolla sobre la idea principal de la “ophíelei” (deber, deuda, obligación financiera), que adquiere un doble juego semántico al tratarse de dos fenómenos paralelos:
_ la “ophíelei” como deber, obligación, necesidad. Ya sea de tipo moral o de tipo económico-financiero (interés, provecho)
_ la “ophéllo”, en tanto significa: hinchar, acrecentar, etc. Ya sea el capital-a-interés o la misma Physis.

            Se aprecia un paralelo, entre la physis que se hincha (el emphysema y la physis o soplo) y el dinero que se incrementa por el interés del préstamo (la deuda que se hincha o ophello/ophíelei). De modo, que podemos considerar que la ophelíeia en la phsysis y la opheileía en la economía, andan paralelas y hermanadas.  Vemos un isomorfismo opheleío, entre un kosmos y un Oikos.

            Y en ambos fenómenos de ophíelei, se producirá una metamorfosis ideológica y económica del orden de lo filosófico, del orden de lo subjetivo, y del orden de lo económico. Metamorfosis simbolizada por el cambio en la personalidad de Estrepsíades.

            Hay un primer Estrepsíades y un segundo Estrepsíades, que acaba al final retornando al primer estadio pero bajo la apariencia de la locura. De distinto modo, se produce un cambio en el hijo de Estrepsíades, quien intenta que su hijo “cambie los caballos por la filosofía de Sócrates”.
            El primer Estrepsíades, es un hombre que vive entre dos mundos: la producción del agricultor y el consumo del aristócrata. Entre él mismo y su propio hijo (que es parte de él). Entre las dos partículas del nombre del hijo: “Fidias” e “Íppides”. El hijo tiene dos naturalezas, como los dos caballos que mueven el carro del alma. Aunque la naturaleza del consumo y el ocio, domina a la de la herencia paterna (el trabajo y el sacrificio). 

           Estas dos fuerzas, o naturalezas podemos contemplarlas en la visión equina de dos modos de ser caballo: el caballo del arado y el caballo de carreras. Hay también modos de ser caballo, y Aristófanes nos dice que hay unos caballos marcados con la letra “koppa” y otros con la marca “ese”, que servirían a distintas funciones. Podríamos ver en todo ello, una lógica de la potencia y de los afectos, que nos recuerda al espinozismo deleuziano. Pero esto no es ahora, motivo de detalle.

            Lo importante, para nosotros, es fijarse en que el caballo es marcado con el Sema. Semeíon del caballo, por un lado y préstamo del capital por el otro. Hay toda una dualidad de lógicas económicas y semióticas, en el acto de endeudamiento y en el acto de la producción.

            Pensemos ahora, en la física griega. Recuerdo que la “ophí-ello/elei” nos conducía a una doble expresión del sentido: el deber moral/económico de devolver la deuda y por otro lado, el proceso de incremento, de hinchazón del capital o de la physis. De modo que el capital financiero del préstamo por interés, se hincha como lo hace la physis. La physis pensada bajo la lógica de las Nubes. Y en el paso iniciático, del sujeto esclavo de la tierra al sujeto esclavo de la interés de la deuda, analizamos la transformación de una cosmovisión, una teogonía, una economía y una subjetividad que transcurren sincrónicamente dicha metamorfosis.

            El segundo Estrepsíades, ante verse embargado en todos sus bienes, decide ir a aprender a discursear. El viejo, olvidadizo e inculto agricultor, desea ahora convertirse en un productor de ideas. Pero su rudeza, para el pensar, se manifiesta al dar la patada en la puerta del “pensatorio” (casa y escuela socrática). Al dar la patada inicial, ¡ya ha abortado una idea!, según Queréfonte.

            En el doble juego aristofánico, entre la hinchazón de la physis y la hinchazón del capital financiero, también se describen comparaciones burlescas, como la del estudio acerca de cómo cantan los mosquitos: si por la boca o por el ano. Entre los dos orificios, la boca que habla y el culo que ventosea, se da el paralelismo entre el lenguaje-de-las ventosidades y la physis-de-las nubes hinchadas. Una cosmogonía, donde el Aire lo es Todo. El aire empujado con suavidad produce palabras, sonidos, argumentos, etc. Al mismo tiempo que el aire, produce ventosidades ya sea en los humanos, como en el canto de los mosquitos. La astronomía se aprende, según la escuela de Sócrates, poniendo el culo hacia el cielo. Nubes y culo, producen las mismas ventosidades.

