28 octubre, 2013

El bazar de la fortuna frente a la ley de los grandes números.

El bazar de la fortuna frente a la ley de los grandes números.
Me interesa mucho el pensamiento de Hayek porque es el pensador liberal, que más influye en los economistas de la Escuela austriaca. Pero lo interesante es profundizar en su idea de “espontaneidad” del mercado. El quid de la teoría neoaustriaca y neoliberal es justamente, qué interpretación dar a la mano-invisible y espontánea del mercado.
La referencia inmediata que tengo en mente, es el escrito de Hayek titulado: “El uso del conocimiento en la Sociedad[i] en el que el economista se pregunta, en qué consiste el problema del “orden económico racional”. Hayek plantea dicho problema en el contexto de los supuestos previos. Estas suposiciones  previas giran alrededor de la disponibilidad o no de la información, que aporta el sistema de mercado. Plantea entonces dos posturas posibles.
La primera es la que afirma, si es posible disponer de toda la información y que en tal caso, entonces la solución se reduciría a que las “tasas marginales de sustitución” entre los bienes y factores, han de ser la mismas para cualquier uso que se haga de ellas. La segunda postura es la de que los “data” nunca están dados a la vez y previamente, para un sujeto observador y/o calculador de esas utilidades de los bienes.
Este segundo supuesto hace replantear el problema esencial de la Economía: el de cómo asignar óptimamente unos recursos dados o el de cómo usar los recursos, se  transforma en el problema de cómo usar los datos, ya que el conocimiento total del mercado no es dado a ningún sujeto. 
De modo que Hayek transforma los “recursos dados” a distribuir o a asignar, por los “datos dados” a analizar. Esta transformación que convierte “los recursos” en “los datos”, supone un cambio en la forma de plantear la racionalidad del mercado y el problema en sí de la Economía. Esta transformación también tiene que ver, mucho, con la metodología científica y en concreto con la Matemática aplicada a la Economía. Esto nos conduce hasta el problema de la Econometría.
Para Hayek, esto implica rectificar una incorrecta concepción de la naturaleza del problema económico. Parece que la Economía haya realizado una incorrecta traslación de los hábitos del pensamiento, aplicando el método científico de los fenómenos de la naturaleza, hacia los fenómenos de la sociedad.
En el mismo plano que Hayek, Huerta de Soto en una de sus clases magistrales[ii], señala de modo feroz la crítica de este modelo matemático-físico, del pensamiento lógico-formal, cuando es aplicado al fenómeno socio-económico. 
Huerta de Soto explica que, al mundo de la Matemática y al de la Lógica se le atribuyen dos características metodológicas: la constancia de los fenómenos en la matemática-física y la inmediatez de las conclusiones en la lógica. 
La inmediatez en la Lógica, es resultado de una eliminación del factor temporal, de modo que la conclusión ya está presente en las premisas. Siendo así, que el tiempo es un functor simplemente operativo, pero no real o físico sino lógico-formal. Bajo este enfoque, el tiempo formal de la operativa lógica se convierte en una caricatura del tiempo, pues elimina el aspecto real de los sucesos temporales.
Nos podemos preguntar, ¿a qué aspecto real del tiempo, se refiere H. de Soto? ¿Al tiempo como desgaste, como des-uso, como duración que desvaloriza, como des-utilidad? Pero Huerta de Soto contrapone este tiempo-formal de la operativa lógico-matemática, al tiempo-subjetivo de la acción creativa humana. 
En este sentido, Huerta de Soto indica que el tiempo pensado formalmente se reduce a la imaginación una temporalidad subordinada al movimiento. El tiempo aquí, depende del movimiento. Esta idea es completamente afortunada, pues explica la noción de temporalidad en función de un móvil, dentro de un contexto de la física newtoniana, en la que los astros y las masas, así como los cuerpos, son los sólidos. Cuya cinemática física depende de su peso, que es su masa gravitatoria que a su vez explica toda temporalidad de los cuerpos sólidos en función de su velocidad inercial y su aceleración gravitatoria.
El tiempo depende entonces del movimiento. Dejemos entonces el tiempo de Einstein, al margen de este tiempo newtoniano o propio de la física antigua desde Aristóteles hasta Newton, cosa que erróneamente no hace Huerta de Soto.
