27 febrero, 2012

El capitalismo financiero y el deseo.

1. El capitalismo financiero y la sociedad.
La economía ya no es cuestión de la producción sino del crédito. El crédito es un dispositivo que se funda sobre una máquina diferencial que nace con la tasa de interés. El precio del dinero es el coeficiente que media, a modo de diferencial matemático, entre dos mundos económicos : el capital productivo y el capital financiero.

Es así como la tasa de interés escinde lo económico en dos flujos : el flujo de capital prestante y el flujo del capital prestado. Esto muestra la esencia del capitalismo como un dispositivo que escinde la propia naturaleza del capital en dos polos. Todo parece indicar que el capitalismo se ha vuelto esquizofrénico . Su propia identidad queda escindida en la interioridad del capital. No se opone dialécticamente, como antaño en la teoría marxista, al trabajo, sino que la confrontación se interioriza en el mismo capital.

Igualmente, la sociedad ya no está enfrentada por los dos grupos sociales mayoritarios (capitalistas y obreros) sino que el capital atraviesa todo el cuerpo social, haciendo del trabajador un capitalista (autónomo) y del capitalista un trabajador (capital industrial). El sistema económico es como un campo de vectores de intensidad que forma la sociedad. Es un solo espectro que gradualmente, va granulando la sociedad según el nivel de endeudamiento apropiado. La capacidad de endeudarse dibuja la pirámide social de riqueza máxima, hasta llegar al ínfimo polo de la indigencia. El más pobre es aquel que no tiene capacidad de endeudamiento. Dime cuánto endeudado estás y te diré en que nivel de la escala social te encuentras. La economía ya no se funda sobre un proceso de producción social sino que se ha convertido en una estructura de financiamiento. El fantasma es precisamente este desdoblamiento de la economía antigua de la producción, en su «doble» la economía de la financiación.

El capitalismo se ha revelado contra sí mismo, contra su productividad material de mercancías. El capital huye de sí, tomando la vía de la rentabilidad financiera alcanzada solo a través del interés como diferencial entre dos flujos del propio capital. El capital encuentra en la rentabilidad por el capital, aquello que la rentabilidad por el trabajo no le proporcionaba. El producir, todo el mundo sabe hoy en día, que es lo menos rentable. Especular con la producción, o con la mercancía es de cuerdos, demasiado cuerdos. A no ser que la mercancía sea el propio capital-monetario. Siempre y cuando la mercancía sea el dinero, entonces sí que el capital tomará naturaleza de una rentabilidad de locos. La ganancia financiera es una locura, para el capitalista industrial. La progresión geométrica o exponencial de la rentabilidad financiera, es otro mundo distinto, de la paciente rentabilidad industrial o comercial de las empresas.

El sueño americano era el sueño del trabajador que se convertía en capitalista a través del trabajo y del esfuerzo. Ahora el sueño americano es la pesadilla de la deuda pública y privada. Ahora ya nadie puede soñar pensando que un día será capitalista. El capital financiero no sueña, porque no duerme, trabaja sin descanso pero ocioso, las veinticuatro horas del día, los tresciento sesenta y cinco días del año. El capital financiero no hace vacaciones, ni huelgas, ni tampoco sufre la trazabilidad de los sistemas de calidad. El capital financiero sueña mientras permanece despierto y nunca apaga la luz. Tampoco pues, hay nadie que como Freud, interprete sus sueños, porque éstos no son ya simbólicos sino espejismos plenos de una realidad que es otra.

El capital financiero, requiere velocidad, aceleración, continuidad que inunda todo el cuerpo social, todas las estructuras sociales, todas la capas... No quiere interrupciones, no quiere límites ni territoriales, ni políticos. Desea fluir intensamente a través de la posesión espiritual de todos los cuerpos. Es pura energía vital. Esa ansia de no morir nunca, le permite jugar con el tiempo, contrayéndolo al mínimo en la especulación bursátil del intradía, o expandiéndolo al máximo en la firma de contratos de endeudamiento a períodos de amortización que duran incluso dos generaciones (las hipotecas a 100 años). Juega con el tiempo, para apropiarse de él, cuando procede a refinanciaciar o a re-estructurar la deuda de empresas y organismos varios.

