04 mayo, 2012

1.6 La simulación y la ley estructural del Capital gaseoso.


En paralelo a lo que comenta Morey[1] en el prólogo a los textos de Foucault sobre las tecnologías del yo, no se trata de encontrar una infraestructura oculta en la superestructura social. Del mismo modo que no se pretende fundar el nuevo capitalismo (gaseoso) sobre otro cógito / razón.
                Si de lo que se trata es de determinar cómo se produce la subjetivación, en este caso del capital gaseoso, ese será nuestro propósito aquí. Sin embargo, no podemos realizar esta búsqueda sin dejar atrás la lógica marxista de la producción. Del mismo modo que Foucault ya intentó pensar la problematización del “self” desde el abandono de los presupuestos, tanto del cógito cartesiano, como también de la noción psicoanalítica del inconsciente freudiano.
                Debemos entonces poder abandonar la visión marxista sobre la infraestructura y el modo de producción capitalista. Pero no por ello, debemos caer en la trampa que Foucault instaurará, al abandonar  la verdad por los juegos-de-la verdad.
                Si la verdad oculta era la de la infraestructura, inconsciente en tanto realidad  invisible del modo de producción capitalista, los juegos-de-la verdad deberán ahora encontrarse en las reglas del capital por inducción o capital gaseoso.
 El problema surge de un modo monstruoso cuando descubrimos en esos juegos-del capital gaseoso, una verdad que puede resultar más perjudicial que la teoría marxista.
Perjudicial en el sentido de que la verdad-de-los juegos sobre la verdad, es más eficiente pero al mismo tiempo oculta que la clásica. La paradoja surge cuando la verdad se des-oculta transformándose en juego, con el resultado de la máxima ocultación.
Y cómo la lógica del capital gaseoso, funciona como lo haría el pensamiento crítico de Foucault, Deleuze o Derrida, a la misma idea de modernidad, de racionalidad y de conciencia.  La verdad es esa. El neocapitalismo funciona como el pensamiento crítico. Sigue la misma racionalidad gaseosa.
Habrá por tanto, en previsión,  que desconfiar tanto de la subjetividad moderna como de los modos de subjetivación postmoderno. Y con ello, hará bien el lector, en desconfiar de las estrategias de resistencia impulsadas por Foucault, curiosamente semejantes, a las estrategias usadas por la lógica del capital gaseoso.
Hay un paralelismo evidente, entre la desaparición del inconsciente y la desaparición de la infraestructura. El capitalismo se ha quedado sin infraestructura, del mismo modo que el sujeto se ha quedado sin inconsciente.
Siguiendo este camino del pensamiento crítico, el sentido ya no hay que ir a buscarlo en lo trascendente,  sino que reside en aquello que Foucault y Deleuze, han venido en llamar: lo inmanente.  Pero del mismo modo el capital ya no trasciende al trabajo, sino que reside en su propia inmanencia: como generador de un campo de inducción abierto por el capital-a-préstamo. El diferencial, es su figura más visible. Pero precisamente, por su transparente visibilidad, no se oculta en la infraestructura (inconsciente), sino que se convierte en demasiado visible (preconsciente) y pasa desapercibido.
Deleuze hablaba del sentido como efecto de superficie, que ya no había de encontrarse, debajo, en las profundidades.
Por el contrario, cuando el sentido es considerado en su relación con la casi-causa que lo produce y lo distribuye en la superficie, hereda, participa, y más aún, envuelve y posee la potencia de esta causa ideal: hemos visto que ésta no existía fuera de su efecto, que aparecía con este efecto, que mantenía con él una relación inmanente que hace del producto algo productor, aun siendo producto. No es ocasión para insistir en el carácter esencialmente producido del sentido: nunca originario, sino siempre causado, derivado. [2]
                Y es aquí, donde el sentido del capitalismo no cabe encontrarlo tampoco en la profundidad de la infraestructura de los modos de producción industrial, sino en la misma superficie del capital-monetario. Cuando lo producido (intereses financieros) hace al mismo tiempo, de productor (capital a préstamo). Causa y Efecto, se confunden en el espacio de capital-a-préstamo por interés. El diferencial, como tasa del precio del dinero, genera un campo de inmanencia que pone en relación, al capitalista bancario con el capitalista empresarial.  Y es en esta zona de inmanencia, donde toda estructura es “de financiación”. Cuando se olvida por completo la antigua relación de trascendencia entre el capitalista industrial y el obrero. O entre el capital y el trabajo. La inmanencia del “diferencial” sustituye a la trascendencia de la “plusvalía”.
                Deleuze nos enunciaba una buena nueva.[3] La nueva noticia sobre “el sentido” es que no está dado u oculto en el origen o en el inconsciente y por tanto: no está por descubrir. Sino que el sentido  es un proceso en continua realización. Es un proceso constructivista. Nunca está dado sino por hacer continuamente, al ritmo del on-line. Como los mercados bursátiles. Es por tanto: un efecto-de-superficie. Pero esa superficie es la misma que la del sistema capitalista alrededor del crédito. Un acontecimiento, el crédito, que genera en su misma superficie crediticia los efectos del interés financiero.
                Ahora podemos comprender como la causa del sentido en la lógica clásica, era lo oculto: sea el inconsciente o la infraestructura.  Ahora es distinto, la infraestructura se confunde en la misma superficie con la superestructura. El modo de financiación como motor del capitalismo gaseoso, hace indistinguible la figura del obrero autónomo del pequeño capitalista empresario. El obrero ya no está encerrado en la fábrica, sino que ahora se ha re-convertido en un capitalista endeudado. Este es el nuevo modo de subjetivación.
                Y si todo esto sucede como describe Deleuze, refiriéndose a Sartre:
“En verdad, la donación del sentido a partir de la casi-causa inmanente y la génesis estática que resulta para las otras dimensiones de la proposición no pueden producirse sino en un campo trascendental que responda a las  condiciones que Sartre planteaba en su decisivo artículo de 1937: un campo trascendental impersonal, que no tenga la forma de una conciencia personal sintética o de una identidad subjetiva, estando el sujeto, al contrario, siempre constituido.”[4]    
Es necesario reconsiderar la teoría sobre la construcción de la subjetividad que enunciará Foucault. Aquel campo trascendental, que no trascendente, en el que lo impersonal es la forma bajo la cual, el sujeto se halla constituido. El Capitalismo gaseoso funciona también como “campo trascendental impersonal y a-subjetivo”. En este campo trascendental , que es el espacio del capital-a-préstamo, no se puede preguntar si quiera por la identidad del sujeto que lo puebla… ¿Quiénes son los capitalistas? O posteriormente ¿Quiénes son los mercados?
Frente a aquella subjetividad personal e individual propia del cógito cartesiano, propia también de la conciencia cristiana o incluso del superego freudiano, lo que nos encontramos ahora es una “subjetividad” que no es ni individual,  ni personal. ¿Cómo pensar esta idea de subjetividad? Deleuze, tiene un concepto para ello:
“son las emisiones de singularidades en tanto que se hacen sobre una superficie inconsciente y poseen un principio móvil inmanente de auto-unificación como condiciones de las síntesis de conciencia. Las singularidades son los verdaderos acontecimientos trascendentales: lo que Ferlinghetti llama «la cuarta persona del singular»….Sólo una teoría de los puntos singulares está en condiciones de superar la síntesis de la persona y el análisis del individuo tal como son (o se hacen) en la conciencia.”[5]
Sabiendo que estamos en un contexto donde la infraestructura o la relación de explotación (salario/plusvalía) se diluye en favor de una superficie del sentido. Entonces, el Capital deja de ser “individual” (no hay clase capitalista) y deja de ser “personal” (no hay un personaje capitalista industrial) enfrentado al “otro”.
En lugar de ello, en lugar de la dialéctica, aparece un “capitalismo de singularidades” (de señales en el mercado). La subjetividad se manifiesta en los mercados financieros a través de singularidades, o señales que se emiten a través de movimientos, acontecimientos, turbulencias…etc. Paralelamente, es el principio del diferencial y no del de la diferencia (plusvalía), el que genera la superficie del sentido capitalista.
Si seguimos el camino transitado por  Deleuze, en su “Lógica del Sentido”, nos damos cuenta de que este nuevo sentido en la superficie del mundo, necesita de una nueva forma de construir lenguaje. Así, este nuevo  lenguaje quedará constituido por tres elementos[6]: la superficie trascendental, la línea incorporal abstracta y el punto descentrado.
1)     los efectos de superficie o acontecimientos;
2)     en la superficie, la línea del sentido inmanente al acontecimiento;
3)     sobre la línea, el punto del sinsentido, sinsentido de superficie copresente al sentido
En la lógica del capital gaseoso, podemos establecer una correspondencia entre estos tres elementos. El fenómeno capitalista se ha convertido ahora, en un “efecto de superficie metafísica” y  en un “Acontecimiento” pre-singular y a-subjetivo.
1)     los efectos de la superficie, son los modos en que nos subjetiviza el capital a préstamo: los grados y modos de endeudamiento.
2)     la superficie metafísica del Sentido, es recorrida por la línea de fuga: las emisiones de deuda para la financiación y la creación del dinero bancario sin respaldo del patrón oro.
3)     el punto del sinsentido, que recorre toda la economía de la deuda es el Capital-deuda como Activo financiero: el título de deuda sujeto al recorrido aleatorio del valor en la bolsa.