Huerta de Soto continua afirmando que estas matemáticas y físicas del tiempo (sólo la de la ciencia clásica, dejemos a Einstein por favor al margen) son como “un corsé según un esquema de categorías conceptuales demasiado simple para desarrollar la disciplina de la Economía”. Aquí Huerta de Soto, está siendo más kantiano que el mismo Kant. Pues afirma que las categorías de las matemáticas y del lenguaje formal son “a prioris”, que constituyen ya el marco esquemático de las categorías conceptuales del entendimiento (teoría de la razón pura kantiana) pero que son inservibles para la razón práctica, como entendimiento casuístico, como ciencia para entender cómo es acontecido el tiempo subjetivo y la acción creativa humana. Surge entonces del fondo, la "praxologia" como verdadero principio filosófico fundamental de la escuela austriaca.

Me parece que H. de Soto establece una diferencia entre el tiempo matemático y el tiempo económico, del mismo modo que Kant diferenció la Crítica de la Razón Pura, de su Crítica del Juicio (y de su teoría de la razón estética sobre lo sublime). Huerta de Soto parece estar conduciendo al saber económico hasta una cima elevada de creación, semejante a la que solo la obra de arte puede proporcionar, según Kant. 
En la lógica praxológica, de la escuela austríaca ¿no es el emprendedor un artista del sistema económico? ¿No sería el empresario, el artista que no artesano de una República idealmente anti-platónica?   ¿Y si para Huerta de Soto, y para la escuela austriaca, el sistema de producción no fuera sino comparable a la creación de una obra de arte? ¿No es la innovación y creatividad empresarial, un aspecto de lo sublime kantiano? ¿No serían Dalí, hoy en día, o Gaudí o Miró, empresarios de éxito? ¿No hay en la locura del genio, algo semejante a la genialidad del empresario innovador?
Huerta de Soto sigue su explicación en el plano del lenguaje. Ahora afirma que el lenguaje matemático es más simple, disponiendo de una caja  de menos herramientas, que las que dispone por el contrario, el lenguaje verbal. Lenguaje verbal que evoluciona paralelo a la creatividad social y “que plasma unas realidades (humanas) de las que el lenguaje matemático no puede dar cuenta de ellas”.
Hay mucho que discutir con Huerta de Soto, entre otras cosas que sí es posible una conciliación, después del gran Kant, entre la matemática formal y la acción humana. Creo que este intento de reconciliación podemos encontrarlo, al volver a Leibniz por ejemplo, o a Shalomon Maimon también, después de haber leído a Kant. En esta dirección  de lectura y relectura, desde y partir de Kant, se puede retomar una lectura de Leibniz fundada alrededor de la acción humana y el cálculo infinitesimal, o de la acción divina y el cálculo estadístico de probabilidades. Y es desde ahí, desde los viejos libros de la Filosofía,  que se nos permitirá una crítica a la crítica que Huerta de Soto lanza a base de descalificaciones, sobre el método de los economistas matemáticos (los econometristas de la Ley Normal y algebraicos de matrices de insumo). Y es desde Leibniz, donde comprenderemos que el cálculo diferencial sí tiene sentido para considerar la acción y el pensamiento humano: la teoría de la mónada que llevo introduciendo en los últimos escritos, en vínculo directo a la esencia del capital financiero y el mercado de deuda.



Hay que decir, otra vez, que los econometristas son de dos clases: por un lado los matemáticos-economistas de salón que se enmarañan entre el tejido de coordenadas que crean la oferta y la demanda  y que se marean en la circularidad del proceso lógico entre el precio y la cantidad. Pero por otro lado, están los físicos-economistas de la termodinámica del capital: los ecofísicos. Los primeros se parecen a aquella econometría que critica Huerta de Soto, pero esas mismas críticas, no deben afectar seriamente a los segundos. Puesto que la estadística de los grandes números no es la misma que la estadística de los infinitesimales. Del mismo modo, Descartes no es Leibniz. O… incluso Marshall no es Mandelbrot.
También Hayek se preguntaba sobre la "Ley de los Grandes números". Afirmaba que ésta no servía para calcular estadísticamente la distribución y la asignación de rentas, en el sistema de precios de mercado.