Otro aspecto que contrapone el capitalismo financiero al capitalismo de la teoría marxista, es que el primero no consiste en la acumulación de riqueza sino en la repartición de ella bajo la forma de un don venenoso. El don envenenado es la concesión de crédito.


2. El capitalista anónimo.
En la antigua teoría del capitalismo, Marx indicaba que la lucha de los obreros debía ser contra los capitalistas industriales. Lucha que había nacido contra la burguesía o contra las clases sociales enriquecidas en los burgos o ciudades. Que a su vez, heredaban el poder social de las antiguas clases aristócratas. La idea de clase social era el concepto fundamental de la conciencia del ciudadano. Ahora la conciencia de clase, ya desapareció. La clase media se disuelve, y la ciudadanía no puede tener si quiera conciencia de ser algo socialmente diferente de una multitud. Las clases sociales, dejaron paso a las multitudes cuyos intereses sectoriales atraviesan la sociedad de pequeños conflictos minoritarios.

Pero este fenómeno sociológico, esconde el verdadero síntoma del capitalismo financiero : la invisibilidad del capitalista. ¿Quienes son los capitalistas especuladores?, ¿quienes son esos malvados que se esconden tras la etiquetas cómica de «los mercados»?. Nadie conoce a nadie, que no esté más o menos enfangado en el capital financiero. Desde el pequeño ahorrador que pone sus stocks de capital en acciones de algún banco que cotiza en bolsa, hasta los grupos financieros que tienen repartido su riesgo inversor, o entre los mismos Estados que se financian con deuda, o que colocan sus fondos de pensiones en activos financieros. Todo es una madeja enredada difícilmente de separar. Todo el mundo ha jugado, en su medida o en su grado de capacidad, al endeudamiento y a la inversión financiera. ¿Contra quién avalanzarse, entonces... ?

Existe cierto cinismo, por cuanto el estado de bienestar de los ciudadanos depende fundamentalmente de esos mercados que financian el bienestar de los ciudadanos. La sociedad es bienestante, en la medida que el capital financiero es «malestante».

La prueba más evidente de que el capital financiero invade a todos los cuerpos sociales, como si fuera una infección vírica o una invasión de penicilina, es que el riesgo es distribuido según la propia esencia del capital. En momentos de pánico, de contagio, de activos tóxicos, lo que se busca es como atajar el fuego. ¿Dónde están los cortafuegos?... Entonces, aparece la cruda verdad de que no hay cortafuegos. Toda la sociedad es capital financiero y todo capital financiero está socializado al menos en sus efectos.

De modo que ninguno de ustedes puede identificarse con el capital o con su contrario. Porque su contrario ya no existe sino es mediado por «lo financiero». El capital financiero no es la sangre que circula por el cuerpo social, sino que es el aire que respira la sociedad entera. Sin ese aire, lo Estados, los ciudadanos, las fábricas, los comercios, se asfixiarían. El capital es gaseoso, no líquido.

La máquina de producción necesita de liquidez, pero esa liquidez se convierte en gaseosa cuando aparece una máquina autónoma e independizada de la producción : la máquina financiera. Todo el cambio radica en someter una máquina a la otra. La máquina productiva ahora está sometida a la máquina financiera. Mientras la máquina productiva gira en torno a la productividad y a la competitividad, la máquina financiera es una cuestión de monetarización y tasa de interés. La ansiedad por la productividad no es lo mismo que la ansiedad por la rentabilidad financiera. La primera es una ansiedad obsesiva de un Capital productivo, mientras que la segunda es una ansiedad histérica de un Capital financiero.

Este capitalismo financiero es en cierto modo, autónomo al mismo tiempo que órfano. Pues ya no dispone de un padre productivo que transforme la materia prima en mercancía. La mercancía es el propio dinero, la misma moneda. La moneda en cuanto que es la mercancía, no dispone de patrón industrial, sino de espacio maternal donde fluir a través del préstamo a interés.

El capital industrial o productivo depende y se transforma de acuerdo a lo que le dicta la naturaleza del capital financiero. Por ejemplo, el capital de producción se deslocaliza, hacia territorios no sólo más productivos (menos costosos), sino más aligerados de normas fiscales, de normas laborales, de leyes del comercio, etc. Pero este movimiento del capital productivo imita los movimientos de huida del capital financiero en busca de paraísos fiscales.

