10 mayo, 2012

Lingüística y Capitalismo (II)


(.... )Baudrillard, también hablará del paso de unos signos-del-discurso a los signos-operacionales. Del lenguaje como logos del discurso, al lenguaje operacional de los códigos binarios (informático, genético, bursátil, etc.) Aparece entonces, una “operacionalidad sin discurso” de los signos. Una auténtica semiotización del mundo, y de la economía. Podríamos incluso decir, que la Política monetaria realiza la semitotización de la Economía, antes política. De la ley mercantil del valor a una ley financiera de la deuda.
“Una vez corto-circuitados los mitos (y el único peligro que haya corrido el capital provino de esta exigencia mítica de racionalidad que le traspasó desde el comienzo) en una operacionalidad de hecho, una operacionalidad sin discurso, una vez convertido en su propio mito, o más bien en una máquina indeterminada, aleatoria, algo así como un código genético social, el capital no deja ninguna oportunidad de un vuelco determinado. Esta es su verdadera violencia. Falta por saber si esta operacionalidad no es ella misma un mito, si el A.D.N. mismo no es un mito.”[1]
                Para Baudrillard, lo cierto es que cada uno de los modos en que se nos presenta la simulación de los signos, lo hace dentro de un sistema superior que lo integra en un simulacro más potente. El valor de uso, se integró dentro del valor de cambio y ambos son integrados dentro del valor de codificación. Cada fase es integrada, pero lo hace entonces en unidad superior de orden, que toma la anterior como “fetiche”, como “referencia fantasma”.  Esto es interesantísimo, puesto que Marx en El Capital, ya integra por dos veces ese “fetiche”: primero como mercancía (valor de cambio), pero más tarde como “capital por interés” (capital-préstamo). Él ya estaba realizando o pre- visualizando esta integración formal del simulacro de segundo orden en el simulacro de tercer orden (el capital ficticio).
                Se suceden tres órdenes del simulacro y el signo, como también se suceden tres leyes del valor: de la tierra como valor que emana de Dios o de la Naturaleza[2], al objeto producido como mercancía de valor que emana de la producción y comercio social, y por último: al valor  como activo de  deuda que emana ¿de dónde?... ¿del propio código? Para Baudrillard, este código será el nombre del simulacro de tercer orden, también designado como “ley estructural del valor”.
                Ley estructural del valor, que funda el capitalismo gaseoso frente al viejo capitalismo líquido de las mercancías. Ahora la mercancía, es el dinero y el dinero creado como emisión de deuda, es decir: la deuda como concepto nuclear de la economía gaseosa. A nivel lingüístico, el signo en el viejo capitalismo, tomaba dos formas sucesivas: el signo natural de la moneda de metal, y el signo artificial de la mercancía. El primer estado del signo no se comprendía sin su “referente”: el metal valioso en la moneda y   la tierra como materia primera de la producción (cosecha). El segundo estado de ese signo, transformado de símbolo en diábolo, era ahora: en un primer estado la plusvalía industrial y en un segundo estado, la mercancía en el mercado. Los cuatros modos pertenecieron al viejo modo de pensar la Economía: la política económica del Estado.
                Por eso, se comprende que Baudrillard afirme: “La economía política es….lo real para nosotros, exactamente lo que es el referencial en el signo (…) el horizonte de un orden difunto, pero en el que la simulación preserva un equilibrio «dialéctico» del conjunto”[3]. Esta lógica del capital, según una Economía política estaba constituida por una primera fase de capitalismo sólido y posteriormente una segunda: el capital líquido. Su mundo aún pertenecía a “lo real” enfrentado dialécticamente a “lo imaginario”. Pero esa ordenación dialéctica del mundo, entre la realidad y su apariencia, es como dice Baudrillard, un orden difunto.
                La realidad del capitalismo líquido, dejó paso a una “hiper-realidad” del capitalismo gaseoso. En la que las categorías estructuralistas, de “lo real” , “lo imaginario” y “lo simbólico” dejan de tomar parte en la nueva lógica sistémica del capitalismo gaseoso.
                La misma realidad de la Economia de la Tierra, que se relacionaba con lo imaginario (la Economía de la mercancía) constituyó el orden del mundo económico y significante del mundo, sobre los simulacros de primer y segundo orden. En ese mundo, la dialéctica transitaba nuestro pensamiento entre las duplas: consciente e inconsciente, superestructura e infraestructura, valor de uso y valor de cambio, etc. En ese orden antiguo, la lógica del capital funcionaba gracias a su dependencia directa del trabajo. Ahora todo esta lógica ha quedado disuelta por la lógica del capital ficticio (Marx) o por la lógica del capital gaseoso.
                La producción ya no se debe al concepto de la “plusvalía” sino al del “diferencial”. Dinero produce dinero, esa es la única condición de la lógica del capital a préstamo. La filiación auténtica del capital, reside en la generación del capital financiero, en la que la única mercancía es el dinero. Discurso único, no del industrial capitalista, sino del banquero capitalista. Discurso único como campo de inmanencia, abierto por el discurso del préstamo y el diferencial.
                Nuevo mundo, no a colonizar, sino colonizante. Nuevo Mundo, del campo de inmanencia y del control. Donde no hay posibilidad de resistencia, sino de liberación del deseo para seguir jugando en la ruleta del valor des-referencializado  y des-codificado.  Desconexión del capital respecto al trabajo y desconexión de la moneda respecto al patrón oro y por último: desconexión del dinero electrónico con su medio físico. Descodificación máxima a través de la lógica del código: máxima paradoja. La axiomática que Deleuze ve en la lógica de funcionamiento del nuevo capitalismo, es en realidad la codificación máxima del signo sin referente que es transformado en señal. Las señales que emiten los mercados de valores y las zonas monetarias. Como dice Baudrillard: “forma divina de la simulación” en el juego de variaciones continuas e inestables de los valores y de las monedas.
                Por todo ello, el capital ya no es líquido ni pertenece a la Economía política, como el lenguaje ya no es referencial sino puro código sin analogía con lo real, y como tal tampoco pertenece a la lingüística sino a la semiótica. Semiótica y política monetaria se dan de la mano en el simulacro de tercer orden…Tanto como la psicología se abraza a la cibernética. Si el alma se ha hecho cibernética, la lógica se ha vuelto gaseosa como el mismo capitalismo.
               (.....) Se dice que....
(Fragmento del Libro "Antropología semiótica del Capitalismo")

[1] Ibíd.
[2] Para Deleuze, (El AntiEdipo, 1972) la Tierra es la unidad primitiva del deseo y la producción.
[3] Baudrillard (1976) El intercambio simbólico y la muerte p.6

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