Hayek llega a la conclusión de que el sistema de precios es algo no planificable, donde la información nunca está dada por completo, que es imposible actuar con toda la información. Ya que ésta no es calculable porque el mercado es imperfecto. Pero el sistema de precios es en realidad "un sistema de comunicación de señales". En realidad es considerado un sistema cibernético  y  será Hayek quien se refiera a otro filósofo: a Whitehead como el camino a seguir.
Hayek dice que la Estadística no sirve para mostrar el funcionamiento económico del "orden espontáneo" del mercado,  pero él se refiera a esa Econometría nacida de la Estadística de los “Grandes Números". De esa Estadística que normalizaba el mundo bajo la una ley con forma de campana de Gauss. Hayek en 1945, no sabe que hay otra estadística, que yo llamo de los infinitesimales, de los diferenciales. Que tiene que ver con  las distribuciones de colas pesadas, de los fenómenos aleatorios-fractales, etc. Hayek tampoco sabe que hoy hay ordenadores de trading, que computan instantáneamente las variaciones de los precios en mílésimas de segundo, no conoce el mercado como un sistema de señales en High Frecuency (HF), no sabe que hay programas informáticos de Bussines Intelligence que permiten el management descentralizado de las organizaciones. Hayek  no sabe tampoco que  hay una mano invisible que no es la de Adam Smith, es una mano-con-párkinson. Es la misma mano-con párkinson que guía a las bandas de pájaros y a los bancos de peces....o a los inversores en la bolsa.
La estadística de los grandes números es a la mano invisible de Adam Smith, que muestra los mercados como resultado de movimientos parciales dentro de la masa. Pero la masa no es la manada. La manada es la entidad sociológica de todo mercado guiado por la mano-con-párkinson. Si la masa es a la mano-invisible de Smith, la manada es a la mano-con-párkinson de Mandelbrot. Descartes no es Leibniz.
La mano invisible de los mercados-de-masas es por mi teoría, asociado y vinculado al capitalismo líquido (transacciones de valor sobre mercancías de producción); mientras que la mano-con-parkinson de los mercados-de-manada es asociado al capitalismo-plasma (mercado de valores-señales en alta frecuencia).
Como paréntesis explicativo de la teoría general, en realidad hay cuatro conceptos diferenciados de las poblaciones y/o de los mercados:
·         las sociedades-masa y sus súbditos productores: la mano visible de un arconte.
·         las sociedades-de-densidad y sus mercados de consumidores: la invisible de Adam Smith.
·         las sociedades-de-viscosidad y sus fluidos financieros: la mano con párkinson de un hombre anciano.
·         las sociedades-manada  y  sus fractales financiarios: la mano caosmótica de un niño Dios juguetón.
         Estos cuatro modos de ser mercado, se corresponderían con las cuatro formas del capital: sólido, líquido, gaseoso y plasma.

Pero retornemos a lo particular. Hay otra diferencia importante entre la mano de la masa-mercado y la mano de la manada-mercado. La masa-mercado, en conjunto y a la vez, nunca iría a retirar su dinero al banco. Es un imposible para la masa, pero que en la manada sí aparece la probabilidad de este suceso. Ante un mercado-manada el riesgo calculado como imposible en la masa-mercado, sin embargo se presentará ahora como probabilidad. Y en esta  línea, atesorar en la caja fuerte no es lo mismo que dejar el ahorro en un depósito bancario. Todos sabemos que el lingote de oro no participa de la misma ontología, que un depósito bancario a plazo fijo. El oro en la caja fuerte es a la masa-mercado, como el depósito a plazo con coeficiente de reserva,  es a la manada-mercado.
Precisamente, la Ley de los grandes números, fue pensada en la época de los mercados-masa, en concreto pensada durante la existencia y desarrollo de las sociedades-de-densidad y de sus mercados de consumidores: la invisible de Adam Smith. Por el contrario esta ley de los grandes números, no nos sirve ni para los mercados-manada,  ni tan siquiera para las sociedades fluidas de deuda.