Cabe hacer una distinción importante, referente a qué significa la liberalización del mercado de mercancías, y algo muy distinto : la huida del capital financiero en el mercado de capitales. La liberalización en el mercado de mercancías obedece a la productividad y a la competitividad en beneficio del consumidor. Pero la huida o fuga en el mercado de capitales, obedece a deseos anárquicos en perjuicio de la sociedad de consumidores/productores.

Se produce históricamente un recorrido o transformación del concepto de riqueza, desde que los primeros economistas hablaron de la tierra fértil y fructífera como riqueza objetivable, pasando por la subjetivización de esa riqueza en el acto de la producción (la economía política de Smith, Ricardo y por último Marx), hasta nuestros días en los que tras la objetivización y la subjetivización, se produce ahora la a-subjetivación del capital. Esta asubjetivización del capital se expresa en el capital financiero que ya no está mediado por la producción subjetiva.

Otro aspecto es del origen del capital. El capital industrial, propio de la burguesía estaba localizado fácilmente, en las cuatro grandes famílias que dirigían las colonias industriales del territorio. Las cuatro grandes famílias de banqueros que hacían funcionar tanto las fábricas, como los teatros. Ahora es distinto, no hay cuatro famílias con apellidos ilustres. Las grandes famílias están cruzadas en asuntos de negocios con grandes masas empresariales que debido a la diversificación del riesgo y de las inversiones, todo está en todo entrelazado. Es una red de anónimos grupos industriales, financieros, comerciales, donde no se sabe donde comienza ni donde se acaba. El capital financiero arrastra cualquier acontecimiento económico o cultural, sea público o privado, bajo la forma de su personalidad anónima y disuelta. Contra qué disparar, se preguntan los revolucionarios incrédulos sin poder reaccionar ante esa nube orbital que es el capital financiero. El capital financiero constituye una economía de enjambre. El capital financiero es deuda o préstamo por un lado, y titularización de la deuda. Y esta titularización de lo debido como activo financiero, no tiene un títular fijo y permanente. Las acciones, los bonos están cambiando de mano, en los mercados de capital, por momentos, o por segundos. Es así que entonces, el capital ya no tiene un origen filiativo o familiar o burgués, sino que su origen es ambiguo, formado por alianzas que le dotan de una naturaleza híbrida, una esencia disuelta y una personalidad anónima.

3. El capitalismo y la plusvalía.
El capitalismo ahora, ya no reposa sobre la plusvalía del trabajo humano, sino que lo hace en torno al motor del diferencial matemático (la tasa de interés). El trabajo humano acontecer en un tiempo de la producción de mercancías, que es demasiado lento, demasiado laxo, demasiado tosco, para las ansiedades del capital financiero. El tiempo de producción, aunque sea el tiempo exprimido del just in time (JIT), no es suficientemente contraído para las urgencias de la rentabilidad financiera propia de un broker o de un trader que opera intradía en el mercado de capitales. O por el contrario, el capital se cede a cambio de toda una vida de trabajo, en el contrato de hipoteca, donde se extrae de treinta años de trabajo un segundo firmado de hipoteca ante el notario. En la misma medida, el capital inversor cede su capital al capital productor (industrial o comercial) independientemente de la rentabilidad de este último. No se pone en juego la rentabilidad de inversión productiva, sino las garantías de solvencia patrimonial del prestatario.

De modo que se produce una asimilación del capital financiero respecto a todo proceso de producción, pero al margen de su productividad. En realidad el capital financiero es el espíritu que posee el cuerpo del capital productor. Se produce un fenómeno económico de posesión espiritual. El capital industrial (del centro productivo) y el capital comercial, quedan poseídos por el espíritu del capital financiero. De la plusvalía sobre el trabajo de la producción, se pasa a la plusvalía sobre la financiación de actividad productora. Es una nueva plusvalía que surge al margen de si se da o no, la plusvalía extraída del trabajo. En este sentido, el capitalismo en nuestros días, ya no es un sistema económico que represente el modo de producción fundado sobre la plusvalía. Sino que es un sistema donde el capital se auto-regenera mediante la creación de capital monetario, ya sea través del mecanismo del préstamo o a través del mecanismo de la titularización de esos préstamos-deuda, como si fueran activos financieros. Es fundamentalmente el capitalismo visto desde el lado de la operativa bancaria (sea de banca comercial o de banca de inversión). La deuda como acontecimiento fundamental, alrededor del cual gira todo el proceso económico. La deuda sustituye a la producción como acto fundamental de la actividad económica.

