18 octubre, 2014

Whitehead , la conjunción financiera y Josep Pla en NY.

¿Qué significa que el capital es financiación? Lo contrario a decir, que el capital es producción. El capital, como cualquier ente, puede definirse de dos modos: o por sus atributos o por sus modos de ser.
         Los modos de ser del capital son sus modos de financiación, no sus modos de producción como creyó Marx en el siglo XIX.  El primer modo de definir un ente es sustancialista, heredero del pensamiento clásico, originariamente aristotélico. El segundo, es el manierista o modal. Es el que, entre muchos otros, empleó Whitehead en sus “Modos de Pensamiento” (1944), recuperando así cierta línea hereditaria de la lógica estoica.
         Partiendo de que el Capital es definido por su modo-de-ser financiado y no por sus atributos productivos, queremos mostrar como el capital antes que nada deba ser un proceso de financiación y no de producción. Debe entenderse que el sentido del Capital es antes que nada, o primero de todo lo demás: una estructura de financiación de algún activo. Que el capital es el pasivo financiero de toda actividad productiva. Que el acto se debe antes que nada, a una potencia. Que el atributo de la sustancia se debe antes que nada, a la potencia como modo-de-su-ser.
         Que el capital sea siempre y antes que nada, el pasivo de algún activo, ya nos dice de su condición de apertura a la posibilidad de financiar cualquier cosa, de su capacidad para dar soporte financiero a cualquier proyecto, de la posibilidad de una multitud de modos-de ser-del-activo.
         El capital financiero es el grifo del que mana, y que da de beber a los entes de lo productivo en el ser de lo financiero. Que da de beber a cualquier ente, a cualquier proyecto empresarial, a cualquier actividad reproductiva de capital. El grifo de la financiación abre la potencia de los modos-del-ser, para muchas formas de capital, o para muchos activos de producción. Abre la puerta a los modos del ser-capital, a las múltiples formas que puede tomar la inversión. Como la potencia en el interior del bloque de mármol puede tomar cualquier figura, bajo la mano del cincel del artista. También de este magma de financiación, puede surgir cualquier figura tomando forma de un proyecto empresarial.
         En el sentido en el que nos movemos ahora, estamos ante un capital estoico. Hay un fragmento del pensamiento estoico que dice lo siguiente: “el discurso filosófico es tripartito. Es una parte de éste, en efecto, la física, otra la ética y otra la lógica. (…) Comparan la filosofía a un animal, los huesos y los nervios pareciéndose a la lógica, la ética a las partes carnosas, y la física al alma”[i]

        Pues bien, a nosotros nos interesa esa división de la lógica que habla de los huesos y los nervios. Es sensacional la intuición estoica, pues ciertamente se puede ver en ella, los dos logos bien distintos que afectan al pensamiento: la lógica de los huesos y su aparato motor por un lado, y el logos de los nervios y el sistema neuronal por otro. 

      Esta intuitiva clasificación estoica de la lógica, me permite decir ahora que la dínamis motora de los huesos es a la lógica del capitalismo de producción, como la energeia nerviosa, lo es al capitalismo de financiación.  Los huesos del capital fueron estudiados por la teoría del valor-producción en sus distintos modelos o tradiciones. Los nervios del capital aún no han sido estudiados como teoría integral (capital gaseoso y plasma).
         El logos de los huesos motores del cuerpo de la producción, no es el mismo que el logos de los nervios del sistema financiero. Si la producción constituye un cuerpo social productor, la financiación conforma una red nerviosa de financiación. Seguimos el paralelismo de la brillante clasificación lógica de los estoicos.
         Pero además, los estoicos se distancian del pensamiento aristotélico cuando aluden a  la movilidad originada por una causa eficiente, para afirmarse en otra movilidad que podríamos llamar en cierto modo inmanentista. Esto enlaza con la visión estoica de lo que se supone que es una sustancia, definida por sus modos de ser, y dependendiente estrictamente de su particular contextualización espacio-temporal.
         Pueden decir que el capital de producción, o los huesos del cuerpo de la producción, está también definido por su condición espacio-temporal. Pero sin duda éste es un espacio-tiempo distinto, que no tiene nada que ver con el espacio-tiempo del capital nervioso. 

