14 noviembre, 2013

El bazar de la fortuna frente a la ley de los grandes números (2ª parte)

El juego de la Bazza, en Leibniz.
Estoy insistiendo en la idea de que, en el logos del capital financiero a diferencia del logos del capital-de-producción, el ahorro como conceptualización teórica,hasta ahora necesaria para una teoría económica general, se diluye o se evapora como gas en la atmósfera financiera. Así también es como parece que H. de Soto, analiza este nuevo fenómeno epistemológico de la desaparición conceptual del concepto “ahorro”: “que los préstamos e inversiones que realizan los bancos con los depósitos que se apropian o crean, tiendan a ser erróneos de manera generalizada, porque en última instancia se financian con una expansión del crédito sin previo aumento del ahorro real.”[i] 

Me hace mucha gracia cuando reviso la Teoría general de Keynes, y las consecuencias analíticas que se extraen en clave de análisis macroeconómico. Me refiero a cuando se analiza la capacidad de financiación de los Estados o su necesidad de financiación, que se dice usualmente como si no pasara nada, que un país con necesidad de financiación (balance negativo de flujos) se financia con el ahorro de otro país. Pero yo me pregunto entonces, ¿es ese llamado Ahorro exterior, realmente un ahorro? ¿o es un capital-deuda emitido por bancos con reserva fraccionaria? ¿Dónde ven Uds. el ahorro, estrictamente definido como tal?

Volviendo a H. de Soto, es importante fijarse en el fin de la cita: “sin previo aumento del ahorro real”; ¿es que hay entonces, un ahorro irreal? Pero cierto es que son reales, los dineros emitidos como préstamos e inversiones o depósitos de carácter financiero. Para Huerta de Soto, son erróneos.  Sí, son erróneos pero reales. Son falsos pero ciertos. Son ¿phantasmata?; ¿Son los simulacros que harían palidecer al propio Platón?; ¿son eikon que se hacen pasar por eidolon?... Parece que es y ha sido así hasta para el propio Marx, quien afirmaba que la naturaleza del capital financiero es un monstruo que funciona contra el sentido común (el sentido común era el de la producción). Yo veo tan horrorizado a H. de Soto con este ahorro-irreal, como a Platón con las imágenes que se hacen pasar como ideas, o a Marx cuando confiesa que le escandaliza la lógica anti-dialéctica del capital ficticio.

Estamos ante un dinero-deuda que se crea, no bajo la forma de liquidez más o menos disponible, sino que en cuanto es depositado para hacerlo rentar a interés, éste se convierte en capital-gaseoso. Hemos convertido el capital líquido de la producción en capital-gaseoso de la financiación.  También, las políticas monetarias basadas en la expansión de dinero-deuda a través de emisiones de naturaleza inorgánica, hacen del estado del capitalismo, una fase gaseosa. Bajo esta perspectiva, no se puede hablar estrictamente de que las expansiones crediticias sean inyecciones de liquidez, sino emisiones de gas pues la naturaleza del capital ha mutado. El dinero depositado a interés o tomado en préstamo a interés, es de naturaleza no-líquida. Tan pronto comprendemos que el concepto de “ahorro previo” se ha diluido y es innecesario tenerlo en cuenta en una nueva explicación del capitalismo, deduciremos también que la noción de “liquidez” ha muerto como concepto teórico.  Los depositantes y los prestatarios no disponen de dinero-deuda líquido, sino de dinero-deuda gaseoso, ya actúen como prestadores o como prestatarios. Es el riesgo de recuperar lo prestado o de retornar lo debido, lo que define a esta nueva idea del capital. Y la atmósfera de riesgo crediticio, o de capital-riesgo, va indisociablemente unida a la naturaleza gaseosa o no-líquida del capital, en esta nueva teoría económica. En terminología ortodoxa, podemos decir que: si no hay ahorro previo real, no hay tampoco concepto de liquidez.

Es lógico que pensadores tan finos como Huerta de Soto (“no cabe aplicar el cálculo objetivo de probabilidades a los actos humanos en general, y en particular a los relacionados con el depósito irregular”), desistan de aplicar el cálculo de probabilidades a esta nueva situación económico-financiera de un capitalismo-gaseoso (irregularidad de los depósitos e irregularidad del dinero-deuda), generada por los propios actos humanos.