            Esta cosmogonía del aire como ventosidad, de la palabra y del capital, conduce a una visión teogónica distinta de la oficial en la polis griega. No será el Padre Zeus el que crea el fenómeno del rayo, el trueno, la lluvia, etc. Sino que son las nubes hinchadas de aire cálido, las que producen los truenos, las tormentas y la lluvia que fecunda la tierra y permite la producción de las cosechas. Será el agricultor Estrepsíades, el que deberá transformar su culto a Zeus, por el culto a las Nubes. De la filosofía a  la sofística, es el cambio que se produce en el entendimiento, cuando se abandona el culto a Zeus y se sustituye por el culto a las Nubes. El propio Sócrates, es ilustrado como aquel personaje aéreo que está colgado del cesto suspendido en el aire. Al suspender el cuerpo, se suspende el razonamiento, y el logos se hace etéreo y sutil como el mismo Aire.

            En esta ruptura cosmogónica[15], que separa el cosmos de Zeus, de la physis de las Nubes, constituye un salto ontológico que produce también un cisma entre el pensamiento económico de la producción y la economía del préstamo financiero. Sócrates dice: “los dioses no son de curso legal”. Es que entonces, antes sí lo fueron. La acuñación de moneda metálica simbolizaba el mundo de Zeus, ahora el préstamo a interés se asocia al mundo del Aire de Las Nubes.

           De modo que el “nomisma”, es creencia, costumbre y curso legal de las monedas (de ahí viene la numismática). Como lectores, pasaremos junto a Estrepsíades, de un logos del nomisma, a otro del sofisma.

            Esta nueva lógica del cosmos, afirma que “las nubes junto con el Aeter, son el padre de todo” ( productor de la lluvia, el trueno y el rayo). Se da el paralelismo entre la naturaleza ventosa del vientre humano, y la physis de las nubes. Esto significa, entrar en una epistemología del “no[16]”-a-la metafísica del demiurgo platónico. El aire y la nada, serán los principios activos de esta nueva cosmogonía y teogonía, donde ya no reinará Zeus, sino Torbellino etéreo. Un Tyffon griego, que origina el tyffos (humo, aire, vacío). Tyffon griego y padre de los vientos huracanados[17], pero heredero de un arcaico concepto semita: el en-sof. Respiración primera, pneuma creador, potencia etérea del universo. Sócrates dirá, en el relato de Aristófanes, que “sólo hay tres dioses: el vacío, las nubes y la lengua”. Estos tres dioses se oponen, sin duda, a la otra cosmogonía que veneraba otros tres: la materia, Zeus y las Ideas. De la materia como elemento sustancial del cosmos, pasamos al vacío que lo constituye todo. De Zeus como padre del cielo, a las nubes como madres celestes. Del lenguaje como logos que imita al mundo de las Ideas, a un lenguaje como técnica del engaño y del sentido paradójico en los argumentos. Ahora el lenguaje no sirve para representa la verdad del mundo de las ideas, sino que sirve al fin de la argumentación según el interés. El interés del litigio sobre el préstamo a interés. Interés del lenguaje que servirá para la defensa ante el  interés del capital. Estrepsíades dice: “hay que buscar la idea estafadora de los intereses”.

             Y por último, podemos añadir, que de la economía de la producción de la tierra y la acuñación de moneda, a otra economía de la financiación y el préstamo a interés.

            Esta ruptura o discontinuidad, de una filosofía a una sofística, se aprecia en las numerosas referencias al astro de Selene. La religión del Sol es al logos de Zeus y a la correspondiente economía de la producción, mientras que la religión de la Luna, será al razonamiento de las Nubes y su correspondiente economía de la financiación. Tenemos pues dos grandes series lógicas, entre las que se produce la ruptura, por el camino de la metamorfosis de Estrepsíades.

            La ruptura epistemológica y cosmogónica, se aprecia en las prioridades astrales de una y otra lógica. La cuestión anda entre, el Sol o la Luna. La pregunta principal de la obra será, en base a esa ruptura epistemológica, ¿cómo contar los meses y sus días? Según el calendario solar o según el lunar. Según Zeus o según Tifón y las Nubes. Según la economía de la producción (agricultura y moneda nomisma) o según la economía de la financiación. Pues ya en el comienzo del relato, Aristófanes introduce el tema en boca del insomne Estrepsíades: mientras cree en Zeus, yace despierto de noche mirando la Luna que amenaza con el tiempo de los intereses de la deuda. Ya que es el día veinte de cada mes, coincidiendo con las fases lunares cuando los intereses acumulados, se presentan ante el deudor.