      Los estoicos parecen pensar el logos de los nervios en un espacio-tiempo distinto del que se expone en la teoría del motor inmóvil de Aristóteles, o del que se explica en la teoría hilémórfica de Aristóteles. El capital financiero tampoco puede ser pensado en este contexto del movimiento y del cambio aristotélico y newtoniano, como sí ha sido pensado a lo largo de la historia, el capital de producción. Ni los clásicos, ni los neoclásicos, ni los marxistas pueden jamás pensar en esa posibilidad, de ver en el logos financiero una lógica separada del logos del capital productivo. El capital financiero es una red neuronal. El capital de producción es un sistema locomotor.

         Esa visión de una sustancia-capital, definida exclusivamente por sus atributos, es la del capital en tanto ente productor de mercancías y de bienes. Sus atributos son, en un primer estadio, los objetos producidos con su "valor de uso"; posteriormente en un segundo momento (el propiamente capitalista), los atributos son los predicados de la producción de bienes y mercancías, a los que representamos con su "valor de cambio".
         En este primer planteamiento las atribuciones del capital se pueden reagrupar en dos tipos: los atributos de uso y los atributos de cambio. El valor del capital es aquí, en esta filosofía de la sustancia-capital predicada: un atributo. Siempre que se predique el Capital (el capital es….) nos estamos refiriendo a su producción en tanto valor, ya sea de uso o de cambio: el capital es un objeto producido. El capital se predica por su atributo esencial: la necesidad del producto, el trabajo o la producción. 

          Tanto necesidad objetiva como producción social, son aspectos del valor que están pensados bajo el logos de las ideas universales del platonismo o de las cosas extensas del cartesianismo. Y así como los antiguos estoicos rechazaron tanto la universalidad de la idea abstracta en Platón, como el movimiento mecánico de las causas aristotélicas, así también el pensamiento del capital financiero rechaza de entrada la explicación que se ha dado hasta ahora del capital, bajo el logos de la producción y de la metamorfosis  de la mercancía o del valor-de-uso y del valor-de-cambio. Ya sean éstos concebidos desde el marxismo o desde el liberalismo.
         Distinta idea del capital se tiene bajo la lógica estoica, pues el capital se dibuja ahora, no entorno a su atribución predicativa de lo producido como valor, sino a su predicación no atributiva o no productiva del valor. Ahora la predicación de esta sustancia, que es el capital, no se define por el trabajo ni por la producción. Sino por la financiación y el crédito. Es un pasivo que soporta distintas modalidades de activo.  