Cuando hablamos de la plusvalía desde la perspectiva de Marx, estamos pensando dentro del marco conceptual de la « necesidad » que viene satisfecha por toda acción de producción o del trabajo. La necesdiad está implícita en el par conceptual «plusvalía-trabajo». Pero la nueva plusvalía, del capital financiero, elimina o deniega la «necesidad» y se constituye alrededor del «deseo» o de la satisfacción sin mediación del trabajo. El préstamo es una concesión y una cesión de capital sin previo esfuerzo de producción o de trabajo. Se antecede lo deseable a lo necesitable. Entiéndase aquí por lo necestiable, aquella acción de producción necesaria para que se vea satisfecha la necesidad. La carencia como motor del deseo queda olvidada o eliminada y sutituida por el goce. El goce lo proporciona el mecanismo del capital-a-préstamo. Por otro lado, lo deseable se independiza o se vuelve autónomo respecto al sujeto del deseo. Es el deseo enérgetico el que posee a cualquiera que sea el sujeto. Lo que fluye como el crédito es el mismo desear como acontecimiento verbal en modo infinitivo. Lo deseable ya no se define en función del sujeto deseante sino del objeto deseado.

Bajo la teoría marxista, la plusvalía es el concepto en torno al que la infraestructura se constituye, al mismo tiempoque subyace respecto a la estructura de lo necesario. Pero en el capitalismo financiero, la plusvalía del capital a préstamo se reconoce como de previo, a cualquier infraestructura posterior. Y es el deseo o «lo deseable» alrededor de lo cual se constituye la estructura de la economía financiera. Entonces, en esta economía, lo ideológico asociado a la arcaica necesidad queda denegada, forcluída, por sustitución de lo deseable en cuanto estructura de financiación. El campo económico de lo real es ya, una estructura de financiación cuyo diferencial o motor es el precio del dinero medido por la tasa de interés.

En lugar de la dualidad marxista, entre lo ideológico y lo económico-productivo, podemos establecer dentro del nuevo marco conciencial económico : la dualidad entre el concepto de deuda-préstamo y el concepto de deuda-activo financiero. La deuda es el acontecimiento nuclear que puede ser analizado bajo dos formas : una estructura del capital-a-préstamo y una infraestructura del préstamo-como-activo financiero. Estas dos, estructura e infraestructura, son los dos modos de pensar lo económico desde la perspectiva del deseo como antecedente que se coloca como presente conceptual en el pensamiento. Esta perspectiva invierte la temporalidad del proceso económico basado en el ahorro y la producción. No hay aquí, un origen que recapitule o acumule la riqueza obtenida de la producción ahorrada desde el pasado hasta el presente. Un ahorro que luego será re-invertido en el futuro para cerrar el círculo de económico del marxismo. Está claro ahora, que el capital ahorro no es el cierre categórico del círculo productivo, sino que es el capital-a-préstamo el que abre el círculo, desplegando el proceso de la producción marxista y convirtiéndolo en una línea plana que por un extremo encuentra al capital-que-presta y por la otra al capital-que-recibe el préstamo.

En un futuro, no sabemos si se producirá plusvalía por el trabajo y cuota de ganancia necesaria para devolver la deuda. En este desplegamiento del círculo cerrado en una línea recta, se muestra la deuda como proceso infinito solo devuelta en un límite que tiende al infinito. De ahí, los procesos cada vez más frecuentes y más abarcantes, de la recapitalización de las empresas mediante la re-financiación o re-estructuración de la deuda. En cierto sentido podemos contraponer a esa vieja Economía política, esta nueva Política económica, que es sin duda también la denominada política monetaria. Esta política monetaria desdobla a la Economía como ciencia del capital financiero. Desdobla a la ciencia económica en otra ciencia que es la que estudiaría la actividad del capital financiero en sus diversas manifestaciones : creación de dinero desde la nada bajo la forma del préstamo bancario o de la emisión de bonos estatales, y en una segunda fase la titularización de esa deuda en los mercados de capitales.