El individuo toma decisiones, también las económicas, en función de un elemento racional y de un elemento instintivo o animal. Esos impulsos naturales, tal como los primeros científicos biométricos y conductuales durante el siglo XIX trataron de conocer, se pueden representar socialmente como tendencia, mediante la estadística fundada a partir de la ley de los grandes números. Por ejemplo el tymós de las almas de los soldados, que ve Platón en la República, podría desvelarse milagrosamente muchos siglos más tarde, como el tórax de los soldados, que descubre Adoplhe Quetelet el 21 de febrero de 1844. Quetelet se pregunta si existe un hombre-tipo, y en concreto si existe un soldado-medio. Para ello, Quetelet concilia “lo matemático formal” con “lo biológico-real” y con “lo sociológico”, ¿no les sorprende, la insolencia científica de Quetelet en 1844? En su “Tratado sobre el hombre”(1835), Quetelet describe y detalla el homme type, a través de la medición del perímetro torácico de más de 5000 soldados de once regimientos escoceses (publicado en 1817 en el Edinburgh Medical Journal). Su resultado fue, que el valor medio del tórax era de 39 pulgadas y media aproximadamente, siendo la variación de 5 pulgadas arriba o abajo. Quetelet, astrónomo de profesión, nos mostró como los fenómenos naturales estaban distribuidos “normalmente”. Dando lugar a una visión de la naturaleza y de la sociedad, estadísticamente estable y ordenada.
Desde esta metodología estadística de principios del XIX, el valor medio de la aritmética se aplica a la gran masa poblacional y por lo tanto también, a la gran masa del mercado. De modo que  aquella mano-invisible de Adam Smith se vuelve ahora visible, esta vez no por la visibilidad de un archonte (de un Mydas o de un Chresos, por ejemplo) sino por la visibilidad del Valor Medio de la Aritmética. Si la mano-invisible de Adam Smith es un dios-del-mercado, éste gracias a la Ciencia, se transformó  en un geómetra analítico y un estadístico que dibuja el mundo de lo humano, como una  “campana” (de Gauss).
Pero aunque mucho le pese a Quetelet, esta gran ley de los grandes números, no nos servirá ni para los mercados-manada,  ni tan siquiera para las sociedades fluidas de deuda. La nueva realidad social de los mercados, es distinta porque la naturaleza del capital también lo es. No debe sorprender que la Ley de los Grandes Números sea el principio fundamental sobre el que la ciencia actuarial, trata de calcular y determinar las primas que cubren los posibles riesgos de cualquier capital asegurable.
Si recogemos ahora un argumento de Huerta de Soto, podemos recordar que en su libro “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”(1992), comenta precisamente esta idea, apoyándose en otro liberal como Mises quien clasificaba el mundo de los sucesos económicos en función de dos tipos de probabilidad: la probabilidad de clase, objetiva y asegurable;  y la probabilidad singular, de evento único, no asegurable.  Según este enfoque, Huerta de Soto afirma que es en la Ley de los Grandes números donde radica todo el quid-de la cuestión. Me refiero a que el argumento de esta Ley, que dibuja el escenario ideal de la Economía bajo la ley de lo normal, sirve al sistema financiero desde el sector bancario, para enunciar que “la probabilidad de retirada atípica de depósitos no es, por su propia naturaleza, asegurable,…”. Es decir, se situa como condición necesaria para la existencia del actual sistema del capital (financiero) la ontología monetaria del depósito bancario no respaldado por el 100%, sino solo en la medida mísera de una reserva fraccionaria que está respaldada a su vez por: una visión del mundo económico apoyada en la Ley de los Grandes Números.
         Esta Ley de lo Normal, desprecia los eventos a-normales como el suceso poco probable de que suceda la probabilidad de  la  retirada masiva de depósitos. Esto  es de que suceda una suceso atípico, no típico, no standart, no normal, no sometido a la principio del límite central y a la ley de Gauss sobre la distribución normal.
         Este pre-hecho es fundamental para levantar el sistema financiero, que es el sistema basado no en el proceso marxista del capital de producción, sino en el proceso pseudo-marxista (capital ficticio) del préstamo a interés. Si el “tokós” (griego) era para Aristóteles un ente-parafísico (contrario a la naturaleza de las cosas), para Marx fue una entidad contraria a la lógica dialéctica y a la razón hegeliana pasada por el filtro del materialismo. Parece pues lógico, que para un matemático estadístico este capital-a-préstamo cuya plusvalía es la tasa de interés se distribuya de un modo fantasmagórico o anormal. Y se sirva de un presupuesto falseado: que basta con la reserva fraccionaria porque el mundo (económico) es un universo distribuido según sucesos con probabilidad “normal”.