Lógica A del Capital de Producción
Lógica B del Capital de Financiación
Capital Sólido
Capital gaseoso
Espacio de Producción
Espacio de Financiación
Acto de acuñación de  Moneda
Acontecimiento del Préstamo
SEMEÍON (del caballo)
DANEÍON (del caballo)
1er Estrepsíades
2º Estrepsíades
Teogonía de Zeus
Teog. de las Nubes (Tifón)
Materia e ideas
Aire y vacío
Calendario solar
Calendario Lunar
Filosofía
Sofística

            Estrepsíades con tal de poder escapar a las deudas, probará su iniciación en la secta de los pensadores que adoran a la Luna y las nubes. Y es justamente, que en palabras de Estrepsíades, la luna es depreciada por los griegos, pero es preciso según el logos de la economía financiera, que los días se cuenten con las fases de la luna. Estrepsíades, el segundo Estrepsíades, se encontrará ahora ahogado entre dos frentes que son uno mismo: entre los intereses lunares de la deuda y entre las retribución por el saber de los sofistas. Estrepsíades se dirigirá a las Nubes, para que le ayuden a saber “manejar la lengua”.

            Entre estas dos manifestaciones de un mismo espacio ontológico, Estrepsíades se halla estrangulado[18] en su pérdida de los bienes. Pierde las zapatillas por pura necesidad (ophíelei) ante los deudores económicos, pero pierde también la capa “por gastarla en pensamientos” ante los sofistas que siempre van descalzos. Indigencia económica y miseria intelectual, ahogan al segundo Estrepsíades. Será el coro el que reconozca a Sócrates: que succione todo lo que pueda a Estrepsíades, porqué está loco.

            Esta vinculación del cosmos lunario y selénico, con la lógica del préstamo-a-interés, culmina cuando Estrepsíades, accederá a poner en práctica el argumento-peor. Quedan dos días tan solo, para que llegue el día de los acreedores (el día lunario). Y Estrepsíades piensa cómo ese día señalado, se nombra como “día viejo-y-nuevo”, que desde la reforma de Solón, se toma por el día de reclamación de los intereses coincidiendo con el día de la Luna vieja-nueva. El día fatídico, en que el acreedor puede depositar la cantidad consignada, contra el deudor. Como depósito legal para tener derecho a un juicio de deudas. La lengua de doble-filo deberá afrontar el juicio de los intereses. 

           Mientras que la solución del padre para evitar el interés-lunario-de la deuda, es la de con la ayuda de una Circe, robar la Luna. La argumentación sofista de Fidípides, consiste en pensar que no es posible que un mismo día, se convierta en dos distintos: el día viejo y el día nuevo, a la vez.

FIDÍPIDES. El antiguo Solón era por naturaleza amigo del pueblo.
ESTREPSÍADES. Eso por ahora no tiene nada que ver con el día viejo-y-nuevo.
FIDÍPIDES. Así que aquél situó la citación en dos días, o el día viejo y el día nuevo, para que los depósitos se hicieran en la luna nueva.
ESTREPSÍADES. ¿Para qué añadió el día viejo?
FIDÍPIDES. Amigo mío, para que los demandados comparezcan un día antes y así se lo quiten de encima de antemano y voluntariamente, y en caso de que no, para que el día de la luna nueva por la mañana estén un poco intranquilos202
ESTREPSÍADES. ¿Cómo es que los magistrados no aceptan entonces los depósitos de la cantidad consignada el día de la luna nueva, sino el día-viejo-y-nuevo?
FIDÍPIDES. Es que me parece que les pasa lo mismo que a los catadores: para malversar lo más rápidamente posible los depósitos, para eso los cobraban un día antes.

La propia idea de día lunario, o día donde la luna vieja es luna nueva, es una paradoja que la sofística usa para escabullir la obligación moral de la deuda a pagar. Estrepsíades, inquiere a su primer acreedor ¿el interés? ¿Qué animal, es ese?

ACREEDOR 2.º Bueno, si no tienes dinero suficiente, al menos págame el interés.
ESTREPSÍADES. Ése, el interés, ¿qué animal es?
ACREEDOR 2.º ¿Qué otra cosa va a ser sino que cada mes y cada día el dinero se hace siempre más y más, al pasar el tiempo?
ESTREPSÍADES. Bien dicho. Pues a ver: ¿crees que el mar es mayor ahora que antes?
ACREEDOR 2.º  No, por Zeus, es igual. Pues no es apropiado que sea mayor.
ESTREPSÍADES. Entonces, desgraciado, ¿cómo es que éste no se hace mayor con los ríos que afluyen a él, y tú sin embargo tratas de hacer tu dinero más grande? ¿No te expulsarás a ti mismo de la casa? (A los de la casa.) 