Antes ya habíamos analizado el papel que las matemáticas y la estadística tiene, en elplanteamiento general de H. de Soto encajado a su vez en una tradición liberal humanista basada en la libertad e imprevisibilidad de la acción humana. Aunque no coincido, por lo ya dicho en anteriores apartados, con la estadística y el cálculo infinitesimal, inútiles, que presenta H de Soto antes los ojos de un liberal. Debo reconocer que coincido en el hecho reseñado insistentemente por él, de que la estadística apoyada en la Ley de los grandes números no sirve como metodología ni como instrumento matemático, para comprender esta nueva fenomenología del capital financiero. H. de Soto: “la expansión crediticia, al inducir las crisis bancarias y económicas, hace inaplicable en la banca la utilización de la «ley de los grandes números» y, por tanto, el aseguramiento técnico de sus operaciones, lo cual tiene gran transcendencia cara a explicar el inevitable surgimiento del banco central como prestamista de última instancia[ii].

Lo que propongo es un paso más: no sirve la estadística de los grandes números, pero ello no implica tener que renunciar a comprender esta peculiar naturaleza del capital financiero. Es con los instrumentos matemáticos del cálculo infinitesimal y de la estadística estocástica no gaussiana, con la que  podemos tratar de comprender qué mano mueve el mercado de préstamo financiero y de su tasa de interés, así como qué mano dibuja la armonía caótica, en los mercados bursátiles. Qué mano temblorosa presta dinero a una tasa-de-interés y qué mano de niño-dios juega sobre el tablero de los títulos de deuda.

Podemos partir de dos condiciones. El sistema financiero actual, se funda sobre dos principios que remiten a un hecho originario: el de la creación de dinero-deuda:
1)    el principio de reserva fraccionaria sobre depósitos, para los bancos privados o prestamistas de primera instancia.  En un nivel micro o individual en el que el crédito es un acto que concierne al sujeto endeudado.
2)    el principio de creación monetaria a partir de la emisión inorgánica de dinero-deuda, para los bancos públicos o gubernamentales. Que son los prestamistas de última instancia. En un nivel macro, donde el dinero se crea de la nada para sustentar  las finanzas macroeconómicas de los estados.

Estos dos principios nos definen la naturaleza y la esencia de lo que vengo en llamar, estos últimos años, capital-gaseoso. Pues la liquidez, como sucede con el ahorro, son términos que forman parte de la antigua Teoría del Capital líquido basada en dos fuerzas contrarias: ahorro y consumo. Aquí en este nuevo horizonte, estamos tratando con otro capital: que ni procede del ahorro, ni se explica la tasa-de-interés por subordinación ontológica al del consumo aplazado (negativo).

El propio doctor H. de Soto[iii], viene en auxilio de mí propuesta. Él afirma muy acertadamente que: “los bancos, en virtud de la ley de los grandes números, tan sólo precisan disponer en forma de reserva de caja de una fracción del dinero que se les ha depositado en efectivo para hacer frente a las demandas de liquidez”.

Esto es toda una declaración de principios: “En virtud de la Ley de los Grandes números….” Que nos muestra otra vez, como la Ley de los Grandes números tuvo una “virtus” o una potencia mágica, para construir un castillo teórico de naipes sobre ella misma. La virtud de la Ley estadística  descansa en el confuso concepto de media aritmética y de desviación típica, que permite al sistema lógico-económico-financiero, dar una supuesta garantía de estabilidad sistémica. Para H. de Soto, este sistema económico financiero basado en el principio de la reserva fraccionaria, hace que el contrato de depósito constituya un contrato financiero “irregular”. Es decir, que de un depósito bancario pasamos a la naturaleza aleatoria de un contrato financiero como préstamo-a-interés.

Mientras que un depósito bancario a interés en un plazo determinado, sería un préstamo-a-interés “regular”, con el que el banco a su vez, generaría otro préstamo-a-interés pero de tipo “irregular”.  De lo regular del dinero-crédito pasamos al préstamo irregular. Lo irregular es aquí, interpretado como lo no respaldado al 100%, aquello que tan solo contiene un respaldo mínimo cubierto por la reserva fraccionaria. Lo irregular como crédito no es aquí la deuda no retornable, sino la re-deuda-dinero creada desde la nada sin el respaldo depositado del 100%. Este acontecimiento peculiar del nuevo estado-del-capital (gaseoso) sucede tanto para la creación de dinero-bancario en forma de préstamos, como para la creación de dinero-bancario creado por el banco central en forma de emisión inorgánica monetaria.

Y es en virtud de esa la ley de los grandes números, que se pretende establecer condiciones de seguridad sobre un horizonte del crédito que es esencialmente inseguro o arriesgado. Que es dinero-deuda sin ahorro alguno. Es por tanto,  el riesgo lo que define la esencia de todo dinero-deuda o de todo préstamo-a-interés y de todo contrato-de-depósito bancario, sin reserva total del 100%. Como Huerta de Soto afirma, se trata poner en claro, la “creencia totalmente errónea, que se basa…en una concepción equivocada sobre la naturaleza de los fenómenos que nos ocupan…”.