         Como comenta Huerta de Soto[iii], los profesionales de la gestión de seguros (que son los profesionales de la gestión de inseguros o de riesgos) conocen perfectamente que tales eventos están asociados a “razones de moral hazard” y que por tanto, según este planteamiento de normalidad, “no son técnicamente asegurables”. En esta misma línea, estamos de acuerdo con J.Ma. de la Cuesta[iv], cuando afirma: “Forzoso es reconocer que, situados ante esta realidad, el recurso a la ley de los grandes números significa un positivo remedio por dejar establecidos ciertos coeficientes de reservas que deben conservar los bancos para poder atender la obligación de restituir los depósitos a los clientes; se habla de “reserva fraccionaria”. La ley de la probabilidad estadística pretende sustituir a la verdadera Ley, de orden jurídico y moral, que exigiría la reserva del cien por ciento de los verdaderos depósitos bancarios”

         Otra cosa es que según los pensadores de la Teoría Austríaca, la misma naturaleza o esencia de la Economía, a través del “ciclo económico” sea la encargada de auto-regular mediante solución radical, a esa inestabilidad sistémica encubierta bajo el presupuesto teórico de la Ley de los grandes números.  Tanto es así, que los austriacos piensan que el Ciclo hace limpieza y devuelve la estabilidad al Sistema, arrasando todo lo que no esté bien respaldado, a su paso (las famosas deudas desencajadas o el descalce de plazos en una deuda imposible). Pero no es momento ahora, de responder a su teoría parcial, puesto que ésta nunca explicará el fenómeno de los movimientos bursátiles con sus flash-crash o de ni tan siquiera los fenómenos y naturaleza de la tasa de interés.
         Puesto de lo que quiero tratar en este capítulo, es del capital gaseoso en tanto sistema financiero en razón de su naturaleza aleatoria. Tal como comenta el propio J. H de Soto:” admitiendo a efectos dialécticos que se pudiera aplicar la «ley de los grandes números» en la práctica bancaria, es evidente que el contrato de depósito con reserva fraccionaria pasaría a ser un contrato aleatorio”[v]
            Sobre este tema del contrato aleatorio, en tanto contrato típico y tópico del capital gaseoso (financiero, de préstamo a interés) cabe señalar además, que lo aleatorio del suceso en cuanto a su nula probabilidad, desde la Ley de los Grandes Números, nos conduce a otra mutación del capital en términos de “disponibilidad”. Lo que hasta ahora, en las teoría neoclásicas y postneoclásicas, se entendía como la disponibilidad del bien o del activo de capital, aquí y ahora debe concebirse tal disponibilidad no en función de su abundancia o escasez, ni tan siquiera en base a la liquidibilidad del activo o del bien, sino en cuanto la disponibilidad sea gaseosa. Esto significa que la disponibilidad en el capital financiero es una cuestión de probabilidad y por tanto de aleatoriedad del suceso. No estamos ante una disponibilidad del capital en función de su capacidad para la liquidez, sino en otra disponibilidad del capital en base a su potencia aleatoria y probabilística de recuperación. El riesgo es el rey que gobierna este nuevo marco teórico de la Teoría del Capital. Y la naturaleza de la tasa de interés, en contra de los neoclásicos y aún de los austriacos, no es otra que este riesgo definible por la probabilidad y aleatoriedad.
         Es la categoría de “disponibilidad”, en esta ontología contractual por ejemplo del depósito bancario, la que pierde sus referentes clásicos y neoclásicos. La “pseudo-disponibilidad ” que es a la vez  la ontología del capital-prestado (al banco), donde el depósito es como todos los expertos reconocen: un depósito irregular. Irregular, porque el verdadero depósito era con la reserva del 100%. Irregular, porque el azar se cuela en el contrato. Irregular, porque está expuesto a las leyes de lo irregular, de lo no-normal. A esas leyes de la estadística que se rebela contra la Ley de los grandes números.