A nuestro juicio, todo indica que el inconsciente de la Economía política se expresa a través de la apropiación de la plusvalía en la producción por parte del capital industrial, pero sin embargo esta situación dista mucho de la lógica del subconsciente en la cual, el capital financiero se instaura a través del acontecimiento fundamental : el capital-a-préstamo. La Política monetaria se constituye a partir de una estructura subconsciente que no se construye alrededor de la noción infraestructural de «plusvalía» sino de una estructural basada en el «crédito». Los enunciados que estaban reprimidos en el incosnciente de la Política Económica, según Marx «los de la plusvalía en la producción», dejan de tener consistencia en la Economía Política del capital-a-préstamo. El crédito o préstamo, como tasa diferencial (tasa de interés), no constituye ninguna infraestructura del insconsciente de producción capitalista, sino que se expone a la luz, manifestada socialmente como subconsciente. Esto supone en un nivel más cotidiano, que el que no está endeudado es estúpido. Y sin crédito no hay actividad libidinal. En el lenguaje de la calle, uno no puede (o podía) desear sino estaba endeudado. Aunque este enunciado económico, que es el principio de toda Política Económica fundada sobre el capital-a-préstamo, se produce a un nivel subconsciente de lo social. Dicho de otro modo, el capital-a-préstamo es el modo en que lo económico permite la manifestación del deseo social bajo la esfera del subconsciente. La misma transpariencia del capital-a-préstamo hace invisible o subconsciente la lógica del capital financiero apropiadora del deseo social. La sociedad del deseo, se expresa solo cuando se deja poseer por la dinámica del préstamo.

El espíritu del capital financiero posee como un alien el cuerpo social del deseo. La sociedad se torna entonces, un cuerpo poseído por el capital financiero. Este el verdadero espacio de representación económica, que funciona ahora como espacio de simulación social denegando la representación económica de la antigua economía de producción. En el capital a préstamo, todo es tan visibile que no hay inconsciente escondido, eso hace del capital financiero una lógica perversa. Todo es tan visible que pasa inadvertido. Es la transparencia de lo real, conviriténdose en lo hiperreal. Todo el mundo conoce que las máquinas económicas, sean empresas, grupos económicos o Estados, funcionan a base de crédito, de deuda infinita e impagable, pero es tan evindente que pasa desapercibido. Y este funcionamiento se comporta bajo la lógica perversa de la hipertranspariencia.


4. El Capital a préstamo y la locura.
No hay más locura encerrada, que en una oficina bancaria. Cuando el sujeto va a firmar una póliza de crédito. La locura se encierra durante momentos en un despacho de una ofician bancaria, para luego dejarla en libertad en medio del campo social. El capital a préstamo, mediado solo por el diferencial del precio del dinero, solo puede expandirse en unas condiciones de liberalismo demente reconducido como costumbre cotidiana. El capital financiero a través del préstamo, deniega la dicotomía entre capital y trabajo. Solo una lógica demente puede ejecutar tal pensamiento. Y hacerlo de un modo cotidiano a un nivel del subconsciete social. El deseo del invíduo solo piensa en gozar del capital prestado, sin reflexionar en el trabajo futuro que tendrá que extraer de la renta para poder devolver el crédito. Se produce una negación del trabajo, del esfuerzo, de aquello reprimido que había tras el inconsciente de la plusvalía en la teoría marxista. El deseo del peticionario del préstamo no se reconoce en la carencia, o en la represión inconsciente, sino que se refleja en el goce sin represión, goce contínuo de un tiempo siempre presente. El Presente del instante, ocupa el espacio económico y el espacio psicológico, a través del acontecimiento del préstamo.

La cuestión principal es cómo producir capital a través del préstamo, O como producir goce a través del préstamo. Esto es lo mismo que producir capital sin ahorro y sin producción. Esto es una locura. Una locura socializada en costumbre. Como rezaba una publicidad bancaria... «hablemos», es decir «todo se puede hablar». Que todo se hablable es decir que no hay nada que pueda ser reprimido. El capital a préstamo hace que el fenómeno de la represión a un nivel económico sea disuelto. No hay nada que pueda ser reprimible, por el capital de financiación. Todo es financiable y todo lo que pertenece a nuestra vivencia puede ser financiado. Nuestra vida se aliena, no ya en el trabajo sino en la financiación. Y esto es la mayor locura, que en su transparencia se hace costumbre cotidiana.

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