18 mayo, 2012

Semiótica y Economía

Krugman y Hegel
                

                
1.08 Lingüística y Capitalismo.
Reflexionando y meditando, en paralelo a las meditaciones foucaultianas, sobre la conciencia y también sobre el capital, llego hasta el siguiente párrafo de Foucault (que no tiene precio):
“La conciencia es el cambista del yo. Debe examinar monedas, su efigie, su metal, su procedencia. Debe pesarlas para comprobar si han sido usadas indebidamente. Igual que la imagen del emperador está presente en el dinero, así debe estar la imagen de Dios en nuestros pensamientos.”[1]
                Que la conciencia sea el cambista del “yo”, que examina las monedas en relación a su valor de peso y a su naturaleza metálica, permite a Foucault establecer el paralelismo entre valor y peso, por un lado y entre conciencia y valorador o pesador, por otro.
Valor de la monedaßLa MonedaàPeso del metal
Valor formalßConciencia del dineroàPeso material
Causa  formalßActo de la acuñaciónàcausa material
                Este espacio de representación (A1) del acto de producción del dinero, se expresa bajo la acción del acuñamiento del dinero por orden del soberano. Lo mismo sucede cuando la orden viene de Dios:
Causa formalßActo de la CreaciónàCausa material
Es el Espacio de Representación, es también el Espacio de la toma de Conciencia. Espacio de la conciencia de un sujeto que será también el Espacio de Representación del Signo.
La relación del valor  en la creación dineraria, se establece por su vínculo de referencia: el patrón metálico y su peso. Esto coincide con la representación del poder, que sobre una cara de la moneda, a modo de símbolo: la efigie o la cara del soberano incisa en la moneda. Estamos ante la economía del valor-de-uso, de la producción de la tierra, de la acuñación de la moneda metálica por parte de un soberano, o  de un rey, que no es otro que la Conciencia.
Es el espacio epistemológico del sujeto como conciencia, del signo lingüístico. Lenguaje de un signo representador de un referente, lenguaje de la proposición como representante de la verdad.
                Pero cuando el sujeto ha perdido no solo su subjetiva conciencia, sino también su inconsciente; la economía habrá perdido su superestructura y su infraestructura. La efigie del emperador que acuñó monedas sólidas de oro en Bizancio, deja de tener sentido. El dinero ahora se imprime como deuda-electrónica. Ni siquiera como papel-deuda. Se ha dejado atrás el patrón oro, la efigie del soberano, y con ellos la conciencia del sujeto productor. El dinero ahora, se crea desde la nada más radical.
Si la efigie del emperador romano en la moneda de oro o de plata, es como la cara de Dios en nuestro pensamiento, ¿esto significa, tal vez que al desaparecer el dinero metálico gracias a la omnipotencia del dinero electrónico, también se disolverá la conciencia de lo divino en nuestras mentes, tal como se deshizo la conciencia del patrón oro?
¿Es que  la muerte de lo divino, que proclamó ya Nietzsche, no culmina hasta que muera el dinero metálico? ¿Y junto a ello, con la Política monetarista, del dinero electrónico, de la deuda soberana, de los mercados de derivados, no murió ya la Economía política?
La Economía política de las efigies en las monedas metálicas desapareció, para surgir la política monetaria del dinero-deuda emitido bajo la forma de un bono….Junto a esa sustitución de la lógica económica, apareció la sustitución de un lenguaje por otro. Lo lingüístico dejará paso a lo semiótico. El signo deja paso a la señal.
Ahora es Baudrillard, quien dirá acerca de la "moneda", algo en relación al estructuralismo lingüístico de Saussure:
"La homología planteada por Saussure entre trabajo y significado de una parte y salario y significante de otra, es una especie de matriz de donde se puede irradiar hacia toda la economía política. Hoy se confirma a la inversa: desconexión de los significantes con los significados, desconexión del salario con el trabajo." (El intercambio simbólico y la...)
Para Baudrillard, como para todos los post-estructuralistas, el pensamiento de Saussure es siempre rechazado pero desde la interioridad, desde su asimilación íntima y demasiado cercana. Lo cierto es que yo contemplo a Saussure desde más distancia que los pensadores post-estructuralistas, no sé si más fielmente o no, pero interpreto la lingüística sui generis.
Me refiero claro está, a la homología entre el lenguaje y la economía. Al isomorfismo entre el proceso lingüístico y el proceso productivo del capitalismo. Se trata de ver la homología estructural de Saussure, desde otra perspectiva. La homología no se da entre "trabajo y significado de una parte"; y el "salario y significante de otra". Es un mal comienzo.
La homología estructural aparece del siguiente modo. Primero: la relación o ecuación del sistema de producción
capitalista es constituida por la dupla salario/plusvalía, que es expresión de otra más nuclear dentro del mismo concepto del trabajo: trabajo-de-menos/trabajo-de-más.
Segundo: la estructura del lenguaje doblemente articulado a través del Signo, que es "diábolo", pues escinde a éste en dos términos, a saber: significado y significante.
Por lo tanto, la homología estructural y sistémica, entre lo lingüístico y lo económico aparecerá según lo siguiente:
_ de una parte, el salario y el significado
_ de otra parte, la plusvalía y el significante