Ahora debemos enlazar con el análisis que Baudrillard realizó sobre el orden de los simulacros (de tercer orden)[7], cuando se refiere al nuevo funcionamiento del capital…………….

(fragmento del capítulo I, de "Antropología semiótica del Capitalismo")

[1] “Ya no se trata de fundar la filosofía sobre un nuevo cogito, ni de desarrollar en un sistema las cosas ocultas hasta entonces a los ojos del mundo, sino más bien de interrogar este gesto enigmático, quizá característico de las sociedades occidentales, por medio del cual se ven constituidos unos discursos verdaderos (y, por tanto, también la filosofía) con el poder que se les conoce”. (Technologies of the Self. A Seminar with Michel Foucault,
1988. Introduccion de Miguel Morey).
[2] Deleuze, G (1979). La lógica del sentido, Decimocuarta Serie, De la Doble Causalidad.
[3] “Es pues agradable que resuene hoy la buena nueva: el sentido no es nunca principio ni origen, es producto…” (Deleuze, G. 1979. La lógica del sentido, Undécima  Serie, Del sinsentido).
[4]Deleuze, G. 1979. La lógica del sentido, Decimocuarta  Serie, De la doble Causalidad.
[5] Deleuze, G. 1979. La lógica del sentido, Decimoquinta  Serie, De las singularidades.
[6] Deleuze, G. 1979. La lógica del sentido, Vigésimo sexta  Serie, Del lenguaje.
J. Baudrillard (1976, Gallimard). El intercambio simbólico y la muerte. Capítulo II El Orden de los Simulacros. Monte Ávila Editores. Venezuela 1993.       

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