        El capital bajo la idea de la sustancia estoica, se debe decir como un pasivo que da posibilidad a muchas formas de activo. Es decir, da lugar a modos-de-inversión o maneras de inversión múltiples y distintas según la condición del inversor y del mercado. Ese es el manierismo del capital: sus modos de inversión distintos. El capital define aquí, no un proceso de producción, sino una posibilidad infinita de inversión.
         De modo que de esa infinidad de proyectos posibles de inversión, el que pide financiación puede elegir una entre millones. Puede elegir las maneras-del-capital en que éste tomará forma. Produciéndose un “acontecimiento capital”. El acontecimiento capital, es la inversión realizada gracias a la estructura de financiación del pasivo. Toda inversión simboliza el acontecimiento capital. En este sentido, los estoicos son los reyes de la sustancia como inversión, ya que dan a ver la multiplicidad de posibilidades o de acontecimientos, o de proyectos de inversión en los que la sustancia puede actualizarse.
         Al modo clásico, el Capital es pensado por la producción que es su atribución esencial, o  al modo estoico es pensado como financiación que es su predicación modal. Otra distinción: el capital de producción se definirá como sistema extensivo relativo a la extensión cuantitativa de la producción y comercialización (ofertada y demandada); por el contrario el capital de financiación se define por un sistema de intensidades referidas a la “intençión” (intención/intensidad) cualitativa del proyecto de inversión. No importa la cantidad de crédito, sino la calidad de éste.
         Podemos esquematizarlo muy infantilmente para que se entienda mejor. El capital de producción se piensa desde una lógica de la esencia y sus atributos esenciales que se plasman en la extensión: la producción y cantidades producidas y demandadas de esos bienes. Sin embargo, el capital de financiación debe ser pensado bajo la lógica de la esencia modal: la financiación y sus tipos de proyectos de inversión que son analizados bajo una razón de cualidad o de calidad de la correspondiente inversión. No nos fijamos en las cantidades de lo producido, como en la calidad de los proyectos de inversión y sus potencialidades no extensas.
         Es en esta comprensión del capital como logos estoico de las sustancias modales, podemos introducir la idea de Whitehead[ii] sobre el sujeto, ¿quién sería ese sujeto que se financia para invertir en un proyecto no dado? Ese sujeto que es anterior o previo a todo sujeto productor, puede ser llamado en terminología de Whitehead, como “superjeto”. El superjeto es el sujeto ligado a la experiencia de la financiación, mientras que el sujeto sería el sujeto productor. El superjeto se las tiene que ver con su banquero o con su financiador, mientras que el sujeto clásico se las había de tener con su trabajador. Esas serían las dos formas de pensar la sustancia del capital, y las dos formas de pensar el capitalista: un capitalista en un mundo de producciones y trabajos, o un capitalista en un mundo de financiaciones y proyectos de inversión.
         Si la economía política de Marx se centra en las relaciones de producción, la economía política pensable de Whitehead giraría alrededor de las relaciones de interconexión financiera y crediticia, de modo que la sociedad sería la red constituida por las relaciones de financiación  que dan nacimiento a acontecimiento de inversión cualitativamente diferenciados y múltiples.
         El problema del capital, desde la perspectiva de una lógica estoica y whiteheadiana, sería pues no el problema de la producción o ¿cómo se ha fabricado la silla? Sino el problema de la financiación ¿cómo se ha financiado la producción de la silla? Imaginemos que paseamos por entre las grandes pirámides de Egipto, pues habría que preguntarse no tanto ¿por qué se fabricaron?[iii]  ni ¿cómo se fabricaron? sino por ¿cómo se financió la construcción de esa obra faraónica? para poder entender qué fue Egipto. En realidad todo acontecimiento complejo de financiación, acaba en una estructura piramidal, se trata de un esquema de Ponzi.
         El padre Juan de Mariana, guía para los economistas austriacos como el profesor Huerta, comenta en “De rege et regis institutione”(1598), que la acción de la tiranía se muestra en “la construcción de obras públicas faraónicas que, como las pirámides de Egipto, siempre se financian esclavizando y explotando a los súbditos, o la creación de policías secretas para impedir que los ciudadanos se quejen y expresen libremente”.[iv]