Esta dupla se interpreta según la ecuación (A3) que forma parte de la infraestructura del capital, y de la infraestructura del lenguaje:
(A3) significadoßdiáboloàsignificante
(A3) salarioßespacio de producción capitalistaàplusvalía

La ecuación que pone en equivalencia al salario y a la plusvalía (a través del acto de la producción capitalista) es la ley de la infraestructura económica; paralelamente la ley fundamental de la lingüística infraestructural,  será la ecuación que pone en equivalencia el significado y el significante.
Pero la equivalencia, es siempre en términos de diferencia estructural: a un lado la serie del defecto (de trabajo, de sentido) y al otro lado la serie del exceso (de trabajo, de sentido). Así podemos reflejar el isomorfismo entre la ley marxista de la Política Económica y la ley de la Lingüística, de la estructura del signo doblemente articulado.
Estructura o ecuación de la producción al modo capitalista, de donde, como dice Baudrillard, sí puede desprenderse toda la Economía Política. Ahora bien, ¿qué sucede cuando, efectivamente, se produce la desconexión entre el Significado y el Significante? o en nuestra interpretación: la desconexión entre Salario y Plusvalía.
La respuesta, está en la razón del funcionamiento del  Capital Gaseoso. Que nada tiene que ver ya, con el concepto de la plusvalía, sino con el del "diferencial". Como la semiótica nada tendrá ya que ver con el significante, sino con la Señal (código).
Pero sigamos aún en la Política económica y el sistema de producción capitalista. En esta lógica del capital productor de mercancías, hay una fase primitiva que se corresponde con el simulacro de primer orden: el capital sólido.
 Este capital sólido, se fundamenta en el acto de la producción y en el valor de uso de lo producido. Al mismo tiempo, se representa como un espacio simbólico, en el que el símbolo hace de médium entre dos términos: el capital-monetario y el capital-metal.
Es el caso concreto del acto productor de un objeto denominado “dinero”. Dinero metálico simbolizado en la moneda de oro, de plata o de otros metales menos nobles. La ecuación es la siguiente:
(A1) el dineroßacto de producción de la monedaàel metal
Que se corresponde con la ecuación del espacio del signo en tanto símbolo, que es el espacio del lenguaje como representación:
(A1) Conceptoßacto de producción del símboloàReferente
En realidad estamos en la ecuación que la lingüística ortodoxa expresaría bajo la forma del triángulo
                                