Obsérvese que aquí, en este fragmento de "Las Nubes", se compara la limitación del elemento "agua", con la "ilimitación" o la "infinitud" del elemento "capital-a-interés". (Esto servirá al lector, para ligar el argumento de este escrito). De modo que el capital-financiero es una "bestia", un "bicho", un "animal extraño"...es el capital que crece ilimitadamente. Es un capital-apeyron, que sigue a las directrices de la lógica del Sofista. Pasemos ahora al hijo del deudor: a Phidípides. Tras el viaje hacia la locura del padre, las Nubes le dicen que envíe a su hijo a la escuela de Sócrates. Es curioso, que el hijo reconozca la locura en esa sofística sectaria, propia de los “hombres biliosos”.[19] Fidípides no tiene suficiente, y se atreve a decirle a Sócrates que “lo colgarán”. Parece que esté preconizando la futura muerte de Sócrates, por su propia polis. Pero Fidípides, representa para Aristófanes, la nueva y moderna paideía (educación) que aparece en la polis, representada por una segunda generación, de aquellos hijos educados en la complacencia como el hijo de Estrepsíades.

            Los dos argumentos (el mejor y el peor), propios de lo sofístico, parecen surgir de las dos educaciones. Mientras el argumento de lo mejor, trata de argumentar en razón de la obligación y deber de cumplir moralmente con la deuda. El argumento de lo peor, intentará evitar el cumplimiento del deber moral y del deber financiero. El primero se funda sobre el principio de que hay justicia junto a los dioses; el segundo se fundamenta sobre la idea de que no hay justicia…ni dioses como el propio Zeus. Esto se corresponde con la “disrupción teogónica” visible en el tránsito de una cosmogonía alrededor de Zeus, y una cosmogonía alrededor de Tifón. Orden y Caos[20], se enfrentan como dos argumentos divinos, como dos modos de hacer filosofía y como dos modos de educar a la juventud.

            Entre estos dos mundos, está en juego la sabiduría. El viejo orden y disciplina, el antiguo sentimiento de vergüenza moral, el estudio de los jóvenes en la “Palestra” (gymnastikón) y en el “Akademos”[21], son consideradas por el propio Fidípides como charlatanerías y antiguallas propias de cazamoscas. Fidípides, en contra del mismo Coro, opta por la segunda educación: la de divagar en el ágora, cotillear acerca del demos, frecuentar los baño calientes de Heracles, contradecir las costumbres, litigar los asuntos justos, evadir el pago de las deudas. Y elegir, los argumentos de lo peor, para salir vencedor. Todo ello, porque ya no se confía en el orden antiguo de la polis: ni en sus políticos, ni en sus abogados, ni en sus trágicos poetas.

            La técnica de la argumentación está ahí, para bien o para mal, como la misma ciencia y su práctica tecnológica. Sócrates no afirma ni niega nada, él parece solo poner a disposición la técnica del lenguaje sofista. Para que el alumno decida luego cómo quiere usarla. Sócrates se mantiene pues, parece, a distancia de aquello que es justo y aquello que no lo es. Aunque parece claro, por otro lado, que el saber de Sócrates sobre el uso y técnica del lenguaje se funda sobre una cosmogonía basada en el principio anti-metafísico de la nada, el aire, y el principio gobernante (arché) del Tifón o Torbellino. Y esto es contrario al orden cosmogónico de Zeus.

            De todo ello, sucede que la posición del Coro, del Corifeo….y del propio cómico Aristófanes, pensamos que se alinea con el viejo mundo griego de Zeus. Aristófanes sería metafísico, desde su comedia, pues todo parece indicar que está a favor de Zeus y en contra de las Nubes y de Tifón. El coro, el corifeo enuncian mensajes que dan a entender lo que digo. Cuando por ejemplo, se dice que el Coro, adelanta la futura desgracia de Estrepsíades “por amar asunto ruinosos”. El adjetivo de “ruinosos” tiene aquí la doble acepción, otra vez, de lo económico y de lo moral. Pero además, se añade, la idea del corifeo cuando habla de “palabras de doble cuño”, del lenguaje sofista que causa agitación, “persuasión para hacer aparecer lo injusto como justo”. Episteme y logos de la desobediencia, de la insumisión: “como los gallos que se toman la revancha de sus padres”.

            Todo ello nos hace pensar, en que Aristófanes defiende la metafísica de Platón. Contrariamente a lo que algunos eruditos han escrito. Sobre la figura de Sócrates, no puede decirse nada de lo que haya dicho hasta ahora, y que el lector escoja por sí mismo. ¿Es la locura, como destino de Estrepsíades y su hijo, la causada por Sócrates o por no temer a los dioses?[22]

            La obra es por tanto una comedia, que anuncia sin embargo, desde el principio y hasta el final, un destino trágico, a través de la metamorfosis de Estrepsíades. De la cordura a la locura. De la agricultura, a la deuda financiera, y su salida o vía de escape por la sofística. Línea de fuga sofística[23] que se vanagloria del lenguaje de doble sentido. de la glorificación de la paradoja. De la ruptura del principio de no-contradicción, y por último de la afirmación del devenir incapturable por la razón.