Fíjense, que impacto: “una concepción equivocada sobre la naturaleza de los fenómenos que nos ocupan”. Pero ¿qué creencia es esta, totalmente errónea? Es precisamente, la de pretender cubrir el riesgo del dinero cedido a los bancos que toma naturaleza de depósito financiero. Pues la retirada del depósito supone un riesgo no cuantificable, ni medible por la leyde los grandes números.

Esta disolución de la certeza de que el dinero está ahí, es la disolución de que el “ahorro” real existe de por sí. Pero además, se concluye como resultado que la pretendida mesura de liquidez del dinero, en este caso del dinero-deuda no respaldado,  hace desparecer la propia razón del ahorro más o menos líquido, ya sea como atesoramiento sólido ya sea como tesorería líquida. Al desaparece “el ahorro” como real, también se diluye la noción “liquidez” en el dinero, como ahorro disponible inmediatamente. Y aparece, su contrario: la iliquidez del dinero-deuda no disponible en el momento. El dinero se ha vuelto gaseoso, señores.

Es  esta  incertidumbre, en tanto condición ontológica del dinero-deuda o del dinero-depósito financiero, que nos conduce:  no a la seguridad estadística de la Ley de los grandes números, sino a la realidad estocástica de otra ley estadística. La estadística que podrían llamar: caosmótica. Pura caósmosis del Capital, que prefiero llamar estadística de los pequeños números y de las “colas pesadas”, donde el riesgo se aparece ante nuestros ojos como la auténtica categoría fenomenológica de la ontología del capital financiero (gaseoso).

Y es tanto así, que el propio Huerta de Soto lo ilustra detalladamente: “de manera que no existe la necesaria independencia estocástica entre la existencia del seguro (coeficiente de reserva fraccionaria supuestamente establecido en función de la ley de los grandes números y la experiencia de los banqueros) y el acaecimiento del fenómeno (crisis y pánicos bancarios que dan lugar a la retirada masiva de depósitos) que precisamente se pretende asegurar.”

Estamos en una fenomenología caracterizada por dos acontecimientos:
- uno de la naturaleza económica-matemática: el dinero-deuda es riesgo
- otro de naturaleza social-económica: el mercado del dinero-deuda es un mercado de manadas, de estampidas, de movimientos bruscos y violentos, de contagio viral, ya sea en los mercados bursátiles a la hora de salirse del valor, o en las puertas de los bancos a la hora de retirar el dinero.

Estamos pues ante una naturaleza económica ya no de “lo monetario”, sino de “lo monetizable”. Lo monetizable es la creación de dinero en recurso financiero a través de una tasa de interés.  Es la conversión del dinero como símbolo de un referente (de algo, de la cosa, lo real) monetario, en otro monetizable y convertido en título o dinero-deuda (puro signo-señal sin referente real, simulacro del signo convertido en señal). 

Y esto nos remite esencialmente a un universo que yo llamo (por Baudrillard)semiúrgico. El sema, es lo monetizable o el dinero-deuda convertido en pura señal de sí mismo, sin nada detrás que lo respalde. Pues su coeficiente de respaldo no llega ni al 3% según los acuerdos de Basilea II-III. Estamos ante una fenomenología del capital, de naturaleza semiúrgica pero además desde el punto de vista matemático: estocástica o azarosa. Esta condición del capital, también puede ser denominada  “de moral hazard” o de “riesgo moral”, como fue analizada y estudiada según H. de Soto, por el teórico M.V. Pauly en “The Economics of Moral Hazard”, (American Economic Review, vol. 58, 1968, pp. 531-537).

Sabemos pues que los mercados financieros (de gas monetizable) y financiarios (de plasma monetizable) se comportan mal,... muy mal. Según esa razón del sentido común, que es la razón menos común de los sentidos. Pues esa razón común que piensa en términos de distribuciones gaussianas de probabilidad, proviene de la Ilustración, impone la normalidad de un comportamiento "standard", como las mediciones de tórax de Quetelet, por ejemplo. 