               Podemos observar como el acto de creación del dinero, es un caso concreto del acto-de-producción, desde la perspectiva de su valor-de-uso, ya que el uso que se le da al objeto producido en este caso excepcional, coincide con el valor-de-cambio. El valor de la moneda o su usabilidad coincide con su “intercambiabilidad” por mercancías. Su uso o utilidad es el ser-cambiable por mercancías.
En este acto de producción del “dinero metálico”, lo fundamental es la función simbólica que pone en contacto el concepto abstracto de “dinero” con la realidad concreta del “metal”.
El acto de producción es también un acto de representación simbólica que conecta una idea abstracta con una cosa concreta. El Referente es el metal como materia prima de la moneda. El Patrón de la moneda, es el Referente en tanto metal. El patrón metálico se manifiesta como la Referencia del lenguaje simbólico de la moneda.
El acto es la acuñación del metal en forma de moneda mostrando el patrón-metálico como ligazón representativo de un acto de producción real.
De esta relación (A1) se desarrollará toda la lógica de la Economía política. Pues la creación del dinero metálico, en el acto de acuñación, está vinculada indisociablemente a la figura de un soberano. 
En cuanto la moneda se desprende de su ligazón con lo real, con el referente del metal, ésta se convierte en otra cosa. Habremos pasado entonces a la lógica del capital gaseoso, en la que el dinero se volverá electrónico y el acto de producción de dinero se realizará al margen del patrón oro, y de las reservas de metal en los bancos. Surgirán los capitales flotantes, ligeros y volátiles como el propio gas.
                Si permanecemos en la lógica del capital de producción, pero saltamos al segundo nivel, aparecerá el signo estructural en la teoría lingüística, que deberemos poner en paralelo al signo económico bajo su forma de estructura político-económica. Saltamos del simulacro de primer orden al simulacro de segundo orden, del capital sólido al líquido, del modo de producción pre-capitalista al modo propiamente capitalista. Del espacio de representación al espacio de repetición. Este segundo nivel del simulacro, lo presenciamos en la ecuación (A3) donde el signo es expresado como “diábolo” en su doble articulación de significado y significante.
                Siguiendo a Saussure, que establece una comparación entre la estructura del signo y la estructura de la moneda, expresaremos tal isomorfismo en la ecuación del signo-como-diábolo:
(A3) el significadoßsigno-como-diáboloàel significante
Que si la aplicamos al acto de producción, nos aparecía la ecuación fundamental de la teoría marxista y el modo de producción propiamente capitalista (capital líquido):
(A3) trabajo-de-menosßapropiación del trabajoàtrabajo-de-más
La ecuación originaria está construida sobre el concepto del “trabajo” y la producción. De su exceso y su defecto surgirán las ideas derivadas del “salario” y la “plusvalía”. Entendiendo que el salario es el capital-monetario recibido por un “trabajo-.de-menos”, pero el capital monetario de la “plusvalía” hace referencia a un “trabajo-hecho de más”. El exceso de trabajo hecho es el que se destina a la parte de la “plusvalía”. Existen dos series: la del defecto y la del exceso en una clara concepción estructuralista. Marx aplica a la economía, la lógica del estructuralismo lingüístico. ¡Marx es estructuralista antes que el propio Saussure!
(A3) el salarioßacto de producción capitalistaàla plusvalía
                Si la moneda está desdoblada, según una parte-significante y una parte-significada, como lo está el signo lingüístico, entonces la ecuación del modo de producción o trabajo capitalista, se puede re-escribir en el caso concreto de la producción del capital-monetario:
salario-significadoßproducción capitalistaàplusvalía-significante
                Según esta ecuación, el dinero (o capital-monetario) sirve para expresar el modo de producción capitalista, que aparece en la teoría de Marx. El dinero-salario es desde un lado de la ecuación, un dinero-de-renta para el consumo de mercancías y entra dentro de la relación social del intercambio. El significado es al salario, debido a su capacidad para ser intercambiado por mercancías. El significante es a la plusvalía, pues corresponde al valor del capital-monetario al relativizarse no solo con otras monedas, sino con otros niveles de producción. El significante-plusvalía es su capacidad para repetirse en diferentes contextos capitalistas, mediante la reinversión.
Aparecen los dos modos del dinero, según la lógica de la producción capitalista:
1)     El dinero-renta, para consumo e intercambio de mercancías.
2)     El dinero-inversión, para consumo e intercambio de medios de producción.
Hemos de señalar que el significante, aquí en la plusvalía, se
relaciona con otros significantes. Pero esos otros significantes no son sino contextos de significación. Es decir contextos diversos vinculados a la combinación de distintos medios de producción. Con la plusvalía se pagan los medios de producción: capital fijo o inmovilizado.
                Con esto pretendo decir, que hay una ligera diferencia de nuestra interpretación sobre el significante económico, y el significante/moneda que preestablece Saussure.
Recordemos que no estamos en una Política monetaria, sino en el marco general de una Economía política. Por lo tanto la plusvalía-significante se subordina y se debe al sistema de producción o al ciclo reproductivo. Y no a su relación combinatoria con otras monedas (entendidas como divisas).
                Las dos dimensiones articuladas de la moneda, dentro de la lógica del capital de producción son entonces: el dinero-renta del trabajo-de-menos expresado en el salario; y el dinero-inversión del trabajo-de-más expresado en la plusvalía. Reconciliamos así a Marx, con Saussure.
                Ahora bien, si reconocemos que el significante-plusvalía deberá seguir otro camino distinto del de su reinversión en la producción, estamos abriendo la puerta a la lógica del capital gaseoso. Y como tal, dice Baudrillard siguiendo a Saussure, la moneda-significante se desligará definitivamente de su “significado”.
En nuestro caso, el significado es el sentido del valor de cambio en el sistema de producción capitalista. Por lo tanto, al considerar el significante-plusvalía como un valor, que deber poder ser correlacionado con otros términos del sistema monetario, estamos abriendo la posibilidad al Capital para que tome los vuelos del capital gaseoso y de la Política monetaria. Al relacionar la plusvalía-significante con otras monedas y no con otros medios de producción, lo que estamos construyendo es una lógica monetaria, donde la plusvalía “ya no se reinvierte” en la producción. Y es entonces, cuando la “plusvalía” se usará para otros fines: fundamentalmente para funcionar como “capital-a-préstamo por interés”. Habremos entrados entonces, en la lógica del capital gaseoso y en el orden del simulacro de tercer orden: el del capital-código.
                Es ahora, y solo ahora, cuando si seguimos la terminología de Baudrillard, podemos designar el nuevo valor del significante-plusvalía, funcionando como “capital-a-préstamo” como si fuera una nueva dimensión del valor: la dimensión “estructural del valor”. Que es también denominado : “simulacro de tercer orden”. Es el orden del capital gaseoso (B1).
                Pero debemos precisar que Baudrillard, nombra y piensa al significado-monetario, como si fuera el “valor de uso”, y al significante-monetario como “valor de cambio”. Sin embargo no podemos aceptar tal asimilación. Pues no hay que olvidar el valor de uso, en sentido propio y estricto está situado en la ecuación (A1) y no en la (A3).
Baudrillard de este modo, está solapando el espacio de representación (idealismo representacional) con el espacio de repetición (estructuralismo lingüístico). Pero esto no es así puesto que son dos “espacios” distintos: uno es el del valor-de-uso (capital sólido) y el otro es el del valor-de-cambio (capital líquido):