            El hijo, al final del relato, aplicará la técnica de la argumentación sofística. Hecho que le conduce al sinsentido o al teatro del absurdo. Que es también el final del teatro de la representación. El argumento mejor, le conducirá a pegar al padre y el argumento peor lo llevará a pegar a la madre.            Es pues un destino trágico, el que conduce la sofística a aquellos (como dice el Coro), que “aficionados a las caballadas”, le procuran desgracias para que “aprenda a temer a los dioses”.

            Estrepsíades, el viejo agricultor que acaba embaucado por la teogonía nefelata (o nubulosa y nebulosa), es atrapado por la técnica sofística del lenguaje, solo destinada para algunos iniciados. Pues la mayoría de habitantes de la polis, puede acabar loco si sigue el camino de la sofística. No todos pueden ser filósofos, en la polis….La casa de Sócrates acabará incendiada…y Sócrates sobre el tejado
.
            Finalizado ya el análisis sobre “Las nubes”, nos inclinamos a pensar, que Aristófanes era un metafísico platónico disfrazado de comediante. Pero además, del Aristófanes metafísico,  es sin duda un filósofo político y económico. Bajo nuestro contexto, que es este libro, “Las nubes” puede ser analizada tan sólo como un dibujo de la ruptura económica que transcurre en la polis griega: de una economía fundada en la agricultura, a una economía basada en las relaciones financieras, que son fruto de un cambio social: de la generación de padres productores a la generación de hijos consumidores. Aristófanes se revela entonces, como un economista cómico...”Pluto”, otra de sus obras, es el dios de la riqueza y en ella aparece un personaje, que parece haber tomado la misma suerte que el de las nubes...Lampsaco. Pero, en otras obras como la “Lisístrata”, también aparecen notas referentes a los metekoi (comerciantes y financieros extranjeros) y a los deudores para con el Estado: “

“LISÍSTRATA. Primero, a la ciudad como al vellón de lana, después de haberle quitado la mugre lavándola en un baño, habría que ponerla sobre un lecho, apalearla para que eche a los sinvergüenzas y sacarle lo sabrojos; y a esos que se reúnen y se aglomeran junto a los cargos públicos, separarlos con el cardado y arrancarles... las cabezas. Después habría que esponjar la buena voluntad común y echarla en un cestito, mezclando a todos, a los metecos, a los extranjeros que sean amigos nuestros, ya los que tengan deudas con el Estado: también a esos mezclarlos ahí...”
.
            La comparación entre la polis y el “copo de lana”, es extraordinaria. Hay que limpiar la polis, como se limpia el vellón de lana. Esto acerca el vellón de lana, suave y esponjoso como una nube aristofánica, a la ciudad de Platón en la República. Son los corruptos y los que no hacen frente a sus obligaciones morales y luego,  o a sus deudas económicas con el Estado y con sus ciudadanos, los designados como “atimoi”. Aquellos que no tienen honor, valor, andreia…aquellos que no tienen “tymos”. Entre los cuales, podríamos situar a Estrepsíades y Fidípides.

Ahora debemos adentrarnos en un análisis generalista sobre la mutación sufrida por la filosofía griega, en el contexto que “Las nubes” nos ha presentado. Habla anteriormente, de una ruptura teogónica, cosmológica, y económico-moral, en la transición del mundo de Zeus al mundo de Torbellino. La misma transición de la economía de la producción y la Tierra (fase natural del valor) y la de la acuñación metálica de la moneda (nomisma), a otra economía fundada en el préstamo y en la acumulación del interés financiero.

Del mismo modo, vemos como el Sócrates de Aristófanes es un “pre-socrático” pensador, si es que me concede el lector este epíteto. La sofística nacería de los fisiólogos, es decir, de los pensadores de la physis-que-se-hincha. Pues la raíz de la “physis” significa precisamente: soplo, aire hinchado, como ya hemos visto. Algunos autores han visto en ello, caracteres y elementos heredados de la escuela jónica.

Y es a partir de aquí, donde quiero realizar una breve redefinición de aquel mundo que en la historia de la filosofía ha sido trazado con una división ineludible: que media el pensamiento de los pres-socráticos y el de los post-socráticos. División, que justo comienza a raíz del propio Sócrates. Pensamos en todo lo que se ha escrito a raíz del libro de Kirk, Raven y Schofield, titualdo “Los filósofos presocráticos”.

Contrariamente, al análisis clásico sobre la cuestión que plantea la división nítida, antes comentada, entre un “antes” y un “después” de Sócrates, quiero o pretendo plantear una visión nueva apoyada por el concepto de “ruptura epistemológica” (bachelardiana) pero con algunos matices. En realidad, la visión sería la de una doble serie constituida por dos lógicas o logos que a lo largo de la historia se entrecruzan, en función del pensamiento que se potencie en orden a un universo de materia o a un universo de vacío. En orden a las dos visiones que el propio Aristófanes explicita en “Las Nubes”: la cosmogonía de Zeus o la cosmogonía de Tifón. Habría puntos de discontinuidad en el desarrollo del saber de cada serie. Evolucionarían de forma discontinua, interrumpiéndose entre ellos, en sus caminos y evoluciones. De modo que, la visión tifónica del cosmos quedaría interrumpida momentáneamente, por las líneas fundamentales del momento filosófico naciente, con las obras de Platón y de Aristóteles. Aunque luego, la línea tifónica se reanudaría con la escuela de pensamiento neoplatónica, por ejemplo.