Esa razón se basa como criterio de juicio, en la Ley de los grandes números. Pero sabemos ahora que el capital gaseoso no obedece a ese sentido común, por su peculiar naturaleza. Sabemos que se rige por una mano infantil divina, que se expresa mandelbrotianamente. Sabemos que los mercados financieros (de gas) son movidos por la mano-con-párkinson que da a toda curva de valor, una  rugosidad del tipo función de Lebesgue; sabemos también que los otros, los mercados financiarios (de plasma), son las “charts” dibujadas por la mano-de-un-niño dios travieso. Ninguno de los dos, no tiene nada que ver con la mano-invisible de Adam Smith que ha movido durante doscientos años los mercados ya no clásicos, sino también neoclásicos.

 Pero esa mano del dios-juguetón que hipotéticamente tira los dados en los mercados financieros, es la misma mano que la de un Dios leibniziano. La armonía pre-establecida del siglo  XVII, seguramente nos parecerá  un término desafortunado ante nuestra razón del siglo XXI. Los pensadores postmodernos prefirirán denominarla, tal vez, "anarquía coronada". Aunque ellos tampoco han comprendido a Leibniz. Alguno incluso ha dicho que su armonía era abominable. Cuando en realidad su armonía está llena de estadística caosmótica. Otra oportunidad de comprender a Leibniz, ha sido desaprovechada en estos últimos filósofos críticos de la metafísica. Su odio hacia la metafísica les pierde. Porque cuando hablan de "anarquía coronada" están diciendo algo semejante a la "composibilidad" basada en la armonía leibniziana. Leibniz no solamente debe ser interpretado a los ojos del calculador de infinitesimales, sino también con la mirada de un ecofísico, o de un estadístico de procesos estocásticos no gaussianos.

Cuando el Dios de Leibniz hace milagros, está haciendo estadística de probabilidades entre mundos composibles. La composibilidad es la elección de sucesión de elementos según condiciones de probabilidad. La composibilidad nos remite a la serie, matemáticamente hablando. Y el mejor de los mundos leibniziano, ha sido dos siglos mal interpretado. Pues el mejor de los mundos para Leibniz, significa otra cosa muy distinta a lo que muchos filósofos han venido en interpretar. 

No es la idiotez del optimismo como se ha interpretado. No hay ningún optimismo en Leibniz, se trata en realidad de una composición de mundo con más probabilidad de suceder y al mismo tiempo de mundo, con menos probabilidad de suceder. En este último caso, el estadístico de lo improbable pero posible, no es otro que el Dios de Leibniz: un niño-dios que juega con las probabilidades de vez en cuando. La armonía pre-establecida  o el mejor mundo posible de Leibniz, no tienen nada que ver con optimismos inocentes o cándidos (como muchos estúpidos pensadores lo han interpretado,  increíblemente hasta el propio Keynes en su prólogo de la Teoría General). 

Si alguien les viene con esta cantinela, díganle: Ud. no ha entendido nada, de Leibniz. El mejor de los mundos posibles es la mejor com-posibilidad entre una probabilidad infinita de ellas (solo conocible por dios), que haga "composible" el más alto grado de imposibilidad entre una sucesión dada de acontecimientos. Se trata de elegir la mejor combinación de sucesos o términos de una gran Serie, según una lógica combinatoria.  ¡Lo han entendido?

Keynes usa el icono de Voltaire, la obra de "Cándido", para criticar a otras teorías económicas inocentes. Del mismo modo, que fue Voltaire quien en su obra coloca a un personaje llamado Pangloss, que interpreta a nuestro admirado Leibniz. Es así, como Voltaire ridiculiza a Leibniz, y es así como Keynes utiliza el recurso de Voltaire para ridiculizar en economía a sus adversarios. Pero, es así como la Historia no ha entendido nada de nada sobre el mismo Leibniz.

¡No!, Leibniz no es ningún Cándido. El dios de Leibniz, es un niño travieso que juega con probabilidades de azar infinitas......no es inocente sino burlón y juguetón. Y Leibniz no es ningún cándido, sino que los cándidos son los que han interpretado a Leibniz como si fuera un colegial de párvulos. Leibniz es el inventor del cálculo infinitesimal y el desarrollador de una primera estadística de probabilidades basada en los juegos de azar. La mónada, señores, tampoco es un concepto cándido.

Nuestra hipótesis de trabajo, ha sido siempre la misma: esta mano jugadora del niño-dios travieso, tiene un origen en la tradición del pensamiento de Leibniz. Leibniz es más adelantado que Adam Smith. Su mano de la teodicea, no es la mano invisible de Adam Smith, sino la mano del juego-de-la-bazza o de la "bazeta", ¡que Leibniz menciona en la "Teodicea"!.