                La ecuación (A3) corresponde a la ley mercantil del dinero, en la producción capitalista, y de la lógica del capital líquido junto al valor-de-cambio, por el contrario y bajo otra lógica: la ley estructural del dinero la vinculamos a la producción financiera del capital gaseoso alrededor del concepto del capital-a-préstamo y del diferencial (precio del dinero).
                Este vuelo que toma el significante, abandonando la tierra del capital líquido para aterrizar en otra lógica (del capital gaseoso), Baudrillard lo expresa del siguiente modo:

“Una revolución ha puesto fin a esta economía «clásica» del valor, una revolución del valor que, más allá de su forma mercantil, la lleva a su forma radical. Esta revolución consiste en que los dos aspectos del valor que se creían coherentes y eternamente ligados como por una ley natural, están desarticulados. El valor referencial es aniquilado en provecho del solo juego estructural del valor. La dimensión estructural se autonomiza excluyendo a la dimensión referencial y se instaura a expensas de la muerte de aquélla. Se suprimen los referenciales de producción, de significación, de afecto, de substancia, de historia, toda esa equivalencia con contenidos «reales» que lastraban al signo con una especie de carga útil, de gravedad; su forma de equivalente representativo. El otro estadio del valor prevalece, el de la relatividad total, de la conmutación general, combinatoria y simulación.”[2]

                Esta simulación, a la que Baudrillard se refiere, está conformada por el simulacro de tercer orden: el código. Un código que hace del lenguaje una nueva fenomenología de carácter semiótico, diferente por naturaleza de la esencia icónica del lenguaje. El signo-del-capital se ha tornado en Señal-del-capital.
                Como muy bien explica el autor, esta simulación del código semiótico funciona de modo distinto a como lo hacía el lenguaje de los signos (tanto simbólicos(A1) como diabólicos(A3)). Es un marco semiótico en el que los signos, a mi modo ver, actúan más como señales, que como signos. Señales de información más que como signos de comunicación. Los signos-señal, del código semiótico, circularán por el paisaje del sentido, sin intercambiarse con lo que denominamos real.
El significante ya no es el otro dialéctico, que se articula con el significado. Porque la creación de moneda tampoco está referenciada con el metal. Estamos en la lógica de la señal semiótica y del sistema productor de dinero que ha abandonado el patrón metálico. Estamos en la economía del capital gaseoso, que crea dinero de la nada, a partir de la emisión de deuda. Del mismo modo que el significante se ha emancipado del significado y de su Referente, el dinero lo ha hecho de su valor de cambio mercantil y del patrón metálico. El dinero es la misma mercancía. Y la mercancía del dinero se presta a interés financiero. La economía se ha desembarazado del sistema productivo, para auto-producirse como capital financiero. La señales del dinero, están ahora en las Bolsas.
                Baudrillard lo expresa de modo muy claro y preciso cuando comenta que el signo ya no está encadenado a lo real:

 “la supresión de toda finalidad de los contenidos de producción le permite a ésta funcionar como código y al signo monetario evadirse por ejemplo, en una especulación indefinida, fuera de toda referencia a un real de producción o incluso a un patrón-oro. La flotación de las monedas y de los signos, la flotación de las «necesidades» y de las finalidades de la producción, la flotación del trabajo mismo; la conmutabilidad de todos estos términos que va acompañada de una especulación y de una inflación sin límites (estamos realmente en la libertad total;(…)” [3]


[1] Foucault, Tecnologías del Yo.
[2] Baudrillard, El intercambio simbólico y la muerte. “La revolución estructural del valor”.
[3] Ibíd.

Fragmento del libro "Semíotica del Capitalismo". (Capitulo 1.08)

[1] Foucault, Tecnologías del Yo.
[2] Baudrillard, El intercambio simbólico y la muerte. “La revolución estructural del valor”.
[3] Ibíd.

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