Si miramos hacia atrás, a partir de Sócrates, sucede algo similar en el funcionamiento discontinuo de las dos series lógicas. Me refiero a los pensadores denominados como fisiólogos y presocráticos.

Deberíamos sustituir la distinción clásica entre los pre-socráticos y los post-socráticos, por otra que parte de la siguiente distinción a nivel epistemológico:
Habría dos modos de pensar sobre la physis. Una primera opción es la que se erige a partir de los conceptos de “arché” y “stoicheon”. Otra segunda, se establece en base al concepto de “apeyron”. Estas serían las dos grandes series del pensamiento, que se entrecruzaran a lo largo de la historia, provocando rupturas, entendidas como épocas de discontinuidad, en el desarrollo de ambas.

El “arché” es la noción que designa primordialmente, el sentido de “gobernanza”. El arconte es el gobernante de los hombres, heredero del arché, en tanto principio que gobierna el orden del cosmos, de la propia físis. El “stoicheon” es el concepto que sirve de pinza, para elaborar un cosmos ordenado que contiene elementos materiales elementales y simples que son los que obedecen según el orden del “arché”.

En la otra serie del pensamiento, aparecerá la paradójica noción de “apeyron”, como aquello que es definido por la negación: el a-peyron, lo que no tiene límite, lo que no tiene perímetro, lo que no tiene tampoco figura geométrica definida.

Yo entiendo, para la comprensión del análisis, que la primera serie del logos-del-arché pertenece al mundo de Zeus, mientras que la segunda serie del logos-del-apeyron se asocia a la cosmogonía de Tifón. Esto mismo, se puede comprobar en el mismo relato de Aristófanes, como ya hemos descrito.

Hay otra idea necesaria para comprender, por qué no podemos hablar del pensamiento presocrático y postsocrático. Se trata de ver tal duplicidad de series del logos, y relacionarla con la naturaleza de los cuatro elementos fundamentales para los pensadores de la Grecia arcaica. Los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, son enunciados por los diferentes autores y escuelas que constituyen aquello que la historia de la Filosofía ha venido definiendo bajo la etiqueta de pensadores presocráticos.

Pero mi distinción radica, no en la filosofía de los elementos versus la nueva filosofía de los principios, sino en observar cómo los cuatro elementos son susceptibles de ser acomodados a una de las dos visiones distintas sobre el Cosmos, y en función de distintos argumentos del Logos. No habría tampoco, siquiera, una clara distinción formal entre lo que se ha llamado “mythos” y “logos”. No habría un paso fronterizo definido, entre el mythos y el logos. Por la razón, que antes aludía, de que los cuatro elementos orientan al pensamiento de distinto modo, según las dos series.

La intención es distinguir dos grandes series, o conjuntos de naturalezas, que pertenecerán unas al orden de Zeus y otras al orden de Tifón. Mientras que la Tierra y el Agua, incitarán a acomodar el pensamiento según las leyes del “arché” y del “stoicheón”; el aire y el fuego lo serán del mundo especial del “apeyron”.

Si la tierra y el agua, son elementos que se dejan medir, contar, parametrizar, en su extensión, en su figura en su perímetro; sin embargo la naturaleza del aire y del fuego sigue otra fenomenología, propia de las esencias que se pueden comprimir y expandir, que no disponen de una extensión definida. No son limitadas, como no lo es el “apeyron”. No son tampoco, susceptibles de proceder como “stoicheon” o unidad material elemental. Son naturalezas que escapan o huyen de la voluntad de limitación. El fuego ígneo y el Aeter, son sustancias cuya noción escapa al mismo “arché”.

Según esta idea simple, no cabe hablar de filosofía presocrática y postsocrática. Sino de dos modos de filosofar sobre la físis y el cosmo: según el arché, tomando como stoicheon la tierra o el agua; y según el apeyron, tomando como apeyron mismo, el Aeter o el Fuego.

En esta línea, podemos situar dos caminos paralelos en distinta velocidad de evolución:
Lógica A, de Arché: Tales (agua), Platón, Aristóteles
Lógica B, del Apeyron: Anaximandro (apeyron), Heráclito (fuego), Anaxímenes (aire, la rarefacción y la condensación).