         Podemos concluir que según Mariana, la tiranía es un acontecimiento no político sino económico-financiero, cuyo resultado es un estado político o un modo de ser político-social. Los diversos modos de ser de la estructura de financiamiento darán lugar a distintas realidades sociales que a su vez influirán en diversos modos de producción. Lo financiero es pre-existente ontológicamente, a lo productivo. No son los modos de producción, como creía el marxismo ni tampoco los tipos de mercado como creen los pensadores liberales o socialdemócratas de la Economía neoclásica, los que definen el tipo de sociedad. Sino que deberíamos fijarnos en los modos de financiación. Desde esta perspectiva económico-política, detrás de cualquier acontecimiento hay un modo-de-financiación que lo hace emerger a la superficie de lo real. Detrás de las mismas momias de las pirámides, detrás del descubrimiento del gran tesoro de TothAnkhAmmón, se encuentra una historia de financiación  entre Lord Carnarvon y Howard Carter.
         La intuición llega más lejos, podemos visualizar al gran faraón como un primer matemático que calcula el espacio social en base a un conjunto de puntos infinitesimales, de hombres-trabajo que como hormigas pegadas unas a otras en fila, constituyen una línea de trabajo, que es la línea del espacio continuo e infinitesimal. El faraón hace cálculo infinitesimal con sus súbditos. Los puntos infinitesimales financian a la recta como los súbditos trabajadores financian la construcción de la pirámide. La tiranía es un modo de financiación posible gracias a la técnica infinitesimal del cálculo social. Los templos y la religión son los lugares de financiamiento. Las ofrendas en el primitivo templo, se convertirán en aportaciones financieros a los bancos de capital. La casta sacerdotal es la primera casta de banqueros y administradores del crédito: la liga de Delos. Luego aparecerán los recaudadores de tributos.
          Del caos de individuos, se constituye una armonía tiránica de miles de hombres vibrando al unísono, en la construcción del espacio faraónico. Como un espacio termodinámico de moléculas que rebeldes al segundo principio de entropía, se organizan gracias a un demonio de Maxwell. El faraón es el demonio de Maxwell. Los individuos productores no ven nada de su construcción pues forman parte del mismo espacio, son los puntos que los constituyen. Es el faraón y su corte, los que pueden tomar distancia, y desde la lejanía obtener la perspectiva singular de la obra magna. El arquitecto real se distancia desde un punto de fuga, tomando una geometría proyectiva desde el punto límite, para así integrar la panorámica de lo colosal. No somos nada cuando nos aproximamos hasta tocar una piedra de la pirámide. Nos convertimos en un punto minúsculo, que constituye el espacio infinitesimal de los granos de arena que dan una lisa continuidad al desierto. Pero al mismo tiempo expresamos su rugosa superficie, pues los granos vuelan y se amontonan formando dunas variables. Variación de ondas en el desierto como espacio molecular.
         Queremos llegar a la idea, intuida y extraída de Withehead, de que todo acontecimiento económico-empresarial surge de una sopa-de-financiación o caldo-de-pasivo, que mediante la operación de la “conjunción”[v] financiera genera todo proyecto empresarial o actividad económica, o empresa nueva.
         Mientras se construyeron las pirámides, seguro que algún extranjero acudió a contemplar esa maravilla. Y seguro que se preguntaría ¿cómo financian este trabajo tan colosal? Es una pregunta ingenua, sencilla, de sorpresa filosófica.  Es la misma pregunta que se hizo Josep Pla[vi], cuando en  1954, el pensador del Empordà desembarca en New York, y ante el colosal sky-line, mientras se despoja de su boina con gran naturalidad, exclama ¡Y esto, quién lo paga!
         En nuestros tiempos, ahora nos deberíamos preguntar ingenuamente como hizo Josep Pla, ¿quién pagará la deuda del Estado elefantiásico, que la social-democracia y en general la partitocracia, la sindicocracia y la patronalcracia, nos han vendido estos 40 años, como Estado-del-bienestar?




[i] Capelletti, A. “Los estoicos antiguos”. Gredos, Madrid 1996.

[ii] Pensamos en la frase "un choque de doctrinas es una oportunidad”, del curioso trabajo de Anne Fairchild Pomeroy,  “Marx y Whitehead: Proceso, dialéctica, y la crítica del capitalismo”. SUNY Press, 2004. Aunque estoy totalmente en desacuerdo con su planteamiento reconciliador entre la filosofía de Marx y la de Whitehead.

[iii] Henry D. Thoreau, “Walden” (1854):  “En cuanto a las pirámides, no hay nada por lo que asombrarse tanto como del hecho de que pudiera haber tantos hombres degradados para gastar sus vidas en construir la tumba de un bobo ambicioso, que habría sido más sabio y viril ahogar en el Nilo, y arrojar luego su cuerpo a los perros”.

[iv]  Huerta de Soto, fragmento de su ensayo “Liberalismo”.

[v] .A. North Whitehead. “Process and Reality”(1929).

[vi] Josep Pla, “Weekend a Nova York”. Selecta (1955).

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