         Y es después de este brillante análisis del pensamiento austriaco sobre el elemento aleatorio subsistente en la naturaleza del capital-financiero (gaseoso) y en concreto en los depósitos bancarios, que los austriacos se vuelven prejuiciosos. Porque afirman que el cálculo de probabilidades no es método para aplicar a las “cosas humanas” de la economía.
         Y es entonces, cuando me despido de ellos. Les digo adiós, con la esperanza de que algún día rectifiquen. Porque las “cosas humanas” de la Economía, fueron las cosas-del-trabajo, las cosas-de-la producción, las cosas dialécticas de un tal Marx. La producción, la plusvalía, el consumo, la renta, etc. Pero estamos ante unas “otras cosas” económicas, que ya no nos hablan de hombres y esfuerzos, ni de pesos y fuerzas, sino de signos, de señales. De la metalurgia hemos pasado a la Semiurgia. El Capital financiero no sabe sudar. Es liviano, ligero, ultraligero. No es ni siquiera fluido viscoso, es puro gas. Son otras cosas, las de la Economía de las señales (semiurgia), la de los contratos aleatorios (estocástica), la de las emisiones inorgánicas (dinero-deuda creado sin patrón metálico), la de la tasa de interés que no debe su naturaleza ni su ser al no-consumir (ahorro), sino al no-atesorar (invertir). Como parece sin embargo, que Keynes sí intuyó. Aunque Keynes no quiso separar el concepto de inversión productiva del concepto de inversión financiera.
         No es pues necesario el ahorro para la deuda, ni tampoco el ahorro para la inversión. El ahorro, es un concepto caduco, propio del capital sólido: se ahorra en una caja de caudales…lingotes o metales preciosos y/o de joyas con diamantes. Eso ya fue.
         Tampoco se ahorra con liquidez de tesorería. La tesorería del capital líquido es una derivada de su primitiva: el thesaurus del capital sólido del metal precioso. Pero tampoco si quiera, se ahorra con aprovisionamiento, ni con stockage de mercancías. Los sistemas JIT, no se lo permitirían a ningún responsable de producción.
         Quiero decir que, el Ahorro no existe, en el capitalismo financiero y en sus contratos aleatorios. Que el Ahorro no sirve para explicar qué es el interés financiero. Como tampoco sirve, lo que en su día sirvió: el consumo negativo que es ahorro intentando explicar la tasa-de-interés. No es la preferencia, no es la teoría de la preferencia por la liquidez presente, la que explica la verdadera naturaleza del capital a préstamo por interés. No es una explicación a partir del “consumo/no-consumo” presente, la que da cuenta lógica de aquello que es el “interés financiero”. Sino que su explicación debe encontrarse en la idea del “riesgo” (lo opuesto al atesoramiento), en un horizonte de “aleatoriedad” y sus instrumentos científicos no son otros que la Ley de los pequeños números (otra econometría) que desafía a la Ley de la Reserva fraccionaria apoyada en la Ley de los grandes números. Alea jacta est!
         ¿Y qué puede tener que ver todo esto, con Leibniz? Leibniz en su Teodicea usa una cita para referirse al juego de azar. En concreto al “juego de Bazza”…………(continuará).




[i] F. Hayek (1945). Artículo publicado en American Economic Review, XXV, 4 septiembre 1945, pp.519-530. Traducción de Eli Plaza.
 [ii] J. Huerta de Soto. La Matemática en Economía. En https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=LQNyoJakdNE
 [iii] J. Huerta de Soto. “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”. Unión Editorial, Madrid 1992, pp. 46-48
[iv] De la Cuesta Rute, J.Mª. “La contribución del Derecho a la Prevención de las Crisis financieras: Los depósitos bancarios a la vista”. Artículo del Catedrático Emérito de Derecho Mercantil ,UCM.
[v] Huerta de Soto, J. “Dinero, Crédito bancario y Ciclos económicos”. Unión Editorial. 2009 (4.ª edición). Madrid. El autor nos remite a los “contratos aleatorios” de Manuel Albaladejo, Derecho civil II,
Derecho de obligaciones, vol. I, La obligación y el contrato en general, ob. cit., pp. 350-352.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

rillenri@gmail.com