Para los pensadores del Arché, el principio vital funciona de modo mecánico, como el principio del “tymos” platónico, o el mecanicismo causal del motor en Aristóteles.

Sin embargo, para los pensadores del Apeyron, el principio vital, es el termodinámico, como el “pneuma” o soplo vital, que desde Anaxímenes, es un aliento de vida.

Esto podemos apreciarlo también, en la noción del espacio que tienen ambas series de pensamiento. En la lógica del arché-stoicheón, aparece el espacio pensado por Euclides, espacio continuo, divisible hasta cierto límite por la geometría perimetral. El mismo espacio donde habitan los sólidos platónicos. Que dará fruto con los siglos al espacio cartesiano y sus ejes de coordenadas.

 Sin embargo, en la lógica del apeyron, el espacio toma consistencia de continuo divisible hasta el infinito. División infinitesimal del espacio que produce un pensamiento paradójico como el de las paradojas de Zenón de Elea. Espacio matemático que dará lugar, siglos más tarde, al espacio diferencial y al cálculo integral.

Si el análisis se realiza sobre la concepción de la materia, observamos cómo la lógica del arché/stoicheón, conduce a un proceso de descomposición que termina y finaliza en un límite: el á-tomos o “la parte no-seccionable”. El átomo es la unidad elemental de materia extensa indivisible. La physis está constituida por elementos de materia extensa no infinita y no divisible. El átomo es el “stoicheón”, que impide un mundo-del-vacío. Son esos elementos elementales, que sostienen la lógica del arché, los denominados “homeomerías” o elementos que constituyen el concepto de “stoicheón”. Elementos de materia extensa que subordinan a la ley del arché, dotando al mundo de un orden de funcionamiento que podríamos llamar mecanicista. Demócrito, instaura este universo de los elementos indivisibles que producen los cambios en el cosmos.

Pero en la otra serie del pensamiento, aparece una visión del universo fundada en la idea de que es posible una división no solo del espacio, sino de la propia materia, hasta el infinito. La materia acaba por desintegrarse en sustancias sutiles y etéreas, como los son las partículas del Aire y el Fuego. Desintegrar la cualidad extensa del stoicheón, para llegar a la noción del vacío. Que es acompañada de la noción sacrílega, para la metafísica, de la Nada. El vacío y el Aeter simbolizan el no-ser, la nada, desde la cual surge algo. Aquel no-ser que acaba siendo. Lo encontramos en el pensmiento de Epicuro y  luego de Lucrecius.

            Si nos ceñimos al mundo del lenguaje, aparecen dos modos de producir lenguaje: el lenguaje como representación y el lenguaje como simulacro. El primero pertenece al pensamiento de Platón, donde la palabra aunque imitativa o copia imperfecta de las ideas, recuerda a la esencia de la cosa. Mantiene cierta voluntad de fidelidad para con el mundo de las esencias. En Aristóteles, el lenguaje está sujeto al principio de no contradicción, evitando el enunciado paradójico, por ello se fuerza a inventar un teoría del acto y de la potencia.

            Por el contrario, el lenguaje sofístico hace uso de la técnica de la argumentación doble (el mejor y el peor, en Las Nubes). El lenguaje es un instrumento al servicio, no de la verdad objetiva, sino de la verosimilitud intersubjetiva. El lenguaje sirve a las necesidades de la victoria en el pleito, no al de la búsqueda de lo justo/lo bello/lo bueno. La philosofía se vuelve sophía, que hace del sentido unívoco, el doble sentido paradójico, a modo de doble pinza battesoniana.