La mano del juego de cartas (la basseta) es la gran “bazza” de Leibniz y la baza es el azar: sospecho que etimológicamente es Bah+Az+Zahar. La baza de las cartas es la bazza del azar. Y ese azar de las cartas,  es también el azar del mercado. La mano de la baraja es en este caso, la mano del mercado. La mano del azar en el bazar del mercado, muy distinta incluso de aquella mano-invisible de Adam Smith. La mano que tira los dados en un mercado de valores, donde el sistema capitalista es un juego de azar. El gran bazar de los mercados de deuda. 

Del mismo azar que menciona Leibniz cuando pone el ejemplo del presunto culpable, cuyas pruebas todas apuntan a su culpabilidad pero que muy bien podría suceder que: “como un juego extraordinario del azar, hace que aparezcan a veces como sospechosos los hombres más inocentes”.[iv] . Detrás de una sospecha del mal, puede esconderse toda candidez pero en este caso, la candidez no hace más que reflejar el azar. 

Y este ejemplo sobre el "juego de la bazeta" que pone Leibniz en su obra sobre lo divino, no es una casualidad. Ya que el título completo de la “Teodicea” es: “Ensayos sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal”. Recuerdo que estamos en 1710.




(continuará)




[i] H. de SOTO. DINERO, CRÉDITO BANCARIO Y CICLOS ECONÓMICOS, p.120-122
[ii] H. de SOTO. DINERO, CRÉDITO BANCARIO Y CICLOS ECONÓMICOS, p.120-122
[iii] H. de SOTO. “DINERO, CRÉDITO BANCARIO Y CICLOS ECONÓMICOS”.  Capitulo EFECTOS ECONÓMICOS DE LA EXPANSIÓN CREDITICIA BANCARIA .LA BANCA, EL COEFICIENTE DE RESERVA FRACCIONARIA Y LA LEY DE LOS GRANDES NÚMEROS, p.305. UNION EDITORIAL (1998).
[iv] Leibniz 81710). Teodicea, pág.41. ENSAYOS SOBRE LA BONDAD DE DIOS, LA LIBERTAD DEL HOMBRE Y EL ORIGEN DEL MAL.

2 comentarios:

  1. NOTA al margen:
    En un buen blog de actualidad "La Carta de la Bolsa", ´Moisés Romero escribe: "Wall Street es un riesgo sistémico..." En dicho artículo se escribe: "El banco central sigue manteniendo estos estímulos como una herramienta para ayudar a la economía real. Pero el programa es lo que es: el mayor rescate por la puerta de atrás de toda la historia de Wall Street",

    Traducido, sería: "El banco central sigue manteniendo estos estímulos de la Mano-con-párkinson (la emisión inorgánica que guía la tasa de interés) como una herramienta para ayudar a la economía real (la Mano espontánea de Adam Smith). Pero el programa es lo que es: el mayor rescate por la puerta de atrás de toda la historia de Wall Street (la Mano-del niño-dios)",

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  2. Nota al margen: Es triste confesar a mis lectores, que me he advertido por la Wikipaedeia, tan denostada por algunos como yo, de que hubo un pensador llamado: Paul du Bois-Reymond , que en sus "Pensamientos de Leibniz en la ciencia moderna", pensó felizmente lo que yo trato de investigar en cuanto a Leibniz. Que Leibniz creía en Dios como un matemático.

    Paul Dubois-Reymon, no era ningún filósofo ni economista, sino un matemático-físico.Su tesis fue "De Aequilibrium Fluidorum" sobre una mecánica de fluidos. Pero también trabajó en la teoría de las funciones y en la física matemática. Sus intereses incluyen la teoría de Sturm-Liouville , ecuaciones integrales , cálculo de variaciones , y las series de Fourier .Él desarrolló una teoría de los infinitesimales en Über die Paradoxen des Infinitär-Calculs ("Sobre las paradojas del cálculo infinitary") en 1877. Escribe con una gran intuición matemática:

    "Lo infinitamente pequeño es una cantidad matemática y tiene todas sus propiedades en común con lo finito ... La creencia en lo infinitamente pequeño no triunfa fácilmente. Sin embargo, cuando uno piensa audazmente y libremente, la desconfianza inicial pronto mellow en certeza agradable ... La mayoría de la gente educada admitirá un infinito en el espacio y el tiempo, y no sólo un "ilimitadamente grande". Pero ellos sólo con dificultad de creer en lo infinitamente pequeño, a pesar de que lo infinitamente pequeño tiene el mismo derecho a la existencia como lo infinitamente grande ..."

    Dios guarde a Paul Dubois-Reymon! y a Voltaire que le den!

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rillenri@gmail.com