[1] Is,24-2; Ez. 18-7; Dt,15-2
[2] El mismo Sócrates antes de morir, toma conciencia de us “ophíelei” con Esculapio: un gallo. Platón, Diálogos. Fedro118.
[3] Platón, Diálogos. Leyes IV-717b ; Leyes V-736d; Crátilo 400c.
[4] Extraído de E. Tiedtke/H.-G. Link. Bibl. W. Grundmann, Art ThWb1,1933,347 ss- id, Art aérete,ThWbII,1935,21ss
[5] Ophello, en griego, es acumular o incrementar, por ejemplo en Evangelios Santiago 2:14.
[6] Recojo esta idea, del texto de Derrida, en Pasiones. La ofrenda oblícua: “En la deuda se combinan el deber y la falta: conexión que es evidenciada por la historia de las lenguas germánicas : el alemán Schuld significa a la vez “deuda” y “falta”, y schuldig, a la vez “culpable” y “deudor”. Schuld deriva de una forma gótica skuld, la que a su vez se conecta con un verbo, skulan “tener la obligación”, “estar en deuda” (traduce, en el Evangelio, el verbo griego opheilo, que posee las dos acepciones), y también “estar en falta”.”
[7] Aristófanes (IV-V. adC) “Las Nubes”, 1217-21.
[8] Prácticas usurarias, anatocismo y la protección de la parte más débil del contrato en el derecho grecorromano: la defensa del deudor como principio jurídico común .Andrea Silvana  Mederos.Emiliano,  Jerónimo Buis. Universidad de Buenos Aires. XV Congres. Latinoamericano de Derecho Romano. Agosto 2006.
[9] El demos, es el barrio o el distrito dentro de una Polis. El demarcho, será el que gobierna el demos. Y se encarga de dirigir  los pleitos sobre deudas.
[10] ESTREPSÍADES. Me está picando entre las mantas... un demarco”. El demarco es como una chinche, para Estrepsíades. Le chupa la sangre, bajo impuestos o bajo la reclamación legal de intereses.
[11] Aristófanes, Las Nubes. “Después de Pasias, ¿en qué deuda me metí? «Tres minas por un carro pequeño y un par de ruedas a Aminias.”
FIDÍPIDES. (Dormido.) Haz que el caballo se revuelque 5 y luego llévatelo al establo.
[12] Trapethoi, significa “mesa”. La mesa del banquero, sobre la que se realizaba la operación financiera, que luego se convertirá en el Renacimiento en “la banqueta”. Más tarde, en “el banco”.
[13] ESTREPSÍADES. ¡Ay, amigo!, ¡a mí sí que me has revolcado... fuera de mi dinero: ya he perdido varios pleitos y otros acreedores dicen que me van a embargar por los intereses! FIDÍPIDES. (Despierto.) A ver, padre; ¿por qué te pones de mal humor y andas dando vueltas toda la noche?
[14] Tú sí que me haces dar muchas vueltas a mí, a tu padre! …  FIDÍPIDES. (Dormido.) Haz que el caballo se revuelque  y luego llévatelo al establo.
[15] Aseguro, que se produce en el relato de Aristófanes un verdadero salto, o discontinuidad, o ruptura epistemológica, en referencia al concepto de Bachelard.
[16] Aprovechando la idea de Bachelard, aparece en el relato una metafísica-del-no, que hace retornar a una física muy particular, fundada en el principio del Aire y el Vacío.
[17] En palabras de Estrepsíades: “ímpetu destructor de las húmedas nubes que culebrea resplandeciente”, “mechones de Tifón”. Tifón griego que luchó contra Zeus, en la teogonía de Hesíodo. Tifón, último vástago de Gea enviado por Zeus a las profundidades del Tártaro, en el volcán Etna.
[18] Estrepsíades, en una de sus argumentaciones a la desesperada, piensa en ahorcarse para escapar a las deudas. Hecho que acaba con la paciencia de Sócrates, quien lo expulsará definitivamente de la secta. Recordemos que “collar”, “torque” que anuda y estrangula el cuello, proviene también de la raíz “strepto”.
[19] Habría muchos que decir, sobre la bilis o la “kholé” griega. Pero diremos que aquí se usa como imagen simbólica de un carácter colérico próximo a la locura.
[20] La competencia entre Tifón y Zeus, es la competencia entre el mundo semita y el griego. Entre las dos montañas sagradas: Olimpo de Zeus o la montaña Safón de Seth.. El Seth o Tifón, según Blázquez, es el Baal de los sofonitas o safones o seguidores de Seth/Tifón.
[21] Por ejemplo, la Academia o Liceo de Platón.
[22] No temer a los dioses, es como no temer a Zeus padre. No creer en Zeus, es como no creer en la acuñación de la moneda metálica. Nuestra tesis es que esta ruptura teogónica, abrirá una nueva lógica económica fundada en el crédito sin moneda.
[23] Se puede ver en el lenguaje del doble sentido, y de la locura que niega el principio de no contradicción, una línea de fuga,  que nos recuerda sin duda a la razón postmoderna como crítica al pensamiento metafísico. Por ejemplo,en la filosofía francesa de segunda mitad del siglo XX.

Capítulo III. Estrepsíades y la Deuda. del libro de futura publicación: "De la metalúrgia a la semiúrgia".

1 comentario:

  1. Sobre la buena fe de Godofredo Leibniz.
    Discurso de Metafísica,Invierno de 1685.

    Punto 22. "Sobre la conciliación de las dos vías(...):Y los autores que siguen estas dos rutas diferentes no deberían maltratarse.(...)Pues veo que los que se afanan por explicar la belleza de la divina anatomía, se burlan de los que se imaginan que un movimiento de ciertos fluidos, que parece fortuito, ha podido producir una variedad tan diversa de miembros y los acusan de temerarios y profanos. Y éstos, en cambio, acusan a los primeros de simples y supersticiosos, semejantes a aquellos antiguos que creían impíos a los phusikoi cuando afirmaban que no es Zeus quien truena, sino alguna materia que se encuentra en las nubes".

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